Pulsa "Enter" para saltar al contenido

El peligro del juego poli malo y poli bueno. ¿Y después del PP?

Publicado por Vigne  ⎮ Blog del Viejo Topo  ⎮ 1 de diciembre de 2013

Imagen: «Máscara veneciana. Mercadillo Rialto de Venecia».
Tomada de manuelmoramorales.com

Lo que está sucediendo con el gobierno del PP, ¿es lo que más debe preocuparnos?

La indignación social aumenta. El cabreo de la gente se agudiza día a día. Las condiciones de vida de la clase trabajadora se deterioran semana a semana. La política económica del PP nos empobrece en relación inversamente proporcional al enriquecimiento de una minoría social, que controla el escenario político entre bastidores. Determinados principios de la democracia que considerábamos intocables, vemos como se erosionan a pasos de gigante.

Asistimos al desguace paulatino del estado del bienestar, lo que supone un vergel de beneficios para la gran oligarquía capitalista. Pensemos en el suculento negocio que implica la sutil y progresiva privatización del sistema público de salud; pasito a pasito, siguiendo una hoja de ruta preestablecida que apunta a una estrategia de medio y largo alcance, mediante sucesivas medidas encaminadas en la misma dirección. Pensemos cómo detrás del brutal ataque al sistema público de pensiones, se esconde el insaciable instinto depredador del capital financiero: en un futuro, quien aspire a jubilarse y/o quien aspire a jubilarse en condiciones dignas, deberá contratar un fondo privado de pensiones; recordemos que detrás de dichos fondos está el capital financiero (1).

Las dramáticas cifras de desempleo van acompañadas de una reforma laboral que pretende convertirnos en trabajadores asiáticos: lo llaman mejorar la productividad. Las libertades y derechos se recortan, dando lugar a un escenario más propio de una dictadura que de una democracia. Se nos prohíbe, bajo pena de multa y/o de cárcel, difundir imágenes de la policía apaleando manifestantes pacíficos. Se restringe el derecho de manifestación. Quieren limitar todavía más el derecho de huelga…

Todo eso lo sabemos, ¿no es así? Claro que lo sabemos. Lo repetimos a diario, como un mantra en los muros de las lamentaciones ante los que lloramos nuestras desgracias, buscando un imposible consuelo terapéutico: en las redes sociales, en el espacio bloguero y en los foros, con los amigos, en el trabajo, en las reuniones familiares, en la calle…

Sin embargo, todo eso que pone letra al cántico de vuestras (nuestras) lamentaciones, no es lo que más debe preocuparos. ¿Cómo que, lo que está sucediendo, no debe ser lo que más nos preocupe? ¿Habré inhalado alguna sustancia extraña para afirmar tal cosa?

Existe el riesgo (real), de que vuestra (nuestra) rabia, impotencia, indignación, desesperación… acabe provocando que aquello contra lo que deseamos, necesitamos y estamos obligados a rebelarnos, termine consolidándose y se aborte cualquier posibilidad de reconquistar todo cuanto ahora estamos perdiendo. Esto es lo que más debe preocuparnos. Si somos realistas, con una mayoría del PP en el Congreso y con una calle que no acaba de ser tomada masiva, permanente y contundentemente por las masas, difícilmente ahora (corto plazo) existen condiciones para hacer frente a la ofensiva ultraliberal. En este contexto, las movilizaciones son indispensables, pero más que por la eficacia funcional de conseguir frenar las reformas o de intentar derribar al gobierno del PP (objetivo explícito de las movilizaciones), lo son por el efecto de concienciación socialque generan, ya que son un útil instrumento para incrementar la masa crítica, combatir la anti-política y ayudar a difundir la perspectiva crítica sobre lo qué está pasando y por qué (objetivo implícito). En este sentido, las movilizaciones ayudan a una necesaria e imprescindible pedagogía social para comprender la realidad. Por ello, en el escenario político-social actual, son un vehículo para generar una activo reivindicativo y critico que pudiera resultar decisivo más tarde en el medio plazo (léase dentro de dos años, en las próximas elecciones).

Quizás a muchos no les guste lo que estoy diciendo o les desanime, pero es bueno que tengamos los pies en el suelo. Si actuamos meramente en función del objetivo explícito mencionado, corremos el riesgo de que las movilizaciones se conviertan en un boomerang. Tengamos en cuenta que debido a la imposibilidad de lograr dicho objetivo explícito, se podría activar una dinámica social generadora de un sentimiento de frustración, cansancio e impotencia colectiva, que a su vez podría dar lugar a la inacción. No alcanzar aquello que uno dice proponerse y en lo que centra sus energías, acaba pasando factura. Por el contrario, poner el énfasis en el objetivo implícito, no sólo nos vacuna del riesgo anterior, sino que favorecería una reacción en cadena positiva.

Si utilizamos la metáfora de un tsunami que azota un territorio, podríamos decir que sería una ilusión pensar que podemos parar la ola provocada por el maremoto. El problema, cuya solución sí está en nuestras manos, es cómo reconstruir y rehacer lo que la ola destructiva haya provocado, una vez haya pasado. Traducida la metáfora a términos políticos, el problema es el post-PP dentro de dos años. En otras palabras, dado que resulta inverosímil que el PP obtenga una mayoría absoluta en las próximas elecciones, la pregunta clave que debemos hacernos es «¿y después del PP?» Es más importante preocuparnos por aquello que tiene solución, que por lo que no la tiene.

Mi perspectiva huye del cortoplacismo. Es el escenario que se abrirá al final de la legislatura de Rajoy, el que nos puede permitir lanzar una contraofensiva social desde la izquierda. Ahí es donde nos vamos a jugar realmente todo.  Y ahí es donde nos vamos a encontrar, una vez más, con un juego político monitorizado por el poder económico que pudiera regenerar nuevamente el bucle bipartidista «PPSOE». No es casual que El País de hoy, en la noticia de la encuesta de intención de voto, polarice las posibilidades de un futuro gobierno post Rajoy a partir exclusivamente del PP o del PSOE.

El peligroso juego del «poli malo versus poli bueno»

Todos conocemos en qué consiste la metáfora. El poli malo nos acaba dando tanto miedo y provocando tal terror, que finalmente nos entregamos en los brazos del poli bueno, que se presenta como amigo y como alguien que desea ayudarnos. Al final, olvidamos que ambos juegan a lo mismo y que su propósito es obtener nuestra resignación, claudicación y aceptación de sus exigencias.

Tal es el riesgo que corremos en las próximas elecciones. Ya lo hemos vivido anteriormente y sabemos que la amnesia colectiva provoca estragos. Decía Juan Carlos Monedero recientemente, en un excelente artículo titulado «Siempre que el PSOE se hunde nace una Nueva Izquierda»:

Invariable. Con la precisión de un reloj suizo hecho en China. Con escrupulosa exactitud. No falla (aunque sea barato).  Basta la marca. Lo decía Galbraith: la memoria de los timos piramidales dura una generación. Aquí, con tan poca memoria para la historia democrática, olvidamos también más deprisa.

El terror provocado por el poli malo (Aznar) nos hizo caer en los brazos del poli bueno(Zapatero). El terror que ahora genera Rajoy, puede inducir a un electorado desesperado a volver a caer en el regazo de otro poli bueno, que se presentará como un renovador, como alguien que aprendió de los errores del pasado y que nos ofrecerá un paquete de apetitosos caramelos en forma de promesas electorales. La amnesia política se encargará de que olvidemos que también es un poli.

Somos muchos los que insistimos en que el PP y el PSOE son el lado duro y el lado blando del neoliberalismo. Lo decíamos en una entrada reciente en este blog («La renovación del PSOE y el símil PP-PSOE. 1ªparte: gatopardismo, neoliberalismo y bipartidismo»), en la que reproducíamos un fragmento de un artículo de Vicenç Navarro que precisamente incidía en el carácter neoliberal del PSOE, en aquello que es más importante y condiciona todo lo demás (la economía). En su artículo sobre el neoliberalismo en España, a propósito de las memorias de Solbes, decía Navarro comentando la responsabilidad de la socialdemocracia en la construcción neoliberal de Europa:

Una situación idéntica ocurre en España con Pedro Solbes, el cual fue el guardián de la ortodoxia ultraliberal cuando fue Comisario de Asuntos Económicos en la Unión Europea, uno de los cargos más influyentes en el establishment financiero y económico europeo. Durante su mandato promovió cada una de las políticas que, al otro lado del Atlántico, promovió Greenspan.(…) 

Por ello, el mismo autor, subrayaba en el mismo artículo:

En realidad, España se convirtió en el “modelo” que otros países tenían que seguir. (…) En realidad, las políticas de Pedro Solbes, y más tarde de Elena Salgado, establecieron las bases para el pleno desarrollo de las políticas ultraliberales llevadas a cabo por el gobierno Rajoy. Así lo reconoce y lo aplaude Solbes en su entrevista a El País de este pasado domingo (17.11.13) cuando apoya las políticas públicas del gobierno Rajoy.

Pero enfatizar estas cosas, no parece ser suficiente. El PSOE sabe jugar sus cartas:

1º) Cuenta con el apoyo incondicional (casi militante en estos momentos) del grupo PRISA (El País y la SER), pero también de otros medios importantes cuyo apoyo quizás sea más sutil pero no por ello menos eficaz. Pensemos que la socialización política, y por extensión, la visión dominante de la realidad, en buena parte es producto de los grandes medios de comunicación, agentes primarios de tal socialización.

2º) La desesperación provocada por el poli malo, combinada con esa amnesia a la que hace alusión Monedero, juega a favor del PSOE. Además, esta mezcla de desesperación y amnesia, será aderezada una vez más por la apelación al «voto útil», elemento discursivo del PSOE que siempre le da buenos réditos en las elecciones. Le funciona, entre otras cosas, porque sus medios afines se encargan de bombardearnos con dicho mensaje. Se pretende hacer creer a los ciudadanos de la validez de un axioma que en realidad es falso«o la derecha cavernaria o nosotros, no hay más alternativas». En realidad, la existencia del bipartidismo se basa en buena parte en dicha falacia política, proyección y consecuencia del juego poli malo / poli bueno.
Muchos votantes señalan que tanto el PP como el PSOE son «malos», pero piensan que uno es mucho más «malo» que otro y que el menos «malo» hizo sus cosas «buenas». Y es verdad, pero no existe nada tan nefasto como caer en la trampa de que lo mejor es votar al menos «malo», es decir, al poli bueno. El sistema de dominación funciona precisamente por eso.

3º) Por desgracia, resulta más fácil convencer a la mayoría de la gente con promesas electorales que hacer ver la participación del PSOE en la estrategia neoliberal. Lo segundo es más abstracto que lo primero y, por tanto, más difícil de entender para una buena parte de los ciudadanos. A esto hay que sumar que el PSOE es un mago del gatopardismo: Zapatero ganó enterrando (aparentando enterrar) el lastre que suponía Felipe González. El que venga hará lo mismo con Zapatero. Es el discurso «nos hemos renovado, hemos hecho un cambio». Como decía  Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su novela El gatopardo«si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

¿Qué pasaría con un gobierno del PSOE?

Teniendo en cuenta que el PSOE, igual que el resto de los partidos de la Internacional Socialista en Europa, está comprometido con la arquitectura neoliberal sobre la que se levantó la UE, resulta poco creíble que un gobierno pesoista fuese a reconquistar todo lo que la clase trabajadora está perdiendo ahora. El pacto PP-PSOE durante el mandato de ZP, para reformar la Constitución (de forma más que cuestionable desde el punto de vista de la legalidad), lo que nos recordaba Vicenç Navarro y que antes mencionábamos, el hecho de que fuese ZP quien iniciase el rescate a la banca (continuado luego por Rajoy), etc., son aspectos que dejan fuera de dudas el hecho de que PP y el PSOE reman en la misma dirección en política económica. Algo tan necesario como es el debate sobre un posible abandono del euro, por poner un ejemplo, provoca urticaria política en el PSOE. No hablemos ya del también necesario debate sobre el pago de la deuda

Obviamente, un hipotético gobierno del PSOE daría marcha atrás en algunas medidas radicales que ahora ha tomado el PP. Es preciso convencer a los ciudadanos de que algo se cambia. Pero en lo sustancial, la inercia desencadenada por el gobierno de Rajoy (que a su vez viene de la inercia del gobierno de ZP, y ésta a su vez de la del gobierno de Aznar), se mantendría. Escucharíamos argumentos como:

  • Queremos cambiar esto o lo otro, pero ahora no se puede, pero lo cambiaremos en cuanto sea posible.
  • La situación provocada por el anterior gobierno hace que ahora tengamos que cargar con esto o lo otro (ya se sabe, el juego infernal de echarse la culpa uno a otro).

En resumidas cuentas, muchas de las medidas que ahora toma el gobierno de Rajoy, se consolidarían con un hipotético gobierno del PSOE. El PP da tres pasos al frente, el PSOE retrocede uno y consolida la posición de avance del neoliberalismo. Pongamos un ejemplo concreto: el tema de las pensiones. Desde el momento en que PP y PSOE comparten los mismos criterios sobre cuáles son los fundamentos en los que debe basarse el sistema público (exclusivamente a partir de las cotizaciones de la población activa), a partir de ahí la transformación hacia un sistema netamente privado de pensiones es cuestión de tiempo. Apenas es un ejemplo.

La socialdemocracia orgánica europea rema en la misma dirección que la derecha europea. ¿Sería viable un acuerdo PP-PSOE para gobernar?

Desgraciadamente, es un tema del que la mayor parte del electorado no se da cuenta. Hice alusión antes al caso español. Que Bono, recientemente, haya dicho que prefiere entenderse para las cosas importantes (léase economía) con el PP antes de hacerlo con IU, no es una extravagancia de un político que en su día estuvo a punto de ser candidato a la presidencia del gobierno (si ZP fue presidente y no lo fue Bono, en buena parte fue obra de la excelente fontanería de Pepe Blanco). Bono, en realidad, expresó en voz alta lo que toda la nomenclatura del PSOE piensa, aunque publicamente no lo digan.

No es casual que los publicistas orgánicos del PSOE estos días, en los foros de algunos medios como El País, alaben el pacto CDU-SPD en Alemania. Lo presentan incluso como un pacto ejemplar a imitar y como una muestra de lo que llaman responsabilidad política.

Si nos atenemos a los hechos, la socialdemocracia europea se muestra más cómoda entendiéndose con la derecha que con la izquierda. Pondré tres ejemplos:

A) Caso alemán. Decíamos en la entrada del blog «Alemania, elecciones 22 de septiembre 2013. Hacia el III… mandato de Angela Merkel», comentando el papel del candidato socialdemócrata como anterior ejecutor de políticas neoliberales, formando parte del primer gobierno de Merkel:

Cuando en 2005, el SPD y la CDU formaron la gran coalición de gobierno que pasó a liderar la derechista Angela Merkel, Peer Steinbrück se hizo cargo de la cartera ministerial de Finanzas en aquel gobierno.  Poco después de tomar posesión, Steinbrück anunció un agresivo plan de privatizaciones, que suponía la despatrimonialización del estado al ponerse en venta activos por valor de más de 50.000 millones de euros. Dentro de este plan de privatizaciones, Peer Steinbrück anunció un proyecto para privatizar la Deutsche Bahn (DB), la empresa federal alemana de ferrocarriles

No sólo es una cuestión del pasado. Actualmente, SPD y CDU forman una gran coalición de gobierno, convertida en paradigma de lo que estoy diciendo.

B) El caso griego. El PASOK decidió dar su apoyo a Nueva Democracia para que formase gobierno, obstaculizando la posibilidad de un pacto con la izquierda de Syriza. Para quien no conozca lo que implica Nueva Democracia en Grecia, hemos de recordar que es un partido conservador incluso más salvajemente radical que el PP.

C) El caso holandés. Socialdemócratas y conservadores han consensuado el rumbo político que oficialmente sentencia a muerte al estado del bienestar. Consenso que se hizo llegar a los ciudadanos a través del célebre mensaje del nuevo rey Guillermo Alejandro, en el que se decía que había que olvidarse definitivamente del estado del bienestar y pensar en un nuevo modelo (que eufemísticamente lo denominan «democracia participativa»).

Son meros ejemplos. ¿Sería viable en España un acuerdo PP-PSOE? Respondo acorde con mi condición de gallego, con otra pregunta: ¿alguien lo duda? ¿Será que no estuvieron de acuerdo en el rescate a la banca, en la reforma de la Constitución, en el retraso de la edad de jubilación, en flexibilizar el mercado de trabajo y abaratamiento del despido, en la amnistía fiscal a los grandes defraudadores, etc., etc., etc.?

No es casual que Felipe González, en una reciente entrevista en la SER, viniese a coincidir con Rosell (presidente de la patronal CEOE) y con el ministro de economía, Guindos, al subrayar la necesidad de vincular salarios a productividad (?) y a retrasar todavía más la edad de jubilación. Igual que Bono, dijo en voz alta lo que la nomenclatura del PSOE piensa.

¿Y después del PP? Ese es el mayor problema.

Por todo esto, sostengo que la principal preocupación para la izquierda y la clase trabajadora, debiera ser no el destrozo que ahora se lleva a cabo (difícil de parar, insisto, por muy traumático que resulte reconocerlo). El principal problema debe ser lo que vendrá después del gobierno de Rajoy. Dentro de dos años nos encontraremos ante la orilla de un Rubicón y habrá que tomar una trascendente decisión. Pueden ocurrir dos cosas:

A) La clase trabajadora vuelve a dar varios millones de votos al PSOE, lo que conduciría a la consolidación de una buena parte de las medidas que ahora toma el gobierno del PP.

B) Cruzar el Rubicón y marchar sobre la Roma del capital con un frente amplio de izquierdas, con un nuevo frente popular que agrupe a las izquierdas y movimientos sociales, descartando que el PSOE sea hoy por hoy un partido de izquierdas (ver «¿Es un partido de izquierdas el PSOE?»). Izquierda Unida representa la matriz de ese frente popular de izquierdas. Es el camino a seguir y la estrategia para cruzar ese Rubicón y marchar unidos en defensa de los intereses de clase de los trabajadores y contra los intereses de clase del capital.

Dentro de dos años, la clase trabajadora se jugará mucho más de lo que pensamos. Pocas veces nos encontraremos ante una cita electoral tan decisiva para nuestro futuro y el de nuestros hijos. Todavía estamos a tiempo de invertir el rumbo. Pero primero, debemos quemar el caballo de troya que el sistema ha introducido en la izquierda, derribar el muro de contención contra el avance de la izquierda real; caballo y muro que no son otra cosa que el PSOE.

 

Notas:

(1)  Como nos indica nuestro compañero, una parte de esos fondos se invierten en bolsa y por tanto su valor puede subir o bajar; es decir, es un producto de riesgo financiero incluso cuando se trata de valores bursátiles aparentemente seguros. Cuando el desastre ecológico provocado por BP en el Golfo de México, a causa de las indemnizaciones que la compañía tuvo que afrontar, las pensiones vinculadas al fondo que había invertido en la misma, sufrieron un significativo recorte. Por otra parte, con esos fondos de pensiones se especula, contribuyendo a la desestabilización económica de muchos países.

Fuente:  http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/12/el-peligro-del-juego-poli-malo-y-poli.html

Sé el Primero en Comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *