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Cifras y siglas: La caída de los mayordomos

Carlos Delgado | Iniciativa Debate | 28/5/2014

«El Partido Popular ha ganado las elecciones», dicen desde Génova. Y es cierto que el PP sido la lista más votada, pero también es verdad que ha sufrido la pérdida de votos más importante de su historia. Con respecto a las últimas Elecciones al Parlamento Europeo de 2009, el partido que gobierna se ha dejado por el camino más de 2,5 millones de votantes (un 39%). Si se compara con las últimas Elecciones Generales de 2011, la sangría se aproxima a los 7 millones de electores (un 63%). La victoria ha sido dolorosa. Lo suficientemente dolorosa como para que se obviara el tradicional saludo eufórico desde la balconada. Lo más parecido a la euforia que pudo verse fue el gesto de Cañete tras su comparecencia, posando ante la prensa con los brazos en cruz, en ademán impropio de alguien con su presunta «superioridad intelectual». Si a muchos nos pareció ridículo, imaginemos lo que debió de pensar un histórico del partido como Carlos Iturgaiz, que iba en el puesto 17 de la lista y se quedó sin escaño. El PP no tiene gran cosa que celebrar. Estos son los datos:

Elecc_2011_vs_2014

Pretenden consolarse los «mayordomos de los ricos» (feliz apelativo con el que Pablo Iglesias se ha referido a la casta que gobierna) alegando que los votos no se han fugado hacia otras fuerzas políticas, sino que han ido a parar a la abstención. «Ya volverán al redil», parecen querer decir. Vistas las cifras, eso es mucho suponer. Cuesta creer que casi la totalidad de los 7,7 millones de votantes que se sumaron el pasado domingo a la ya amplia abstención votaran al PP en 2011. Además, los índices de participación en unas generales son siempre superiores a los de las europeas. La comparación debe hacerse, por tanto, con los comicios de 2009. Hela aquí:

Elecc_2009_vs_2014

En este caso, la participación es casi idéntica, por lo que no cabe pensar en una fuga hacia la abstención. El único consuelo posible en Génova es el de los necios: si el PP ha perdido cerca de 2,6 millones de votantes, el PSOE se ha dejado casi otros tantos. Mal de muchos…

El asunto es que, desde la última vez que se nos convocó a las urnas hace ahora dos años y medio, el tándem PP+PSOE ha perdido más de 10 millones de votos, bastante más de la mitad de los casi 18 millones que cosecharon entre ambos en 2011. Tan sólo uno de cada nueve posibles votantes ha confiado en el PP; uno de cada diez en el caso del PSOE. Entre los dos han conseguido seducir apenas al 22% del censo o, lo que es lo mismo, al 49% de los votantes. Eso significa, de momento, que el bipartidismo heredero de la Inmaculada Transición dejará de ingresar más de 6 millones de euros (1.000 kilos de los de antes) en concepto de subvenciones, una merma nada despreciable que comprometerá sin duda su capacidad de maniobra.

Pero la pregunta del millón es: ¿significan estos resultados que estamos ante el comienzo del fin del bipartidismo? Es difícil de pronosticar, aunque bien podría ser. Lo que sí está claro es que los dos gigantes se encuentran en caída. En caída libre, si hablamos del PSOE, que acumula ya varias citas consecutivas con las urnas sin encontrar su suelo electoral y que parece haber perdido no sólo el norte, sino hasta la brújula y el mapa. El varapalo ha sido morrocotudo. Para ambos. Veámoslo gráficamente en un encuadre histórico:

Elecc_Eur_graf_censo

Como puede apreciarse, la euroabstención nunca ha bajado del 30%, mientras que los porcentajes individuales obtenidos por PP y PSOE han sido siempre inferiores a dicha cota. Sumando sus porcentajes, el binomio PP+PSOE sólo consiguió superar a la abstención en 1987 y 1999. No obstante, esta fórmula de representación, con tantos por ciento referidos al total del censo, puede que nos resulte poco habitual. Acostumbrados a la clásica y pertinaz indiferencia que nuestra casta política muestra por la abstención, nos resultará más familiar este otro gráfico, donde los porcentajes (excepto el de la propia abstención) están calculados sobre la base del total de votos válidos emitidos:

Elecc_Eur_graf_votos

Observando esta segunda gráfica, es fácil comprender por qué nuestros políticos prefieren esta otra fórmula, con la que se obtienen tendencias algo más suavizadas. Aun así, no hay manera de disimular ese resbalón final 2009-2014, que marca una caída muy pronunciada y casi paralela tanto del PP como del PSOE. Y lo que es más importante: la suma de sus porcentajes cae por primera vez por debajo del 50%. Con la aritmética electoral vigente, eso significa decir adiós a las mayorías absolutas.

Ambas fuerzas, sin embargo, siguen muy arraigadas entre el electorado, a tenor de los resultados que arrojan los distintos territorios. Dejando aparte a Cataluña y Euskadi –que tienen inercias propias–, en todas las provincias y comunidades españolas la lista más votada sigue siendo la del PP o la del PSOE. Y únicamente en una de ellas (Navarra) no acaparan PP y PSOE los dos primeros puestos. Por si fuera poco, solo en tres de las comunidades restantes (Baleares, Canarias y Madrid) la suma de ambos se queda por debajo del 50% de los votos válidos. Es decir: a la espera de lo que pueda suceder en el futuro, a día de hoy el bipartidismo está seriamente tocado, pero no está muerto, ni mucho menos.

Elecc_2014_comuni

Cabe añadir, a propósito de la posición dominante de los dos grandes partidos, que las comunidades donde más apalancado está el binomio son Extremadura (74% de los votos válidos), Castilla-La Mancha (66%) y Andalucía (61%). Curiosamente, estas son las tres comunidades con menor renta per cápita del Estado. E igualmente curioso: las tres obtuvieron calificaciones por debajo de la media española (y muy por debajo de la media de Europa y de la OCDE) en el Informe PISA.

Elecc_2014_provin

Como nota anecdótica, hay que mencionar la victoria del PP en la provincia de Cáceres, que se produjo por un ajustadísimo margen de 7 (¡siete!) votos.

En cuanto a la abstención, creció con respecto a las Europeas de 2009 en la mayoría de comunidades y provincias, si bien el repunte de la participación en Cataluña hizo que en el total estatal se observe una ligera disminución de menos de un punto en el porcentaje de abstención.

Para terminar, y aunque este análisis está dedicado fundamentalmente a los dos grandes «mayordomos» de nuestra política, es imprescindible citar dos hitos electorales protagonizados por otras siglas:

El primero es la victoria de Esquerra Republicana en Cataluña, que por primera vez supera a CiU como lista más votada, confirmando el auge de las posiciones soberanistas. Una declaración de intenciones en toda regla, que vaticina un otoño caliente en el nordeste peninsular.

El segundo y no menos importante hito, que brilla con luz propia, es el fulgurante y sorprendente estreno de un nuevo jugador: Podemos. La formación de Pablo Iglesias, nacida el pasado mes de enero, ha conseguido situarse con 1,25 millones de votos y cinco escaños como la cuarta fuerza política del Estado Español. ¡En solo cuatro meses! Toda una hazaña que demuestra el acierto de una nueva manera de gestionar el descontento y de entender la política. Y toda una lección para otros (señalar está feo), que tendrán que hacérselo mirar. Un despegue tan arrollador, además de dejar en evidencia una vez más a quienes elaboran los sondeos electorales, plantea cambios obligados en el horizonte. Cara al futuro, este primer coletazo augura, por primera vez en décadas, un panorama esperanzador para una ciudadanía más que harta de pagar deudas que no son suyas a costa de soportar amputaciones en derechos y servicios. A partir de ahora, va a ser mucho más difícil para los divertimedia ningunear a Pablo (que no apareció el domingo en TVE hasta las 11:48 de la noche), y será ya imposible plantear un debate a seis sin invitar a Podemos. En un plazo más cercano, ya se ha abierto la veda para los ataques verbales de todo tipo. Como muestra, ahí están esas primeras y patéticas declaraciones de alarma de personajes como Floriano, Arriola o Rosa Díez. Lo de esta última es especialmente grave: que el neofalangismo de las verdades como puños se atreva a hablar de populismo y a hacer comparaciones con Le Pen es algo más que patético; es insultante y provoca náuseas. Pero sobre todo, la irrupción de Podemos les garantiza el acceso a una jugosa subvención de 1,64 millones de euros (272 millones de pesetas), una cifra muchas veces superior a la cantidad invertida en la campaña. Enhorabuena a los premiados, que –aunque haya quien no lo quiera ver– somos casi todos.

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8 Comments

  1. IDP
    IDP 29 mayo, 2014

    Compañero y aun así amigo: ¿por qué no avisas de tus publicaciones? … acabo de verla. 😀

  2. Cami
    Cami 29 mayo, 2014

    Carlitos, lástima que no publiques con mayor frecuencia. Con cada artículo haces un doctorado.

    • Carlos
      Carlos 29 mayo, 2014

      No me seas zalamero, perillán, que esto es aritmética básica, al alcance de cualquier estudiante de instituto.

      Pero gracias. Y a ver cuándo hablamos. Un abrazo.

  3. IDP
    IDP 29 mayo, 2014

    Solo un apunte. No recibirán esa subvención porque es para cubrir los gastos de campaña, y como han gastado poco más de 100 mil euros, es lo que percibirán. En cualquier caso desde Podemos se dice que: «Eso que ahorramos al contribuyente».

    • Carlos
      Carlos 29 mayo, 2014

      No lo sabía, aunque me chocaba tanta pasta. Podemos estar tranquilos, que seguro que el Gobierno lo reparte entre los pobres.

      • IDP
        IDP 29 mayo, 2014

        Sí, ya ha dicho Rajoy que su niña lo necesita para los chuches (que debe ser un colectivo marginado o una etnia del sur de Laos o algo así).

  4. Tony indignado
    Tony indignado 29 mayo, 2014

    Es un buen detalle de Iglesias renunciar a ese dinero y lo que no se puede dudar es que han empezado con buen pie. Ya podrían aprender los de la casta de él y que se les cayera la cara de vergüenza pero no la conocen, ya nos lo han demostrado siempre con sus corrupciones, privilegios y la madre que los parió a todos.

    • Carlos
      Carlos 29 mayo, 2014

      Si lo he entendido bien, no es que renuncie a ese dinero; es que a Podemos no le corresponde. Si no te lo gastas, no te lo devuelven.

      Por otra parte, dudo mucho que Iglesias tuviera capacidad para tomar por su cuenta una decisión de ese calibre. Mal empezaríamos, si eso fuera posible.

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