Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Podemos: patria y transversalidad social

Javier Mestre⎮Rebelión⎮26 julio 2014

Hay razones para pensar que Podemos se ha convertido en un fenómeno social que va mucho más allá de lo mediático. Hay una explosión de círculos por toda la geografía española y hasta mundial. Y la afluencia de gente a lo que todavía apenas es un conato de organización es enorme. En muchos lugares, los círculos son masivos, la imagen opuesta al clásico conciliábulo militante. Lo mejor, sin embargo, no es el número, sino la transversalidad social de la gente que se ha acercado al “instrumento”. Podemos ha movilizado a personas de todas las edades y de casi todos los extractos sociales y profesionales.

Al decir “Podemos”, utilizamos la primera persona del plural. Ya sólo el nombre genera un “nosotros” inclusivo. Si fuéramos más latinoamericanos, y más grandilocuentes, diríamos sin dudar que Podemos es patria. La iniciativa de un puñado de intelectuales y militantes podría haberse quedado en nada con toda naturalidad, pero ha conseguido un éxito completamente inesperado porque el pueblo español tenía la necesidad de algo así, un nosotros popular y democrático para oponerse al desastre.

Podemos ha sabido recoger ideas que forman parte de los consensos sociales espontáneos que circulan por fuera de los medios sociales de comunicación. Esto es un clásico en la cultura política española. El movimiento contra la OTAN primero, el movimiento de insumisión al servicio militar obligatorio después, y la gigantesca movilización contra la invasión de Iraq en 2003, son ejemplos de ideas que podrían perfectamente formar parte de la historia de un patriotismo de sentido común en nuestro país que las elites políticas y económicas siempre trataron de neutralizar con enorme esfuerzo. Ahora, la explicación del éxito de Podemos hay que encontrarla, probablemente, en el millón de personas que invadimos Madrid el pasado 22 de marzo. ¿De dónde salió toda esa gente? Los madrileños y madrileñas aplaudían con entusiasmo desde las aceras el paso de las columnas de la dignidad hacia el punto de encuentro en el Paseo del Prado. Era un clamor tan masivo como subterráneo, uno de esos consensos irrefrenables de las clases populares que vuelve a movilizar los esfuerzos de las clases dirigentes para intentar una neutralización rápida y que no les salga muy cara.

Las ideas fuerza de este nuevo consenso social surgen como respuesta a lo que estamos todos de acuerdo en llamar “crisis”. Son los pies programáticos de la respuesta que se le ocurre a casi todo el mundo frente a los recortes en todos los aspectos de nuestras condiciones de vida. Equivalen a algo así como el “que se vayan todos” que sacudió la Argentina del corralito allá por 2001 y 2002. Ante el latrocinio generalizado de las elites, porque sentimos que nos están robando a mansalva, a nosotros y a nuestros hijos y nietos, el pueblo pide más democracia, más participación popular; justicia eficaz e igual para todos; representantes públicos modestos y honrados, unidos al pueblo, verdaderos patriotas… y una verdadera defensa de los servicios públicos, los derechos sociales y las condiciones para la prosperidad del pueblo.

Desde hace mucho tiempo, el concepto de patria, en España, está en manos de los herederos del franquismo. Los republicanos, que lo dieron todo, y más que todo, por la defensa de la democracia y de lo que entendieron por patria (la de los trabajadores y trabajadoras, la de las mayorías y la democracia frente al poder de unos pocos), sufrieron la muerte, la cárcel y el exilio. Esa España tricolor fue expulsada del país, exiliada. Desde entonces, parece como que ser patriota es algo próximo al fascismo, cosa de los «nacionales»… La izquierda se ha quedado apátrida y, al parecer, contenta con ello y, al mismo tiempo, lógicamente, desconectada de una parte muy importante del país. A esto se le une la cuestión nacional de vascos, catalanes y hasta gallegos, de modo que se entrecruzan en la palabrita cien conjuntos de vibraciones, cuanto menos, difíciles. ¿Quién sale ganando? Los que hacen gala de un «patriotismo» sin fisuras, firmemente abanderados por la rojigualda, la selección de fútbol y la unidad nacional.

Pero ahora vivimos tiempos en los que todos los tejemanejes de la transición, y su cultura política adjunta, se están tambaleando. El consenso neoliberal que se asentó por encima del consenso posfranquista ha traído una pobreza sin precedentes en los últimos cuarenta años, y la expectativa siniestra de generaciones de hijos que se preparan para vivir mucho peor que sus padres. Sin duda, la patria, aprovechando las tensiones independentistas de catalanes y vascos, volverá a ser la poderosa bandera mediante la cual intentarán movilizar a una parte sustancial de los trabajadores y trabajadoras españoles contra las expectativas de cambio que se abren en estos momentos de crisis. De modo que es urgente hacernos con ella, porque es nuestra y nos hace falta. El patriotismo es un arma de doble filo, y hay que dejar romo el que sirve a los intereses de los de siempre y afilar el lado positivo, el de la inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas que necesitan sentirse orgullosos de su país.

Podemos ha tenido la virtud de neutralizar, por el momento, con eficacia las alternativas de carácter populista y protofascista que se arman con toda naturalidad, en circunstancias como las actuales, a partir del descontento social. El concepto de patria responde a la intersección entre humanidad y ciudadanía, en un territorio tan lleno de ambigüedades como de posibilidades. Es, en realidad, un campo de juego al que no podemos renunciar si queremos construir una alternativa de gobierno. Podemos está asumiendo la responsabilidad de disputar la patria a los vendepatrias, que hasta ahora han estado muy cómodos en este terreno porque la izquierda política se instaló fuera, despreciando el concepto desde un internacionalismo absurdo, porque no se puede ser internacionalista desde la nada. José Martí señaló el camino cuando pronunció un lema elemental: “Patria es Humanidad”. Se trata de construir un patriotismo centrado en la inclusividad, la participación popular, la soberanía democrática, la defensa del territorio y el medio ambiente, la solidaridad social, la paz activa y los derechos humanos. Un patriotismo de la decencia y la dignidad que es el anverso del patriotismo racista y musculoso, asentado sobre un cuerpo político infantil de individuos profundamente atemorizados y acomplejados, que las elites promocionan en el seno de las clases populares.

En España, hacer patria implica necesariamente hacer frente a la cuestión nacional de los diferentes pueblos que habitan su territorio. Hasta el momento, Podemos ha mostrado un camino a seguir coherente con la pedagogía del patriotismo en que se ha embarcado. Las cuestiones vasca y catalana, y cuantas deban surgir por causas evidentes de carácter histórico y cultural, se resuelven democráticamente. Un patriotismo inclusivo y hospitalario, solidario, es incompatible con la unidad a la fuerza. Hay que asumir los riesgos de la separación territorial mostrando en todo momento los brazos abiertos y la disposición a seguir juntos en un marco territorial basado pricipalmente en el respeto, que nos pueda servir para unir fuerzas y convivir provechosamente. Pero si los catalanes, por ejemplo, deciden la independencia habrá que respetarlo porque en eso precisamente consiste la democracia. Será una lástima en muchos sentidos, y probablemente sea una factor de división y debilitamiento de la clase obrera española; no debemos olvidar, por ejemplo, el enorme peso cultural y demográfico de la inmigración del sur de España en Cataluña. Pero por encima de todo ha de estar el derecho a decidir.

De cualquier manera, de todo lo que está en juego, probablemente lo que más nos preocupa es el futuro de nuestros hijos y nietos. Tenemos una tarea muy grande si queremos dejarles un país digno y habitable. Para ello va a ser imprescindible cultivar todos los instrumentos que nos ayuden a estar juntos y afrontar codo con codo nuestra recuperación, como pueblo, del pulso con la Historia.

12 Comments

  1. juli
    juli 27 julio, 2014

    Endavant !! La única lluita què és perd és la què és deixa de lluitar !!! …PODEM !!

  2. Picazo
    Picazo 28 julio, 2014

    Felicidades. Salud y suerte

  3. JF
    JF 28 julio, 2014

    ¿No es significativo que no podamos tras la «ejemplar Transición española» ni tan siquiera tener un himno nacional con letra? Si señor, hay muchos españoles que no tenemos patria. Pero eso puede cambiar. Democracia y elecciones son dos palabras que vuelven a tener sentido para algunos.

  4. diego
    diego 28 julio, 2014

    mi opinion es q a nuevos tiempos nuevas ideas, yo me siento republicano, y me gusta la bandera republicana y todo lo que ello conlleva…pero partiendo de que la juventud actual ha conocido los hechos de la República, a traves de información y no de realidad….propongo que hagamos una nueva bandera en la que nos aglutinemos todos los españoles en una nueva república y con simbología nueva como los tiempos que corren….por ejemplo una bandera con los colores VIOLETA (nobleza y espiritualidad), AMARILLO (la luz del sol, la energia), AZUL (el color del cielo,estabilidad y profundidad )… asi nadie podria decir que rememora el pasado histórico….

  5. cris
    cris 28 julio, 2014

    Lo que tenemos que acabar con sus privilegios..y nada de gobernar mas de 30 años los mismos..mira andalucia, la generalitad..ETC…ESO ES DICTADURA….MÁXIMO DOS LEGISTADURAS Y A LA CALLE..QUE SE CORROMPEN Y CADA VEZ QUIEREN MAS..

  6. enzo
    enzo 28 julio, 2014

    yo solo se una cosa… pujoles y compañia son todos unos corruptos, los catalanes no entregaremos a cataluña a esas gentes. prefiero una españa con PODEMOS que una cataluña con esa escoria!!

  7. Silvia
    Silvia 28 julio, 2014

    que fuerte! ni un sólo comentario al 15 M quién escribe estas cosas. Tan poca cutura de calle tiene. Porqué se llama podemos? a los señores de los escritorios se les ocurre algo!

  8. Amalio
    Amalio 28 julio, 2014

    Seguro que PODEMOS, simplemente hay que tener confianza y unirnos todos los que deseamos un gobierno que prefiera el bien del pueblo, capaz de castigar a los que violen cualquiera ley, no como lo que esta sucediendo, que es vergonzoso y para mas inri, con el aplauyso de los poderosos, estamos gobernados y juzgados por una piara de personas (no todos, claro) que permiten desmanes, economicos, sociales, policiales, sanitarios, educativos, incapaces de hacer cumplir las mas básicas leyes y normas, ya que muchos de ellos son los primeros en incumplirlas.

  9. Xabel
    Xabel 29 julio, 2014

    No acabo de creer lo que acabo de leer. Como insumiso al ejército y al servicio militar puedo afirmar sin lugar a dudas que lo que nos animaba no era precisamente un «patriotismo del sentido común» sino todo lo contrario, el sentido común frente a la idea de patriotismo. Puedo entender que haya gente que trate de explotar ciertos antecedentes de desobediencia civil en la perspectiva de elaborar un relato constituyente de una nueva formación política, pero que se pervierta el sentido de una lucha y se trate de tergiversar sus premisas es una falsedad propia de impostores-as. La lucha antimilitarista no se dió apelando a una supuesta «patria española republicana» frente a la «patria española franquista», sino cuestionando lo que tenía y tiene la idea de patria en la construcción «ideológica» del mito del ejército unificador, democrático o funcional para forjar un consenso nacional. No cabe más comentario por el momento ni es posible desbordar este espacio con más argumentos. Tan solo citaré uno, el rechazo esencial del movimiento de insumisión a la función del ejército como garante de la soberanía popular que contiene el capítulo VIII de la C.E.

  10. José Luis
    José Luis 31 julio, 2014

    Comprendo y comparto el fondo de este artículo, pero creo sinceramente que la palabra «patria» es AQUÍ del todo irrecuperable dentro de cualquier proyecto volcado en promover una transformación en profundidad, y que habrá que ser valientes y creativos, y renunciar a mimetismos con lo que se siente en otras partes, que tienen detrás historias muy diferentes. «España», atrevámonos a reconocerlo, es un cadáver insepulto. Puede que sea triste, pero es así. Ahora bien, Iberia, la balsa de Saramago, puede ser diferente. Incluso para vascos, catalanes, gallegos y ¿portugueses? ¿Por qué no mirar en esa dirección?

  11. extremanyo
    extremanyo 31 julio, 2014

    Quedan muchas piedras de toque por tastar todavía en la incipiente vida de «Podemos». Es un acercamiento más a la utopía. Pero esta fiesta ilusionada e ilusionante de ver a tanta gente de todas las capas sociales acercarse a esta esperanzadora primavera ya no la para nadie. Yo tengo años como para ser el abuelo de Pablo, pero tiene toda mi ilusión y mi apoyo.

  12. amelia
    amelia 2 agosto, 2014

    En 1964 salí de España en un barco desde Vigo a Inglaterra cargado de pobres y analfabetos españoles en busca de una vida mejor, allí nos encontramos con un trabajo digno, con derechos, con un sueldo aceptable además de sanidad y educación gratuita. Nos entrenaron y ofrecieron una oportunidad. Porque hoy no es así? El nuevo liberalismo de la Sra Thatcher corrompió todas las instituciones en nombre del capitalismo salvaje. Tenemos que luchar para cambiar su codicia y falta de humanidad y Podemos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *