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Una guerra impía que significa un desastre para la democracia

Sami Michael. Haaretz⎮Rebelión⎮26 julio 2014

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

 Baruch Marzel, Yoav Eliasi e Itamar Ben Gvir durante una manifestación de derecha en Jaffa (Foto Tomer Appelbaum)  

El viernes, mientras escuchaba la radio, se apoderó de mí una melancolía que se mezcló con una lágrima. Un soldado árabe israelí estaba siendo entrevistado en su camino del campo de batalla a su casa en la Galilea por un corto permiso de fin de semana. Cantó una canción de alabanza a la bandera israelí, el Estado de Israel y la devoción de los soldados árabes por el ejército isrelí. Dijo que su hijo menor es también soldado, pero no había conseguido la licencia del Shabat, ya que estaba atascado en la lucha en Gaza. Le quitaron el celular a su querido hijo y desde entonces su madre y su padre, que estaba siendo entrevistado en la radio, no habían sabido nada de él. Una situación extraña.

Mi querido nieto también consiguió un corto permiso de Shabat. Ahora está de vuelta sobre las olas, frente a la costa de Gaza. Después de 10 días de combates, los nervios de su madre y de su padre, un exparacaidista, así como mis propios nervios, ya estaban desgastados.

Debido a mi edad avanzada, he acompañado a las guerras absurdas de la humanidad, desde la Guerra Civil española hasta la operación Margen Protector.

Me había jurado a mí mismo silencio desde el 8 de junio de 2014, porque estaba paralizado de preocupación por mi nieto. Estoy violando el silencio no por el soldado árabe que está preocupado por su hijo soldado, y no a causa de la preocupación por mi nieto, sino por temor por el destino de Israel después de esta guerra.

Estoy escribiendo después de que una multitud de extrema derecha que responde a Baruch Marzel ocupó el centro de Haifa . Hizo lo mismo cuando azuzó las calles de Afula, y gente como él hizo lo mismo cuando atacaron a partidarios de la paz en Tel Aviv. Muchos consideran a Marzel un héroe como Sansón, mientras que el soldado árabe-israelí de Galilea, así como los árabes y los judíos que se oponen a la guerra, son considerados traidores.

Mientras que el ejército israelí no ha sido capaz de dominar a ninguna comunidad en la Franja de Gaza, Baruch Marzel, con la ayuda de la operación Margen Protector y la atmósfera beligerante que conducen a ella, ha logrado aterrorizar a las ciudades israelíes.

Desde mi experiencia, he aprendido que la guerra -cualquier guerra- es una enfermedad. Del mismo modo que no hay enfermedades santas, no hay guerras santas. El tambaleante Gobierno del primer ministro, Benjamin Netanyahu y el distanciamiento entre él y sus socios que están a su derecha, han creado la beligerancia bélica. El rechazo de Netanyahu del proceso de paz ha aislado a Israel en la arena internacional.

Vi la primera siembra de semillas de la guerra en el espantoso rendimiento y el horripilante escenario del manejo de gestión en el impactante secuestro y asesinato de los tres adolescentes en Cisjordania. Parece que durante cuatro días, el Generalísimo Netanyahu no permitió que ningún ministro o funcionario en cargo público fuera entrevistado por los medios de comunicación. Se oía voz estridente, una voz profética. La voz de los tambores y banderas, que preparan los corazones de la gente para el fuego y las columnas de humo.

El resultado de la guerra, si continúa, será desastroso para Israel. Baruch Marzel aún tiene que coser los uniformes para sus tropas, pero su oscura amenaza es susceptible de materializarse si Netanyahu continúa su trayectoria, que comenzó con la incitación que condujo al asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin.

Esta guerra ha perdido hace mucho tiempo su camino. Primero nos dijeron que tenemos que castigar severamente a los autores del asesinato de los tres niños en la Ribera Occidental. Después, nos dijeron que teníamos que poner fin a los disparos de misiles desde Gaza. Entonces, a pesar de que la lluvia de misiles se convirtió en un aguacero, se convirtió en secundaria a los ojos de los que están manejando la guerra. Hoy los túneles son el principal objetivo. Una ingenua nación entera está siendo llevada engañosamente de un obstáculo al siguiente.

Mientras tanto, los valores humanitarios y liberales de Israel están siendo pisoteados por las milicias de Baruch Marzel y sus secuaces.

El número de muertos en el otro lado revela una enferma tendencia vengativa de sociedad israelí. Más de 1,5 millones de ciudadanos árabes se están convirtiendo en extraños e incluso sospechosos dentro de Israel. La voz de la sabiduría está siendo ahogada. Toneladas de condenas, de maldiciones y violencia se están vertiendo sobre ella.

Todo el mundo sabe desde hace mucho tiempo que el ejército israelí no tiene el poder para derrotar a Hamas. Pero cada día que la guerra continúa, se hace responsable de derrotar a Israel como un país democrático, y de dar lugar a la aparición de un gobierno de diversas milicias y coroneles.

El escritor es autor y presidente de la Asociación por los Derechos Civiles en Israel.

Fuente original: http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.606448

 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=187716

2 Comments

  1. Dal
    Dal 27 julio, 2014

    Sami Michael ve más que todo su gobierno y todos sus generales. Ve cernirse las amenazas invisibles para aquellos ojos que creen que ven.

    ¿Quién empuja a Israel?

  2. David Sempau
    David Sempau 28 julio, 2014

    ¿QUÉ MÁS QUIERES ISRAEL?

    ¿Cuántas más muertes de mujeres, niños y ancianos? ¿Cuántos más metros cúbicos de sangre? ¿Cuántas más viviendas destruidas? ¿Cuántas más infraestructuras destrozadas? ¿Cuánto más territorio usurpado a sus pobladores? ¿Cuántas resoluciones más de la ONU ignoradas? ¿Cuánto más de todo eso va a hacer falta para aplacar tu insaciable apetito, tu irrefrenable ansia de prepotencia, violencia, sangre y destrucción? Me temo, Israel, que por mucho de todo ello que decidas arrogarte, nunca será suficiente para los sionistas a los que has puesto al frente de tu destino. Esos mismos sionistas a los que los rabinos de Neturi Karta repudian por personificar, precisamente, lo contrario de lo que los textos sagrados judíos dicen y de lo que representa realmente ser judío. Esos mismos sionistas que, a través de su banco PRIVADO denominado “Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos de América”, que tiene el monopolio de la impresión de dólares y de la fijación de los tipos de interés(*), controlan la economía de los Estados Unidos de América y por consiguiente su política, sus votos y sus vetos en la ONU. Naciste mal, echando de su casa a otros para ocuparla tú. Creciste peor, expandiéndote territorialmente como un cáncer a costa de los demás. Les encierras con muros, les cortas el acceso al agua, les limitas su capacidad de movimiento, les privas de la paz y la armonía. Con cada una de tus arrogantes y crueles acciones, con cada muerte de esa niña o de ese niño que jugaban en la playa o frente a su casa, de la que ya no quedan más que escombros humeantes, plantas la semilla de nuevos “terroristas” que, si del gueto de Varsovia o de la Francia ocupada por los nazis se tratara, honrarías y llamarías “resistentes” o “partisanos”. Nada aprendiste del sufrimiento de tus antepasados. O mejor dicho, al parecer sólo aprendiste a descargar ese mismo sufrimiento sobre otros. Tu karma está sellado, el repudio internacional a tus sangrientas acciones va en aumento, llegará para ti el llanto y el crujir de dientes y recibirás multiplicado el desconsuelo que ahora infliges a tantos inocentes. Te lo habrás ganado a pulso, a menos que te libres urgentemente de los voraces halcones que ahora te dirigen y te representan. Pon la paz, la justicia, el amor y la compasión al frente de tus prioridades nacionales. Hazlo cuanto antes, por el bien de todos.

    ¡Salaam/Shalom, PAZ para tod@s!

    David Sempau

    (*) Existe una teoría sobre la muerte de J.F. Kennedy, que asegura que el magnicidio fue ordenado tras haberse atrevido el Presidente a estampar su firma en la orden ejecutiva nº 11.110 de 4 de Junio de 1963, por la que autorizaba al Secretario del Tesoro a emitir papel moneda en billetes de 1 y 2 dólares por valor de un total de 5.000 millones de dólares, respaldados por las reservas en plata del propio gobierno, en lugar de ser emitidos por el Banco de la Reserva Federal como de costumbre. Como cualquier otro banco privado, la Reserva Federal vive de la ESCASEZ de dinero, escasez que trata de controlar a toda costa. Lo primero que hizo el presidente entrante Lindon B. Johnson al tomar posesión de su cargo fue revocar la orden de Kennedy y ordenar el rescate de los billetes ya emitidos.
    Fuente: Richard Douthwaite “Short Circuit” (1996), págs. 109-110

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