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Jordi Pérez Colomé: El periodismo digital es mejor

Jordi Pérez Colomé⎮Jot Down⎮febrero 2014

Redacción del Toronto Star alrededor de 1964 (DP).

Redacción del Toronto Star alrededor de 1964 (DP).

La teoría era sencilla: el periodismo digital es el periodismo de siempre en internet. Los medios tradicionales hacen ese periodismo de siempre. Un grupo de periodistas escogen y empaquetan cien cápsulas de información cada día ordenadas por importancia y su empresa las vende en papel: es la actualidad, lo que hay que saber. El periodismo digital hacía eso con dos diferencias: más rápido y sin papel.

Este periodismo hecho así es imprescindible para salvar la democracia. También es el guardián de nuestras libertades. Pero el periodismo es solo contar qué ocurre. Quizá los ciudadanos necesitan menos abalorios: con saber —¡y entender!— qué pasa es suficiente. Varios movimientos empresariales —creación o ampliación de medios digitales y fichajes de periodistas— en las últimas semanas en Estados Unidos marcan un camino que puede llevar a un periodismo distinto. Aquí lo cuento en ocho puntos:

1. Las noticias están sobrevaloradas. Las noticias tienen dos problemas. Primero, «la obligación de la novedad», según lo ha llamado el célebre blogger de veintinueve años Ezra Klein. ¿Por qué es tan importante lo que pasó ayer? Si alguien llega tarde a una información compleja, la estricta novedad no le informa. ¿Qué importa qué dice un político si no sabemos quién puede tener más razón sobre el mercado laboral o las balanzas fiscales? La noticia solo ayuda a saber lo último que ha pasado, no lo que ocurre. Para los periodistas es más fácil contar lo último; si el lector no comprende el contexto, que se apañe.

Segundo, la importancia de las noticias en el mundo de las redes sociales es ridícula. Hace un par de años, decir que Twitter —o Facebook, o Instagram, o Menéame— servía para lo mismo que un periódico era original. Ahora empieza a ser un tópico. El problema de los medios tradicionales es que en esa batalla pierden. Así lo describen aquí:

El feed [pantalla principal] de Facebook es quizá el espejo más sofisticado del mundo de las preferencias de los lectores —y está bastante claro que las noticias no son una de ellas.

Aquí hay otra versión:

Las historias que uno comparte con sus amigos no coinciden perfectamente con las que producen las viejas organizaciones informativas.

Las noticias no abanderan el camino hacia el futuro. Pero hay dos tipos de noticias que aún se imponen: las noticias bomba —un atentado, muere Philip Seymour Hoffman— y las exclusivas. Son cartuchos sueltos. No es necesario un periódico entero de relleno.

Hay algo más valioso que las noticias: la comprensión. Muchos ciudadanos quieren aún saber qué pasa y por qué pasa. Por eso el periodismo resiste, pero hay formatos mejores.

2. El empaquetado tiene menos valor. Si las noticias por sí solas se hunden, ¿quizá el empaquetado de un centenar puede hacer sobrevivir a los periódicos? De nuevo, hay dos problemas. Primero, ¿por qué tengo que pagar por la sosa sección de cultura y los programas de la tele si lo único que quiero es saber cómo va el Real Madrid? El argumento a favor del menú diario era que informar sobre asuntos que interesan poco a todos los ciudadanos es un servicio cívico y público. Pero esta teoría presupone que quien toca un periódico lo lee —y se entera de lo que pone— de cabo a rabo. Hay que dejar de soñar.

Segundo, las marcas peligran. Un periódico, dicen los nostálgicos, es una mirada al mundo, es ofrecer unas gafas al lector. Ahora las gafas —quien las quiera— se las busca. La confianza en las marca se diluye. Ha pasado en todos los sectores: a falta de información, los consumidores se fiaban de las marcas que les habían dado buen servicio. Ahora los consumidores tienen todas las opiniones a mano, ¿por qué dejar que solo un medio controle su percepción de la realidad? Ya no tienen el monopolio de la información.

Si las noticias y los paquetes se agotan, ¿qué pasará? Que las empresas de medios que no sepan adaptarse, desaparecerán. En España hay unas cuantas. Pero ese es otro tema.

3. Del orden por secciones a pensar en métodos. Las famosas secciones también sufren. Los medios digitales que surgen no intentan cubrir toda la información, todas las secciones. Muchos nuevos medios se organizan en modos de tratar la información: datos, vídeos, fragmentos para móviles (Circa), titulares atractivos. El tema importa menos. Las historias mandan —si ocurre en Egipto, si es de deportes o ciencia— y el modo de ofrecerlas ya no debe ser solo el texto.

4. La marca personal también se queda pequeña. Este paso a métodos hace que las nuevas empresas digitales se estructuren más en «verticales»—profundizar en método o tema— en lugar de «horizontales»—abarcar todas las secciones. También es más barato. Hace un par de años se llevaba mucho la marca de los periodistas. Pero casi todos los que pueden ser una dejan de hacer solo piezas para dar paso a medios verticales: Silver, Klein, Pogue, Greenwald. Es una mirada al mundo, menos extensa pero más honda.

La mejor prueba de que su labor era buena es que los medios donde estaban tratan de crear el mismo tipo de oferta con otros nombres. Los medios horizontales en papel crean verticales en web. Al New York Times el truco le puede salir bien. Pero hay pocos medios con la capacidad y agilidad del Times.

5. De las búsquedas a la atención. El periodismo en internet era el hermano tonto del periodismo de siempre. Había que sumar visitas fuera como fuera: valían los culos, valían los vídeos tontos, valían los titulares que acertaran con las palabras que los usuarios iban a poner en Google (el famoso SEO, Search Engine Optimization). El Huffington Post americano acertaba cada año con uno de los más ridículos: «¿A qué hora empieza la Superbowl?». La cuarta «noticia»más buscada en 2013 fue esta también del HuffPost: «Rondas del torneo universitario de baloncesto PARA IMPRIMIR».

El periodismo serio del papel despreciaba estos trucos. Pero el periodismo digital se ha hecho mayor. Las búsquedas de momento se mantienen, pero crece la importancia de compartir en las redes sociales —ya no valen solo los clics. Esta tendencia lleva ahora a una variable que va más allá de las visitas: el tiempo de atención. La web Upworthy ha desarrollado un modo de saber gracias a los movimientos del ratón, de las pestañas abiertas, el tiempo que se dedica a leer una página. Han descubierto que no es lo mismo clics, retuits olikes que atención —que es más valiosa. El periodismo de papel nunca pudo medir algo así. Vivía en el limbo de los que no quieren saber.

6. La extensión es la justa. Las noticias en papel tenían una extensión. En otro nuevo medio web, Quarz, hancomprobado que los textos que funcionan bien deben tener menos de quinientas palabras o más de ochocientas. El motivo es sencillo: lo que no puede decirse en tres o cuatro párrafos necesita de una profundidad que supera las ochocientas palabras. (Este artículo tiene mil quinientas ochenta y cinco palabras).

El problema para los medios es que la mayoría de páginas de periódico tienen esa medida tibia que va de las quinientas a las ochocientas palabras. Hace unos días escribí este detalle en Twitter. Marc Bassets, corresponsal de La Vanguardia en Washington, me mandó esta frase del periodista David Halberstam. Cuando estaba en Varsovia, un comunicado del New York Times, pedía a los corresponsales que escribieran crónicas de seiscientas palabras. Halberstam respondió:

Solo hay dos tipos de historias en el mundo: las que no me preocupan como para escribir seiscientas palabras, y de las que me gustaría escribir muchas más. Pero no hay nada de lo que quiera escribir exactamente seiscientas palabras.

La libertad en la extensión, desde Twitter a las historias de veinte mil palabras, es básica en internet. Los periódicos tienen corsé.

7. Los géneros tiemblan. Soy profesor de géneros periodísticos en un par de universidades de Barcelona. Me gusta la asignatura porque es un modo de aprender a escribir información. Pero este otro corsé del periodismo impreso —el pacato uso del yo, la inútil devoción por la objetividad— es otra cosa del pasado. Los géneros sirven como guía, pero hay que imaginarlos como países sin fronteras.

8. La publicidad será distinta. Internet no solo ha traído novedades para el periodismo. El marketing y la publicidad tienen nuevas maneras de llegar al consumidor. Los medios tienen aún una plataforma extraordinaria, pero cada vez más reducida.

Los clics, decía arriba, son una medida mediocre de medir la atención. Es como quien pasa páginas en un periódico sin apenas mirar el contenido. Esta tendencia perjudica a los banners. Las marcas tradicionales sufren ahora más por su imagen. Los medios pueden ayudar con más que con simples banners. Cada vez hay más maneras de colaborar y de financiar proyectos, no solo en nuevos medios, también en el New York Times y en el Guardian. Hay que empezar a pensar distinto.

Así se vive ya el periodismo en otros países. Los periodistas tienen más opciones que sus antiguas empresas. La oportunidad está para aprovecharla: «Hay una audiencia enorme ahí fuera que quiera consumir información sin ir a una publicación específica cada día, en un momento dado, sino encontrando el periodismo a través de canales que no se controlan pero que se pueden manipular y aprovechar [Google, las redes sociales]», dicen.

Mientras en España los periódicos hablan de piratas en internet. La tasa Google podría servir para pagar los finiquitos de los propietarios de los medios españoles. No el de los periodistas.

 

Fuente:  http://www.jotdown.es/2014/02/jordi-perez-colome-el-periodismo-digital-es-mejor/

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