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Usted está enfermo: padece una vida normal

Analistas sanitarios advierten del peligro de la medicalización de la vida cotidiana, fomentada por la prescripción «innecesaria» de fármacos y la creación de enfermedades «inexistentes» para vender medicamentos.

ANNA FLOTATS Madrid ⎮Público⎮26/03/2014

El consumo de medicamentos contra el colesterol aumentó un 442% entre 2000 y 2010.

El consumo de medicamentos contra el colesterol aumentó un 442% entre 2000 y 2010.

El año que viene la Real Academia de la Lengua Española (RAEincluirá en su diccionario la palabra medicalización: dotar algo de carácter médico. A primera vista, no tiene nada de malo. «El peligro llega cuando medicalizamos los problemas de la vida cotidiana, como la tristeza, la soledad, el desamor, la resaca o la época de exámenes». Así ejemplifica Ana Sánchez, responsable del departamento de alimentación y salud de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los «abusos» de profesionales y empresas en la ciencia médica y la atención sanitaria.

¿Es necesario medicarse?, ¿conocemos los riesgos de los medicamentos que vamos a tomar?, ¿qué pasa si no los tomamos?, ¿cuál es el precio real del fármaco?, ¿qué alternativas tenemos?  Esas son las preguntas que la OCU recomienda que se hagan los consumidores antes de medicarse para «fomentar la autonomía del paciente», señala González.

Entre 2000 y 2007, el consumo de antiinflamatorios aumentó un 27%, el de antiulcerantes un 310%, el de sedantes, un 57% y un 442% el de pastillas para el colesterol, según datos de la OCU. «Cuando se medicaliza la vida, aumentan las muertes. La medicina, en exceso, mata», afirma Juan Gérvas, médico perteneciente al equipo CESCA, asociación sin ánimo de lucro de investigación en atención primaria. De hecho, en Estados Unidos, la tercera causa de muerte es la actividad médica, según la revista Journal of the American Medical Association y en la Unión Europea mueren cada año 179.000 personas debido a los efectos de los medicamentos, según la revistaLancet. «A los que habría que añadir 25.000 fallecidos anuales por la resistencia bacteriana, según datos del European Centre for Desease and Prevention and Control», explica Gérvas a Público.

Carlos Ponte: «Cuánto más ricos somos, más enfermos nos sentimos. Y estar enfermo es un negocio»

Los agentes de la medicalización no son sólo los médicos y la industria farmacéutica,»que promueve enfermedades, manipula los problemas de salud y genera importantes daños mediante prácticas que llevan a engañar a los profesionales y al público», dice la OCU, sino también la propia ciudadanía. Es decir, las personas sanas empiezan a comportarse como enfermas. Y no es de extrañar, teniendo en cuenta que la promoción de los medicamentos ya no se basa en informar sino en vender, y que, como dice el doctor Gérvas, los supermercados empiezan a parecer farmacias «con carteles que anuncian calcio, fibra y omega».

Según Carlos Ponte, fundador del movimiento Nogracias en España y a nivel internacional, el 95% de los anuncios publicitarios sobre medicamentos carece de base científica. Este médico internista y jefe de servicio de cuidados intensivos coincide con el diagnóstico de Gérvas: «Cuántos más recursos tenemos, más enfermos nos sentimos. Y estar enfermo es un negocio».

Precisamente para denunciar la prescripción «innecesaria» de los fármacos y la creación de enfermedades «inexistentes» para promover el uso de los medicamentos, la OCU ha puesto en marcha la campaña Que no medicalicen tu vida, con la que se pretende evitar la «prevención excesiva», las pruebas médicas «innecesarias» y, al mismo tiempo, fomentar la prescripción efectiva de los medicamentos y la transparencia en las relaciones entre la industria farmacéutica y los demás actores implicados en el uso de los medicamentos, explicó este martes la portavoz de la organización, Iliana Izverniceanu.

Juan Gérvas: «Hay que ‘desinvertir’ en todo aquello que no añada salud, aunque lo pida la clase media-alta»

Gérvas insiste en la necesidad de «desinvertir» en todo aquello que no añada salud, «aunque lo pida la clase media-alta», para lograr la equidad en la atención sanitaria. Por ejemplo, considera que se derrocha dinero en pre-operatorios y en determinadas pruebas diagnósticas, como las citologías de cuello de útero. «En España se hacen diez millones de citologías de cuello de útero al año, pero una de cada cinco mujeres diagnosticadas con cáncer de útero no se la había hecho. Eso quiere decir que estamos desviando recursos que ciertas personas necesitan a otras que no los necesitan», asevera el también profesor visitante del Departamento de Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad.

Esta equidad debe ser, precisamente, la base de la atención médica y el gasto farmacéutico porque «el acceso universal a la salud es un derecho», subraya Ponte. Una equidad que conecta, según Gérvas, con el fundamento filosófico de la sanidad: la solidaridad. «La medicalización nos lleva a una prevención sin límites que rompe la equidad y la solidaridad porque con nuestros impuestos debemos pagar operaciones realmente necesarias, no un escáner porque me duele la cabeza «, plantea. «Lo que vale un TAC no es lo que nos gastamos en un TAC sino lo que usted deja de hacer para gastarnos dinero en un TAC», concluye.

Este aumento de los costes lleva a situaciones prácticamente irreversibles. Por ejemplo, «un antivirus de acción directa contra la Hepatatis C cuesta 1.000 dólares diarios en un tratamiento de tres semanas», explica a Público el doctor Ponte. Para lograr la equidad en el acceso a la salud son necesarios, según Gérvas, «gestores profesionales que no estén designados por partidos políticos». Ponte insiste también en la necesidad de romper la creencia de que «todo se cura con pastillas» y recuerda, sin quitar méritos a las bondades de los medicamentos, que «lo que ha hecho aumentar la longevidad no han sido los fármacos, sino la mejora de las condiciones de vida».

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Fuente:  http://www.publico.es/510165/usted-esta-enfermo-padece-una-vida-normal

2 Comments

  1. Charo San Román
    Charo San Román 27 marzo, 2014

    Excelente artículo para reflexionar sobre si queremos ser los GESTORES DE NUESTRA SALUD, o delegar esa RESPONSABILIDAD que nos compete, en quienes, lamentablemente,y en demasiadas ocasiones, se han convertido en meros «firmantes de recetas»

    No los culpo, simplemente, hacen lo que aprendieron en la Facultad de Medicina… y no sienten interés en formarse en otras técnicas TERAPÉUTICAS que han demostrado sobradamente su eficacia durante décadas, o milenios, como sucede con la Medicina Tradicional China, la Medicina Ayurveda en la India… …

    http://www.dsalud.com/

    Y así estamos quienes hemos dejado de ser NEGOCIO PARA LA GRAN FARMAINDUSTRIA Y SUS INNUMERABLES «COMISIONADOS», porque estamos tan INTOXICAD@S con drogas legales, que nuestro organismo ya no admite ni una molécula más de tóxicos y reacciona ante cualquier sustancia con la que entre en contacto, INCLUÍDOS MEDICAMENTOS

    http://elpais.com/elpais/2014/03/24/opinion/1395675097_188396.html

    http://www.lacajadepandora.eu/2014/03/llamada-de-auxilio-de-una-afectada-de-sensibilidad-quimica-multiple/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=llamada-de-auxilio-de-una-afectada-de-sensibilidad-quimica-multiple

    Lamentablemente, el drama de Pilar se repite cotidianamente en mayor o menor grado, en millones de hogares españoles, ante la insensibilidad y pasividad de los gestores sanitarios.

    https://www.change.org/es/peticiones/ministerio-de-sanidad-pol%C3%ADtica-e-igualdad-firma-esta-petici%C3%B3n-nuestra-salud-nuestros-derechos

    Y no nos atienden en los Hospitales que sostenemos con nuestros impuestos, porque somos pacientes de alto riesgo, y puede que si entramos en alguno de ellos, salgamos peor, SI es que SALIMOS

    https://drive.google.com/file/d/0B3QOrCc_ORwZRjloeWMwNXV0WHZna002WmVGdElZandxWi1F/edit?usp=sharing

    Ni permiten realizarnos análisis que necesitan los profesionales que, al margen de la sanidad pública, SÍ QUE SABEN TRATARNOS CON ÉXITO

    ¿¿¿Por qué será????

    Saludos y SALUD

    Más información

    From: tenersalud@saludnutricionbienestar.com
    Subject: Peligro en el hospital

    Peligro en el hospital

    Hace poco saltó a la prensa la noticia de que decenas de pacientes de los hospitales de La Paz y Ramón y Cajal, ambos de Madrid, habían tenido que ser aislados debido a un brote de bacterias hospitalarias. Ni son los primeros ni serán los últimos.

    Y es que las bacterias y otros microorganismos campan a sus anchas por los hospitales, hasta el punto (prepárase a leer la cifra) de que cerca de 300.000 personas contraen cada año en España una infección nosocomial (hospitalaria) y casi 6.000 de ellas fallecen. En otras palabras, que 6.000 personas que entran cada año en un hospital para aliviar una enfermedad, en vez de ello se ven atacadas por microorganismos… ¡y mueren! Además, estas infecciones llevan aparejados unos costes económicos enormes para el sistema sanitario. (1)

    Las infecciones nosocomiales (es decir, las relacionadas con el sistema sanitario en relación con prácticas asistenciales y que no estaban presentes en el momento del ingreso del paciente) afectan al 5% de los pacientes. A éstos les atacan principalmente Escherichia coli, Pseudomonas aeruginosa o Staphylococcus aureus, que son los tres micoorganismos que encabezan el ranking según su frecuencia en las infecciones hospitalarias.

    Por supuesto, esto no ocurre sólo en España. Y de hecho muchos países cuentan con programas de vigilancia de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria porque han convertido en un objetivo prioritario ponerles coto.

    Lo que también es cierto es que los megahospitales en los que se acumulan miles de enfermos que acuden a consulta por motivos de lo más variado son una locura. Porque de ninguna manera es fruto del azar ni de la mala suerte que nuestros hospitales se hayan convertido en nidos de microbios donde se propagan bacterias multirresistentes y virus mortales.

    La locura de los hospitales modernos

    Si ha visitado alguna vez un pequeño hospital de los antiguos que aún funcionan se habrá fijado que su arquitectura y distribución no tienen nada que ver. Eran instituciones muy pequeñas. En aquella época en absoluto había menos enfermos que hoy, pero en la medida de lo posible se evitaba agruparlos a todos en el mismo espacio. En las ciudades grandes, donde los hospitales eran necesariamente de mayor tamaño, siempre se organizaban por pabellones separados por jardines, muy agradables para pasear, pero que sobre todo tenían la ventaja de crear un cordón sanitario entre las diferentes categorías de pacientes.

    Anuncio especial
    El 10% de la población toma medicamentos contra el colesterol, pese a que estos medicamentos provocan efectos secundarios potencialmente graves. Sin embargo, existen soluciones naturales que funcionan incluso para las personas que ya han sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV).

    Jamás se hubiera pensado meter a las embarazadas bajo el mismo techo que los tuberculosos. Ni a los enfermos de cólera junto aquellos que se habían roto una pierna. Sin embargo, a día de hoy, da igual el motivo por el que acuda al hospital, porque deberá pasarse horas en urgencias junto a enfermos de lo más variado, o bien haciendo cola en los ingresos al lado de portadores de virus de todo tipo, incluidas las especies tropicales más peligrosas; y si no es así, se los encontrará de todas formas en el ascensor, los baños o el pasillo.

    ¿Cómo ha sido posible una aberración así? Como resultado, una vez más, de la fe ciega que la medicina ha depositado, desde 1945, en el progreso tecnológico, los desinfectantes y los antibióticos que supuestamente iban a permitir eliminar de un golpe todas las enfermedades.

    “No pasa nada si cogen un microbio, ya les daremos antibióticos”, parece ser el razonamiento, consciente o no, que han hecho muchos de los creadores de los hospitales modernos.

    Usted se encuentra al servicio del hospital

    Nuestro sistema hospitalario no ha sido pensado entonces para el beneficio y la seguridad de los enfermos, sino para una organización más eficaz de los diferentes servicios, más conveniente para los médicos y el personal al cuidado de los pacientes y, en especial, para las cada vez mayores presiones prácticas y financieras ligadas a las “consultas multidisciplinares” y a su parafernalia tecnológica (quirófanos, radiología y servicios de diagnóstico por imagen, análisis biológicos…). De ahí esa sensación que tenemos a veces cuando nos encontramos enfermos de sentimos a merced del hospital, y no al contrario.

    Porque estamos cumpliendo con su ritmo, sus horarios, sus pausas; somos nosotros quienes nos despertamos a las 6 de la mañana para que nos tomen la temperatura, o los que tenemos que esperar en los pasillos durante horas a que el escáner se quede libre. He visitado numerosas veces a enfermos en el hospital y me he dado cuenta de que su cansancio y su decaimiento se acrecentaban según iba pasando el tiempo, hasta tal punto que llegaba a ser imperioso para su salud sacarlos lo antes posible de allí para que pudieran recuperarse… en sus casas.

    Que las ventanas de los hospitales ya no puedan abrirse en la actualidad (ni más ni menos que para disuadir a los candidatos al suicidio), sabiendo que el aire sano y puro del exterior es tan agradable y necesario cuando nos encontramos encerrados durante varios días
    ¡A su salud!

    Juan-M. Dupuis

    Fuentes:

    “Estudio de Infecciones Nosocomiales en España (Epime) 2013”, que elabora cada año la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempspsh).

    Lindquist LA, et al. Improvements in Cognition Following Hospital Discharge of Community Dwelling Seniors. Journal of General Internal Medicine DOI: 10.1007/s11606-011-1681-1.

    Fisher SR, et al. Early Ambulation and Length of Stay in Older Adults Hospitalized for Acute Illness. Arch Intern Med 22 nov 2010; 170(21):1942-1943.

    Tekerekglu MS, et al. Do mobile phones of patients, companions and visitors carry multidrug-resistant hospital pathogens? American Journal of Infection Control June 2011; 39(5): 379-381.

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