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Reírse de cosas serias

Pablo Echenique-Robba | El Diario/De retrones y hombres | 06/05/2014

Vayamos cronológicamente.

El otro día, un amigo publicó la siguiente imagen en facebook, me hizo gracia y la compartí.

Chiste bueno sobre el veganismo

Chiste bueno sobre el veganismo

Al cabo de unas horas (o al día siguiente, no recuerdo muy bien), publiqué otra imagen contra las corridas de toros.

Al poco tiempo, recibí un mensaje de un grupo animalista (muy cordial) en el que me afeaban un poco la conducta por haber publicado la primera imagen, la de Batman y Robin. Con mucha sensatez, me explicaban que no ayudaba a la causa de los derechos de los animales hacer mofa de los veganos. Que compartir esa imagen hacía daño a los perros, a los gatos, a los caballos y, sobre todo, a las vacas, cuya versión masculina acababa a la sazón de defender en mi mismo muro de facebook de las rancias estocadas del hispanismo ancestral.

Vamos… el viejo mandamiento que reza: No te reirás de las cosas serias.

Lo primero que sentí fue un poco de culpa. Al fin y al cabo, había leído hace poco un artículo muy bueno en El caballo de Nietzsche (sí, he tenido que mirar —de nuevo— si la ‘z’ iba ante que la ‘t’ o era al revés) y me había quedado tan impresionado que me estaba planteando volverme vegano… lloré mucho cuando murió mi perra hace unos meses (más que por muchos humanos) y tengo una empatía por los animales, creo, bastante más elevada que la media.

Por suerte, ese sentimiento tan inútil llamado «culpa» me dura muy poco a mí y rápidamente contesté a mis amigos animalistas que todo muy bien, que seguiré defendiendo los derechos de los animales al mismo tiempo que mi derecho a hacer humor del tema que me dé la gana y que —ya que estábamos— me recomendasen, porfa, un estudio científico en el que se analizase de modo riguroso el efecto en la salud de una dieta vegana.

Después de contestar, al cabo de un rato, me di cuenta de que lo había hecho de modo intuitivo y que quizás sí que había un problema, una contradicción.

No es que me preocupen mucho las contradicciones. Sé que la vida es compleja y me gusta la cita de Whitman:

¿Me contradigo a mí mismo? Muy bien, pues me contradigo a mí mismo, soy amplio, contengo multitudes.

Pero claro, eso de estar pensando en cambiar de dieta por empatía con los animales a la vez que dañaba al movimiento animalista con mi irresponsable comportamiento en las redes sociales me pareció que excedía los límites de lo que tenía en mente el poeta norteamericano; que merecía una explicación (al menos para mí mismo).

Así que empecé a pensar.

La pregunta clave era, ¿por qué había compartido la imagen de Batman y el Robin vegano?

La primera respuesta que se me ocurrió: Porque el chiste era bueno.

El meme de Batman hostiando a Robin siempre me ha gustado, pero es que ésta variación, además, tenía un juego de palabras estúpido y absurdo, una exclamación sin venir a cuento por parte de Robin y una apelación muy bien traída a las albóndigas (con un chuletón no habría funcionado tan bién).

Me reí porque me hizo gracia y lo compartí porque la felicidad y la risa se comparten. Quizás era una mofa, pero era buena.

Por ejemplo, el siguiente chiste —usando el mismo meme— también se refiere a un tema serio… pero no es gracioso.

Chiste malo sobre los vocablos para nombrar a la discapacidad

Chiste malo sobre los vocablos para nombrar a la discapacidad

Así que sí: el chiste del Robin vegano era bueno. Pero esto no cerraba la explicación. A pesar de su gracia, ¿cómo puede ser que no sintiese ni el más mínimo remordimiento a la hora de compartirlo si, en efecto, se trataba de una mofa que dañaba al movimiento animalista y, por ende, a los animales? ¿Es que el humor me vuelve un psicópata? —me pregunté.

Lo cierto es que aún no estoy seguro de la respuesta a estas preguntas, pero sí que he llegado a dos reflexiones que sugieren que la cosa no es tan seria y que, incluso, mi actitud respecto del meme-chiste vegano podría ser (quizás) hasta sana y positiva para la causa.

Por un lado, me parece que una mofa sólo es cruel si el objeto de la misma es una víctima de la opresión; alguien débil y vapuleado. Si te mofas de alguien que es más o menos fuerte o vive más o menos bien, tampoco es tan grave. Mofarse de un perro apaleado, de una mujer violada, de un niño desnutrido o de una persona con discapacidad que vive en la pobreza y la dependencia es cruel y posiblemente inmoral. Un vegano o un luchador por el concepto abstracto de la «diversidad funcional», normalmente, débiles y víctimas… no son. Para luchar, hay que tener al menos algo de fuerza. Los que están oprimidos tienen una bota bien gorda en el cuello que no sólo les dificulta la respiración, sino que normalmente también les impide hablar. Los que luchan, no tanto.

Así, los dos chistes anteriores no serían crueles en modo directo. No obstante, podrían serlo en modo indirecto. Es decir, aunque no dañen a los luchadores por las respectivas causas, podrían dañar a las causas en sí y a las gentes o animales que estas causas defienden.

Sin embargo, creo que esto no es siempre así y aquí es donde entra la segunda reflexión.

Me he dado cuenta de que existe un «síndrome del militante», mediante el cual muchos defensores de causas justas nos vamos tomando más y más en serio a nosotros mismos, a nuestros principios, a nuestros conceptos, mediante el cual nos vamos volviendo más y más dogmáticos, más y más refractarios a todo lo que cuestione nuestros textos sagrados, nos vamos imbuyendo más y más de un talante hierático y alejado de esa realidad que afecta al día a día de nuestros «defendidos», nos volvemos un poco pesados, duros de mollera y, en general, bastante coñazo.

Hay pocas medicinas tan potentes como el humor para re-encauzar esta deriva.

Las causas y el sufrimento de las víctimas son cosa seria. Nosotros, compañeros de lucha, no tanto.

Fuente: http://www.eldiario.es/retrones/humor-discapacidad-seriedad-susceptibilidad_6_253784629.html

7 Comments

  1. Liptuan
    Liptuan 6 mayo, 2014

    Me ha gustado este artículo porque muestra una reflexión que incluye la autocrítica y la valoración de la propia persona, es algo que encuentro poco en los demás y menos de lo que me gustaría en mí misma: el ejercicio del debate con uno mismo, tan sano, aunque consuma más recursos cognitivos que cualquier otra estrategia psicológica natural y automática a las que estamos todos tan acostumbrados.
    En cuanto al tema que nos atañe, a parte de decirte que me interesa conocer información rigurosa sobre los efectos en la salud de la dieta vegana, mencionar que el humor es, en mi opinión, solo una expresión más de los hechos, que por un componente de absurdo o ruptura de la lógica, puede tener más o menos gracia, y que hasta cierto punto podría tener una repercusión negativa, pero como cualquier otro hecho que cause una impresión en su espectador, por así decirlo, no dejará de ser una señalización en el camino y no un bache infranqueable. Cómo mínimo podemos preguntarnos por qué nos molesta lo que nos molesta, cualquier cosa que hiere la sensibilidad representa una interpelación directa a la persona que se siente dolida.
    A mí los chistes, incluso los más oscuros, me han sido de mucha utilidad, los que han herido mi sensibilidad me han dicho mucho más de mí misma que muchos artículos serios, y por eso creo que, hasta cierto punto, el humor siempre es bueno.
    Por otro lado, algunas viñetas me han hecho sentir complicidad, e incluso comprensión, un poco menos sola en el mundo al respecto de alguna idea, como por ejemplo la que hace referencia al eufemismo «diverso funcional». Uno de los valores que tienen los memes y los chistes en general, es que, a veces, concentran en muy poco una cuestión muy compleja.
    En fin, estoy tratando de retomar la buena costumbre de no irse sin comentar lo que se piensa, así quede extenso o expresado regular, (digo «regular» por ser benevolente conmigo misma).
    Me ha gustado el artículo, yo hago la misma consulta cuando tengo que escribir Nietzsche xd
    Saludos

    • Paco Bello
      Paco Bello 6 mayo, 2014

      Buena costumbre esa de comentar, y especialmente agradable cuando se hace para aportar y no para destruir.

      A mí también me ha gustado mucho lo que dice Pablo, y cómo lo dice. Tenemos que empezar a pensarnos y, efectivamente, más cuando menos nos entendemos (todo conato de reacción intestina es un inmejorable momento para hacerlo).

      Hay en gran parte de la sociedad una enorme desesperanza y una motivada sensación de desamparo. Un desamparo que alimenta sectarismos y dogmatismos convertidos en cómodos tótem’s de la otredad a los que asirse frente a la ausencia de autoidentidad y frente al miedo.

      Un cordial saludo.

  2. blackgetter
    blackgetter 6 mayo, 2014

    A mi es que en el primer chiste la tollina de Batman me parece que queda como la de un garrulo represor y en el segundo como un toque de atención a una conducta pasiva. Supongo que va con la ideología y el punto de vista de cada cual. Hay gente que de la segunda viñeta sacaría que es un 15m que apalea fanaticamente a minusvalidos.

  3. Marian
    Marian 6 mayo, 2014

    Yo también puse el chiste de los veganos. No me gusta hacer mofa de ellos, pero sí me llama la atención las charlas que echan a los que comen animales, así como su falta de sentido del humor. Me parece estupendo que seas vegano, pero respeta un poco a los demás. Si consideras que estás tan evolucionado tendrás que comprender que los demás lo mismo vamos a otro ritmo.

  4. Estoy de acuerdo con todo lo que se ha dicho y hasta yo a veces he experimentado en alguna ocasión el sentirme militante y ver con rechazo cualquier síntoma de caricaturización de mis ideas o acciones, pero tan bien es verdad, que muchas veces no se trata de hacer un chiste o buscar la parte cómica, sino que lo que se intenta es ridiculizar una postura o una acción contra la que no se tiene argumentos para contradecirla y se usa la sátira o la mofa para suplir esta falta de argumentos.

  5. Clara
    Clara 6 mayo, 2014

    Los memes son compartidos por la gran mayoría de la gente sin tener en cuenta la repercusión de sus acciones e incluso de forma mecánica. Una máxima debería ser «no compartas en internet lo que no te atreverías a decir en la cara». Cualquier escrito o imagen que haga mofa de un grupo minoritario no es graciosa, por mucha libertad de expresión que se defienda, y más si es repetitiva y se toma como costumbre. Un vegano está rodeado de gente que, al igual que los católicos, le intentan siempre convencer de que su postura es la equivocada. Es una persona que nada contracorriente por una causa justa, sin dejarse llevar por el rebaño. Allá cada cual con lo que publique, los que les leen basan de acuerdo a ello sus opiniones sobre sus personalidades. A seguir publicando, que todo vale, no?

  6. Markvs
    Markvs 8 mayo, 2014

    Pues yo, siguiendo la dogmática antidogmas de nietzsche, soy humano, y como tal, animal, omnívoro. No considero que los vegetarianos, ovolacteovegetarianos o veganos, estén más evolucionados que yo. Me encanta la carne, y le tengo cariño a mis gatos, y se lo he tenido a perros y pájaros… Lo cual no quita que me pueda alimentar de otros animales. Por qué sí o por qué no? distinción entre ellos? pues fácil, no me alimento de otros carnívoros, al estar constituída la cadena alimenticia de herbívoros en su base. Y os recuerdo que la mayoría de las mascotas son animales con más desarrollo neuronal que los herbívoros, y es que, el desarrollo cerebral basa gran parte de su bioquímica en la consumición de proteínas de las que los vegetales carecen. Así por tanto, como elección filosófica de vida está muy bien, pero como sentido evolucionista adolece de plantearse la bioquímica de nuestra phisis y dedicarse demasiado a la metaphisis singular.

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