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Sentencias, mariposas y tifones

Atención, aviso: lo que sigue es una serie de datos que no tienen ninguna relación de causa a efecto. Son simples pensamientos escritos, uno detrás de otro, según uno va viendo cosas en las noticias y en el trabajo, y la cabeza le juega malas pasadas, como al protagonista de “Una mente maravillosa”.

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Teniente Kaffee⎮El diario⎮30/03/2014

Vamos a comenzar hablando de “mulas”. Ese es el nombre que reciben, en jerga policial y judicial, además de los correos humanos que transportan droga, ciertas personas que participan en esquemas de estafa bancaria a través de Internet, por el procedimiento de phishing. ¿Que hacen las mulas? No se dedican a programar sofisticados troyanos como ZeuS o Citadel, los superventas de la categoría. Tampoco los comercializan a través de la red TOR, ni dan asistencia 24/7 al cliente, desde servidores alojados en sitios de moral relajada como CyberBunker, en este plan:

-Oiga, que mi troyano no roba bien los datos.

-No se preocupe, ¿que luces tiene encendidas en el C&C?

Tampoco se dedican a esparcirlos por ahí, mediante spam, archivos infectados en redes de intercambio P2P, o mediante agujeros de seguridad en webs legítimas, a través de los que involuntariamente se descarga el bicho quien se conecta con un navegador poco seguro.

No, las mulas son contactadas a través de ofertas de empleo. Ofertas bastante sospechosas, porque no suelen tener en cuenta la capacitación de los candidatos, ni si hablan idiomas, no realizan ningún tipo de entrevista de trabajo, y además los e-mails suelen usar un castellano, cuando menos, sospechoso, del tipo “congratulaciones, hamijo!!, ha sido usted nominado para aplicar a nuestra puesto de ejecutivo!!”. Les ofrecen unos emolumentos desproporcionados, y unas comisiones absurdamente altas, teniendo en cuenta el trabajo para el que se les contrata: recibir transferencias bancarias de personas  a las que no conocen, hacerlas efectivas en ventanilla, y enviarlas a países extranjeros (Ucrania y Rusia son los sospechosos habituales) mediante empresas de envío de dinero como Western Union o Money Gram. Diez minutos de trabajo al día, con un prometido sueldo de 2.000 € mensuales, más comisiones de entre el cinco y el diez por ciento de la cantidad transferida.

Es curioso, porque estas empresas funcionan, sobre todo, como medio de envío de efectivo entre parientes situados en países lejanos, u otras personas entre las que existe una relación de confianza previa. De hecho, en sus formularios de envío advierten claramente de que no se trata de un servicio apto para pago de productos o servicios. Y tienen estrictos límites de cuantía, con máximos de 3.000 € por persona y día, precisamente para cumplir las normas contra el blanqueo de capitales. Por ello, a las “mulas” se les advierte de que deben realizar sus envíos consignándolos como “envío familia”, “partida emigrantes”, o cosas igual de poco sospechosas [mode ironic: on]. Incluso se les anima a que utilicen a parientes, amigos y conocidos para poder realizar más de una transferencia al día, eludiendo esos límites.

La conducta de estas personas, aunque muy secundaria, ha venido siendo indispensable para el éxito de las tramas criminales: sin ellos, una transferencia bancaria siempre deja una traza que puede ser seguida. Pero cuando se convierte el apunte bancario en billetes de curso legal, y esos billetes se mandan a través de una empresa cuyo funcionamiento equivale a enviarlos en un sobre a un apartado postal abierto con nombre ficticio, se pierde ese rastro sin remedio.

¿Y como responde la Justicia ante un comportamiento tan, diríamos, “dudoso”? Desde el año 2007 hasta ahora, ha habido una discusión doctrinal sobre si se les consideraba culpables de un delito de estafa informática, como cooperadores necesarios, o bien deberían ser acusados de blanqueo de cantidades procedentes de un delito previo, en el que no tuvieron una participación directa. Nota: el blanqueo admite modalidad dolosa (intencionada) o culposa (imprudente), mientras que la estafa tiene que ser dolosa, o no es nada, queda impune.

Durante mucho tiempo, esta discusión ha permanecido en punto muerto, porque las causas que iban por estafa o por blanqueo imprudente morían en las audiencias provinciales, al tratarse de delitos de los considerados “menos graves” (pena máxima inferior a cinco años de prisión).

No obstante, el 3 de diciembre de 2012, la Sala 2ª del Tribunal Supremo resolvió un recurso contra una sentencia condenatoria de una audiencia provincial. ¿Y cómo llegó hasta ahí? Muy sencillo, la calificación de la Fiscalía era de blanqueo doloso, que es un delito grave (de uno a seis años de prisión), aunque alternativamente se contemplaban las de estafa y blanqueo imprudente. La audiencia decidió que el blanqueo no encajaba, pero condenó por estafa. La defensa recurrió en casación, y el Supremo les dio la razón, como digo, en sentencia nº 987/2012, en base a un argumento bastante curioso, que resumidamente viene a ser el siguiente: la “ignorancia deliberada”, la excusa de “yo no sabía nada de esa maleta llena de droga, señor juez”, que hasta ahora se había aplicado a las mulas de phishing, no resulta aplicable.

Más recientemente, el Supremo ha vuelto a ver, en casación, un caso de este jaez. En este caso, la mula había sido condenada por blanqueo imprudente, en otra audiencia de distinta provincia. Y de nuevo, la sentencia de casación, nº 997/13, de 19 de diciembre, ha absuelto al acusado, considerando que la imprudencia desplegada por el mismo no alcanza la categoría de grave, la única que está tipificada como delito, sino que se queda en leve.

No soy yo quién para discutir la opinión de un magistrado del Tribunal Supremo, porque lo cierto es que el ponente de ambas sentencias es el mismo: Luciano Varela Castro. Menos todavía, cuando le respalda el voto mayoritario de la Sala (en la última sentencia hay un voto particular discrepante). Pero lo cierto es que el “Efecto Mariposa” no sólo es una cuestión de física, sino que también tiene aplicación en el mundo jurídico. Y estas dos sentencias, cual aleteo de coleóptero en la selva colombiana, van a tener dos efectos inesperados, en plan tifón que arrasa el Índico.

El primero, es que esta nueva doctrina se carga dos de los principales argumentos que podrían servir para sostener una acusación por delito de blanqueo contra cierta persona de cierta Familia Real, relacionada con cierta fundación sinónimo de lucro: la ignorancia deliberada y la aplicación del tipo de blanqueo por imprudencia grave. Ojo, no entiendan de mis palabras que el Supremo está creando una doctrina a medida de la Infanta, que yo no he dicho ni insinuado nada parecido. Pero lo impepinable, como diría el ayudante de mi alter ego en la ficción, el Teniente Weinberg, es que a su defensa le va a venir de perlas.

El segundo, que vamos a ver cómo queda la situación para las víctimas del phishing, las personas cuyas cuentas bancarias han sido saqueadas sistemáticamente con el uso de este tipo de técnicas. Porque, hasta ahora, la mayoría de entidades financieras se aprestaban a correr con las indemnizaciones para los clientes, puesto que contaban con el comodín de recuperar las cantidades perdidas, asumiendo la posición de perjudicados, y repercutiendo contra la “mula”. En la inmensa mayoría de los casos en los que ha habido condena, siempre han sido sentencias por debajo de los dos años de prisión, por lo que realmente se trataba de salvas de fogueo… siempre que el reo hiciese frente a sus responsabilidades civiles, lo que implicaba aflojar la mosca y pagar la indemnización.

A partir de ahora, y con las previsibles absoluciones en cascada que van a llegar si esta doctrina se confirma, los bancos no van a recuperar ni un solo céntimo de euro, así que habrá que ver hasta cuando deciden seguir pagando los platos rotos de todo esto. Yo que ustedes, iría actualizando el antivirus, fortificando el sistema operativo, y adoptando la posición recomendada en caso de accidente aéreo: cabeza entre las piernas, y culo en pompa. Así, dicen, duele menos.

Bonus track: Si no ponen cara al padre de esta nueva doctrina, que tantas alegrías nos va a traer a todos los ciudadanos, como diría Troy McClure, quizás le recuerden de otras actuaciones judiciales, como la instrucción de la causa contra Baltasar Garzón por el caso de los crímenes del franquismo. Causa que llevó hasta las últimas consecuencias que de él dependían, contra el criterio de la Fiscalía, y llegando a corregir el muy imperfecto escrito de las acusaciones populares, el sindicato “Manos Limpias” y Falange.

Porque, contra lo que suele opinar el público, si el aparato del Estado hubiera querido cargarse al célebre ex-juez de la Audiencia Nacional, no creo que la Fiscalía del Supremo se hubiera partido la cara por él en los dos juicios que se celebraron, tanto ése como el de las escuchas de la Gürtel, ni pidiendo el sobreseimiento por prescripción en el de los cursos del Santander, que fue lo que finalmente se acordó. Concretamente, cuentan las crónicas que el alegato final del fiscal que defendía, y consiguió, la absolución de Garzón en el famoso caso de las desapariciones de la Dictadura, fue de tal altura que arrancó los aplausos de la gente que acudía como público a la vista. Sólo por dejar las cosas claras.

 

Fuente:  http://www.eldiario.es/protesto-senoria/Sentencias-mariposas-tifones_6_243985609.html

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