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¿Podemos?

DIEGO FARPÓN⎮LQSOMOS⎮febrero 2014

Me pregunto si podemos: ¿podemos? Pero la pregunta, así planteada, se queda corta, extremadamente corta: podemos… ¿qué? ¿qué es lo que podemos?

La irrupción de Pablo Iglesias ha sido un pequeño terremoto dentro de parte de la izquierda española. Dudo mucho de que haya sido un gran terremoto, porque es habitual que, rodeados solamente por nuestra realidad perdamos la perspectiva y, creyéndonos el centro del universo no seamos más que una pequeña, insignificante y lejana estrella. El mundo, nuestra clase, es mucho más que aquello que hay en nuestros pequeños círculos. Pero es cierto, más allá de su magnitud nos encontramos ante un terremoto.

El… ¿proyecto?.. No. ¿Alguien se atreve a calificarlo de proyecto? La candidatura de Podemos ha significado varias cosas:

En primer lugar la incapacidad de Izquierda Unida para representar a toda la izquierda, más allá de los grupos bolcheviques y autodenominados marxistas-leninistas. Una izquierda “guay”, como en su día el Bloco en Portugal, puede hacerse realidad en España. No obstante, era evidente, y no era necesario que surgiera Podemos para que fuésemos conscientes de esta realidad.

En segundo lugar muestra algo que, más o menos, todos/as hemos situado algunas veces: son fundamentales los medios de comunicación, y, en la medida en que sea posible, es necesario que construyamos los nuestros propios. Dos ejemplos recientes: lo ha demostrado ahora Pablo Iglesias y lo demostró en su día Javier Parra aglutinando una fracción alrededor de un medio de comunicación –y, en ambos casos, también, mediante la construcción de la figura de un líder supremo e incuestionable-. El impulso de Pablo Iglesias no hubiera sido posible sin los medios de comunicación.

En tercer lugar, la candidatura de Pablo Iglesias muestra algo que, también, algunos/as hemos situado reiteradamente, mejor o peor, desde hace algunos años: vivimos un momento de crisis sistémica, de crisis estructural –o, en términos clásicos, crisis general- del capitalismo. Esta crisis, en la medida en que la infraestructura –la economía, para entendernos- es incapaz de superarla por sí misma tiene consecuencias en la superestructura y, así, lo que entra en quiebra es el sistema de dominación burgués en su conjunto. Y parte de ese conjunto son los valores burgueses. En la medida en que la dominación ideológica de la burguesía entra en crisis se quiebran las creencias establecidas y pueden surgir nuevos proyectos, como Podemos –junto, evidentemente, a otros elementos, tales como el trabajo y el reconocimiento y aceptación de proyectos políticos ya establecidos-. Que Podemos es fruto de un momento histórico concreto y que no hubiera sido posible en los últimos veinticinco años es un hecho que nadie puede negar.

En cuarto lugar muestra, una vez más, lo acertado del análisis marxista de la realidad: los líderes –porque Pablo Iglesias no es un dirigente, es un líder- surgen fruto de una necesidad histórica: hubo muchos Lenin en el siglo XVIII y XIX rusos y los hubo desde los años treinta del siglo XX y los hay en el siglo XXI, y hoy hay, en España, nuevos Bullejos, pero no pueden surgir y dirigir un proyecto revolucionario porque no tienen las estructuras necesarias y no viven el momento histórico adecuado.

En quinto lugar evidencia las diferencias entre una izquierda moderna, propia del siglo XXI, y las estructuras y formas de comunicación de las organizaciones ya existentes que se corresponden al siglo XX. Que construir un proyecto revolucionario pasa por la capacidad de la clase trabajadora de disputar la hegemonía a la burguesía y construir unos nuevos valores y creencias es un hecho. Que hoy es fundamental la comunicación en el proceso de la disputa de la hegemonía y las octavillas –algo, por otro lado, necesario y que no debe perderse- son cada vez más el reflejo de un tiempo pasado, considero, es otro hecho incuestionable. No obstante, y tal y como señalo, es fundamental acudir a los polígonos industriales, allí donde está la masa, para que la organización se encuentre con ella, dialoguen y aprendan mutuamente –clase y organización-. Ese contacto con la clase no lo puede sustituir ningún medio de comunicación, pero la masa, en sentido amplio, es más accesible mediante modernos medios de comunicación que mediante el reparto de octavilla a octavilla.

En sexto lugar muestra la incapacidad de las cúpulas de las organizaciones de la izquierda y/o en lo concreto de Izquierda Unida para adaptarse a los nuevos tiempos. La organización –toda organización social, no sólo la organización política- se convierte en un ente orgánico que necesita sobrevivir. En ese sentido, Izquierda Unida no podía y no puede refundirse más que para seguir siendo Izquierda Unida, lo contrario sería un acontecimiento que sólo en una organización realmente democrática, en la que las bases tienen poder real y efectivo y por lo tanto las cúpulas y la organización se construyen de forma dinámica y de manera constante sería posible. Es, por lo tanto, ilusorio plantear que Podemos puede servir para que Izquierda Unida, o cualquier otra opción política se plantee un cambio. Sólo desde dentro pueden cambiarse las organizaciones, y aún a condición de que se den una serie de condiciones nada fáciles.

En séptimo lugar vuelve a plantear el complejo de inferioridad de las distintas organizaciones de la izquierda española, que no toleran ver que surja ningún otro proyecto de izquierdas. Todo/a aquel/lla que se organiza en torno a un proyecto de izquierdas fuera de tu organización es un/a traidor/a. Y cuando no cabe la acusación de traición entonces aparece la acusación de oportunista. Al fin y al cabo, ante el surgimiento de Podemos unos reaccionan con simpatía –porque ven en la nueva organización elementos que querrían en la suya- pero la mayoría reacciona, como los hooligans, como defensores de su organización porque es la única válida, porque es la elegida –sí, como los hooligans o como los/as miembros de una secta, cualquiera de los dos ejemplos sirve-.

No sé cuántos votos puede sacar Podemos. Creo que nos equivocamos al plantearlo, una vez más, de forma electoral, a cuántos eurodiputados puede sacar esta o aquella organización, la cuestión es: ¿qué podemos hacer por la revolución? ¿qué aporta Podemos a la revolución?

¿Podemos nos acerca a la revolución? ¿organiza y estructura a la clase trabajadora? La respuesta es evidente: va a ser incapaz de hacerlo. Podemos surge con un líder, es parte de la estrategia de Izquierda Anticapitalista, y no responde, por lo tanto, a una necesidad de la clase trabajadora que, habiendo adquirido conciencia, transforme el espontaneísmo y el instinto de clase en organización. Con las bases de las que surge Podemos no se puede construir un proyecto desde –y para, habría que añadir- la clase trabajadora.

Que Izquierda Unida y el PCE –con sus miles de defectos cada organización- son los aglutinadores de la clase trabajadora española con un mínimo de conciencia es un hecho. Por eso ese y no otro es el lugar de los marxistas y leninistas, porque no se puede abandonar a lo mínimamente organizado y consciente de la clase. Bajo esta perspectiva Podemos fracciona una unidad ya de por sí débil y, por lo tanto, actúa de forma contrarrevolucionaria: confunde a la clase trabajadora y no supone ningún avance cualitativo en términos revolucionarios.

Eclipsados por el fenómeno griego muchos/as plantearon una Syriza española. Esta realidad es, a ese respecto, tajante: no es posible construir una Syriza española. Los modelos no se pueden copiar, la realidad griega es una y la española otra, las bases materiales que propiciaron el surgimiento de Syriza no se dan en España: dos realidades distintas no pueden tener un mismo proyecto, a menos que se quiera condenar el proyecto –en aquel lugar en el que no se corresponde con la necesidad histórica- a la insignificancia. Y, por otro lado, señalar que Izquierda Unida ya es –o ya era- la Syriza española es la incapacidad política para observar que en Grecia Syriza se construye en un marco de retroceso de la dominación burguesa y en un incremento de la respuesta de la clase trabajadora, mientras en España Izquierda Unida fue una respuesta para la resistencia. Nada más antimarxista –y, por lo tanto erróneo- que las comparaciones desde lo abstracto.

En cualquier caso, y con todo, Podemos plantea una nueva realidad concreta y es un hecho sobre el cual no caben reacciones viscerales y que será necesario analizar con detenimiento durante los próximos meses. No por el interés que tengamos en Podemos, sino para conocer cómo reacciona nuestra clase, único sujeto condenado a acabar con el capitalismo y llevar a cabo la revolución social, con –o por encima- de Podemos, de Izquierda Unida y de cualquier otra organización.

Sobre “Podemos”:

– Podemos: una odisea colectiva

– Paella o nada

– Podemos: Pablo Iglesias y Monedero mueven ficha

– Los zombies están muertos… no van a resucitar. La vida no viene de allí

– ¿Por qué Podemos?

– «Podemos». No es oro todo lo que reluce

– Mover ficha es necesario… ¿Quién pone el tablero y los peones?

5 Comments

  1. BRAULIO
    BRAULIO 7 febrero, 2014

    Yo creo que este mensaje merece una respuesta de los que se sienten ilusionados con Podemos.
    No se puede ir poniendo palos en las ruedas. Más bien se debe apoyar la iniciativa, buscar formas de colaboración.
    ¿Esperamos que venga del cielo el cambio? Habrá que movilizar a toda la población, a todo el mundo, en busca de soluciones reales que, definitivamente, echen por tierra la concepción capitalista, neoliberal, del mercadeo de unos pocos aprovechados en que está fundado el sistema caciquil que esta gente maneja.
    No podemos quedar de brazos cruzados esperando que alguien nos saque las castañas del fuego. Somos todos nosotros los que debemos movernos, organizarnos, movilizarnos, mostrar toda la indignación y la rabia por cómo se viene tratando desde siempre a las mayorías.
    No podemos seguir consintiendo que unas minorías oportunistas e inmorales se perpetúen en el atraco tan brutal que ejercen sobre los demás: acaparando el poder, la economía, los recursos de todos y manejándolos a su exclusivo beneficio.
    Ningún grupo político, de los tradicionales, había atraído hasta ahora tanta atención, entusiasmo e ilusión en la gente. Solo el movimiento 15M fue capaz de levantar un fervor semejante, pero no había una cabeza visible que organizara de forma adecuada ese empuje.
    Si sumamos, Podemos!!!

  2. alakrantxia
    alakrantxia 7 febrero, 2014

    A mí PODEMOS me parece muy ilusionante e imprescindible.
    Y además si esto no cuaja no habrá una alternativa hasta … ¿ siempre ?
    Como militante internacionalista englobado en el independentismo vasco mando un mensaje de apoyo y de ánimo a la sociedad española que no está dispuesta a vivir el resto de sus días aguantando tanta inhumanidad de la clase política dominante y del poder financiero que la maneja.

    Espero que tengamos la oportunidad de compartir muchos espacios de lucha pues el enemigo es común.

  3. Indignado
    Indignado 7 febrero, 2014

    En lo que se refiere a «sin los medios de comunicación» yo veo un troyano, ¿que pasa? ¿que solo tienen legitima comunicativa mass media los que la manejan a su antojo? Pues de legitima nada, ha sido un robo de los poderosos para crear una falsa realidad. Quien se iba a imaginar que de un programa lleno de fachas saliera una persona que una a la izquierda, lo dicho para mi ha sido un Caballo de Trolla, ¡toma!
    El tercer lugar todo ha cambiado gracias al 15-M y así la calle a despertado el debate y de él el lenguaje que señala los eufemismos del régimen, y la pregunta ¿que es la democracia? Y el darnos cuenta que no vivimos en una y el que nazca un DEMOCRACIA REAL YA. Todo esto ha llevado el debate político de la calle por los ciudadanos al parlamento por los políticos que han escuchado.
    ¿Revolución? ¿Que revolución? ¿la que a ti te interesa?
    Si hay algo que nos hace únicos es la responsabilidad civil de los ciudadanos españoles, y sí queremos una revolución, pero la queremos pacifica, y Podemos es el pueblo que se pone en marcha para cambiar las cosas, cosas que la izquierda institucional no ha querido cambiar. Solo cuando tuvo comienzo el hablar de política en el Agora la plaza, la calle, solo cuando la ciudadanía hablo, solo cuando la ciudadanía grito, solo desde ese primer instante es cuando la izquierda de la poltrona reacciono. Solo desde ese instante los medios de comunicación reaccionaron, solo desde ese instante los falsi media se interesaron por lo verdaderos problemas de los ciudadanos.
    Solo veo en tu artículo una forma de parar lo imparable, porque planteas explicando con puntos, que TENEMOS QUE ESPERAR, ¿esperar a qué?
    Dices que «la cuestión es: «¿qué podemos hacer por la revolución? ¿qué aporta Podemos a la revolución?»
    ¿De verdad que es esa «la cuestión»?, ¿»por la revolución»?, como si la revolución fuera una bandera, o un símbolo dogmático al que seguir. NO, la revolución es consecuencia, es un hecho, y como hecho se puede llevar a cabo de diferentes formas, y los ciudadanos no queremos perder las formas, queremos un cambio, pero no queremos entrar al trapo de la violencia, porque no somos violentos, los violentos son «ellos», y la ciudadanía ha demostrado tener más de dos dedos de frente, ante los ataques y saqueos llevados a cabo por los que se apoderaron del país, primero con un golpe de Estado con guerra civil como consecuencia, y segundo con una transición fraudolenta y traicionera, consumada por la misma oligarquía y por una izquierda representado por unos traidores y falsos demócratas, que han dado continuidad al régimen franquista pero de vestida con disfraz de «demócratas». Y es a eso a lo que queremos y PODEMOS poner Fin.
    Por todo ello estoy en desacuerdo y en contra de lo pones detrás de lo que titulas como ¿PODEMOS? DIEGO FARPÓN.

  4. Manuel Harto
    Manuel Harto 8 febrero, 2014

    Otro más. ¡Cuánto genio hay en este país!. ¿Cómo pretender avanzar si antes de que empiece a concretarse una iniciativa ya la lapidamos?.
    «Que Izquierda Unida y el PCE –con sus miles de defectos cada organización- son los aglutinadores de la clase trabajadora española con un mínimo de conciencia es un hecho», dice, y yo me pregunto ¿y a qué esperan? ¿al mesías?.
    «Bajo esta perspectiva Podemos fracciona una unidad ya de por sí débil y, por lo tanto, actúa de forma contrarrevolucionaria: confunde a la clase trabajadora y no supone ningún avance cualitativo en términos revolucionarios» y vuelvo a preguntarme ¿y tú, que estás haciendo con artículos como éste?.
    Ante la pasividad de los clásicos ¿no merece una oportunidad un proyecto abierto a todos y que parece ser bien acogido?.
    No soporto tanta «sapiencia». Este señor sabe distinguir sin dudar un ápice quién es sólo lider y quién es dirigente. Yo no soy tan sabio. Quizá por eso aún conservo algo de fe.

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