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¿Qué estamos haciendo?

Україна

Es duro comprobar una y otra vez que vivimos inmersos en la catástrofe de la individualidad más retrógrada e insolente. Nuevamente en Europa, a las puertas del hogar, una nueva guerra está atropellando los más básicos fundamentos de la dignidad y los derechos humanos. Desde Estrasburgo, desde Estados Unidos, y desde esa capital llamada Bruselas y a la que tantos partidos desean acudir a proclamar la inutilidad fundada de nuestros sueños, han lanzado una nueva ofensiva para asegurarse lo que vulgarmente llaman mercado, y lo que una muerte sesgada por sus bombas ya no podrá nombrar jamás. Los acontecimientos que están sucediendo desde aquél fatídico primer día en que un diplomático comenzó a hacer “negocios” se resuelven en miles de crímenes; aniquilamientos respaldados por nuestros políticos endemoniados. Ucrania se desangra en el patio de nuestra casa y desde la terraza ni tan siquiera observamos, solo asistimos a la vergüenza espantosa de nuestras vidas, enfundadas en indignaciones superficiales encorsetadas en los escaparates de unas redes sociales plañideras, propias de colectividades  que encuentran en la comunidad el respaldo a sus débiles aportaciones. Europa vomita sangre, y nosotros nos creemos unos insurgentes, porque acabamos de descubrir que la república es hipster.

Más allá de la tristeza y el dolor… ¿Dónde vamos a depositar todas estas lágrimas?

joséluis vázquez doménech

sociólogo

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4 Comments

  1. Paco Bello
    Paco Bello 4 junio, 2014

    Estimado Joséluis, muchas veces he sentido un desasosiego parecido cuando (por lo que comparativamente me parecían chorradas), he asistido deprimido a la desafección general por los crímenes que se cometían en algunos países de África sobre los que suelo informarme cuando no me informan directamente. Y sí, es terrible.

    Ocurre que un día me hice mayor de golpe, y pensé que tenía dos opciones antes de transformar a los demás (esos que no se preocupan del prójimo): una era irme a esos países y ayudar en lo que pudiera, y otra era cambiar la realidad de mi país desde la calle, desde el contacto con otras personas, y desde las tontas redes sociales gracias a las cuales hoy ser republicano ya no es ser un bicho raro, sino que lo que sí te convierte en eso es defender a un señor al que nadie ha elegido, que es además inviolable, y que da forma a una institución anacrónica, clasista, despótica y machista.

    Y es que pensé que todo estaba relacionado. Que estaba bien preocuparme de las atrocidades que se cometen más allá de unas fronteras que nunca he aceptado, pero sin olvidarme de mi vecino, ese que come siempre lo mismo, y al que nadie tortura directamente, pero al que hacen tener una vida de mierda. Y ya puestos, sin olvidarme tampoco de que para influir en lo global, habría que pensar en lo local, y cambiar primero lo que era posible cambiar trabajando mucho, y poniéndole mucha constancia y mucho empeño.

    Finalmente me di cuenta también de que en la calle estaban los mismos de esas redes sociales, y conocí a mucha gente comprometida que no se para a llorar por lo que hacen los demás, y se pone en marcha sin proyectar sus carencias, que es lo que yo hacía.

    • Hola Paco! No sé si el desasosiego cambia de conducta con la edad. Lo que sí sé es que esa preocupación por lo que sucede más allá de nuestras fronteras yo no la veo así (no al menos tan lejos), porque es precisamente dentro de nuestras fronteras donde elegimos a nuestros representantes, los mismos que en su actividad internacional hacen y deshacen en función de sus intereses. Lo local no interfiere nuestra capacidad de comprensión de lo que le sucede a nuestros vecinos. Para mí, al igual que para ti, la gran aportación no está en un me gusta de las redes sociales, sino en un compromiso crítico y coherente con nuestras propias vidas, más allá de puestas en escena de fácil asimilación. Se puede luchar por una causa en nuestro propio barrio, y se pueden derramar lágrimas por una realidad que dista miles de kilómetros. Pero lo importante es ser consciente de qué estamos haciendo con nuestras vidas.

      Un abrazo, y un saludo

      joséluis

  2. Indignado
    Indignado 4 junio, 2014

    Pego un comentario de UN VIEJO REPUBLICANO, ante la “Barbaridad” que ha soltado la secretaria de Estado de Empleo Engracia Hidalgo:
    “Es “mucho mejor” tener un contrato a tiempo parcial que estar en el paro”.

    “Pues no les queda nada a los jóvenes con esta casta que nos gobierna. Claro que nosotros lo tuvimos peor con Franco, y aquí estamos disfrutando ya de nuestras pensiones vitalicias, que muchos palos y sufrimiento nos costo lograr. La verdad que no me suscitan lastima ninguna, porque tenerlo todo hecho y heredado de nosotros (derechos laborales y sociales) y dejárselo arrebatar de la forma mas burda y miserable, ¡manda huevos!. Así que ahora a luchar de nuevo por lo que vos dejasteis quitar, difícil misión, porque no veo yo a estos niñatos ñoños y afeminados, adoradores de las marcas caras y los logros facilones, partiéndose la cara con los esbirros de la castuza”.

    • Indignado
      Indignado 4 junio, 2014

      Tengo que decir que he oído a “niñatos” como mi sobrino, insultar como perro flautas o rojos desos, a la gente que está luchando por esos derechos y por la libertad.
      Y me viene a la mente una frase de Cicerón en su “res publica”
      “…son muchas cosas las que faltan del todo al pueblo que está sometido a un rey, y, en primer lugar, la libertad; la cual no consiste en tener un dueño justo, sino en no tener dueño alguno…”

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