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"Las personas jóvenes españolas tenían expectativas de libertades y transformación social muy altas"

JORDI MIR, DIRECTOR DEL CENTRE D’ESTUDIS MOVIMENTS SOCIALS DE LA UNIVERSITAT POMPEU FABRA.

Hemos entrevistado al historiador Jordi Mir para entender el contexto que hizo posible la aparición de una revista libertaria como ‘Ajoblanco’.

Marta G. Franco. Redacción⎮Diagonal⎮28/07/14

¿Qué factores hicieron posible que ideas libertarias tan críticas llegaran a los kioscos de prensa generalista?

A partir de 1974, pero especialmente de 1976, cuando tiene que abrirse mínimamente la censura, eso será posible. No solo por la apertura, fundamentalmente porque hay unas generaciones de jóvenes con una gran voluntad rupturista. Ideas libertarias, marxistas, comunistas, maoistas, feministas… y un poco después las ecologistas y antimilitaristas llenarán las revistas. En el caso de las libertarias, se produce una conexión entre jóvenes que buscan opciones políticas menos rígidas que el marxismo más ortodoxo y una tradición con una gran vigencia en España truncada por la Guerra Civil. Conviene tener presente también que los años sesenta y setenta estas ideas están circulando también en otros países de nuestro entorno. Las personas jóvenes españolas tienen unas expectativas de libertades y transformación social muy altas en aquel momento.

Algunos historiadores habéis dejado claro que la Transición fue conducida desde arriba, por las élites franquistas, pero también parece que el régimen franquista no sobrevivió -al menos intacto- a aquel proceso. ¿Se puede decir que fue por la oposición popular?

Mi posición sería la de reconocer que la movilización frctura las bases del régimen y impide su continuidad. Franco puede morir en la cama, pero la dictadura lo hará en las universidades, las fábricas, los barrios, las calles… Transiciones hubieron muchas que coincidieron. Ninguna se propuso, a mi entender, todo lo que buscaba exactamente. Ya a mediados de los sesenta las universidades empiezan a transitar. Una buena muestra es la creación en 1966 del SDEUB [Sindicat Democràtic d’Estudiants de la Universitat de Barcelona]. La dictadura perderá la universidad. Los estudiantes serán represaliados. No conseguirán la universidad democrática que demandaban, pero la franquista morirá.

Pocos después de que se creara Ajoblanco, sobre todo en los primeros 80, podríamos pensar que hubo un entramado institucional que posibilitó la cultura crítica o alternativa: contenidos punks en TVE, políticas municipales que favorecieron espacios de autogestión o dotaron de ciertas infraestructuras a la cultura juvenil… ¿Estás de acuerdo con esta valoración? ¿Y qué pasó a mediados de los ochenta para que cambiara el contexto institucional?

Diría que el escenario que presentas de los 80 es herencia en muy buena medida de la efervescencia y desarrollo posterior de los proyectos surgidos a mediados y finales de los setenta. En aquel momento hay un escenario del «todo puede ser posible» y un cierto vacío de poder que permite estas iniciativas. Eso se ve en muchos espacios diferentes. Cuando lo institucional empieza a tomar fuerza esos espacios se van reduciendo. Conviene tener presente la voluntad de fortalecer las instituciones y los partidos que las configuran que se estableció en el modelo de Transición triunfante. Ese debilitamiento pudo deberse tanto a la voluntad de excluir, pero también a cierta voluntad de integración. En algunos casos se aposto por las instituciones sin prever efectos de desmovilización que podía tener. No obstante, hay quien siempre continuo aunque las circunstancias no fueran nada fáciles. En este momento histórico también conviene recordar que en países de nuestro entorno había cambios que no ayudaban. Los 80 son los años del triunfo de la contrarevolución conservadora encabezada por Reagan y Thatcher.

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