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Carmen Caffarel: «El nombramiento de Sánchez en RTVE demuestra que el PP no tiene ningún pudor»

* «Si observamos lo que ha hecho el PP con Canal 9 y Telemadrid, no sería descabellado pensar que con José Antonio Sánchez pueda haber una reestructuración en TVE que la deje bajo mínimos», dice la ex directora general de RTVE con Zapatero.

* «Siempre he mantenido la tesis de que fui a Radiotelevisión a inmolarme, a cambiar el modelo», asegura Caffarel.

* «También sufrí presiones. Todas las personas que trabajan en algún medio saben que hay presiones, no sólo del Gobierno, también de los partidos, de los sindicatos….», admite la catedrática, alejada ahora de la vida pública.

Carmen Moraga⎮El Diario⎮15/10/2014

Carmen Caffarel Serra, catedrática de comunicación audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, fue directora general de RTVE entre 2004 y 2007. / Marta Jara

Carmen Caffarel fue directora general de RTVE entre 2004 y 2007. / Marta Jara

Carmen Caffarel (Barcelona, 1953) es doctora en Lingüística Hispánica y catedrática de Comunicación Audiovisual. En la actualidad imparte clases en la madrileña Universidad Rey Juan Carlos. Entre abril de 2004 hasta el 15 de enero de 2007, fue directora general de Radio Televisión Española (RTVE), cargo que desempeñó durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Caffarel sustituyó entonces a José Antonio Sánchez, elegido por José María Aznar en ese mismo cargo.

Caffarel impulsó la Ley de la Radio y la Televisión Estatal y tuvo que afrontar la delicada situación por la que atravesaba entonces el ente público con una gigantesca deuda de más de siete mil millones de euros. Planteó la salida de más de cuatro mil profesionales de la radio y televisión públicas, «todas de forma voluntaria», según afirma en esta entrevista con eldiario.es. Caffarel también fue directora del Instituto Cervantes.

Precisamente, José Antonio Sánchez, hasta ahora director general de Telemadrid, vuelve ahora a ocupar la presidencia de la Corporación de RTVE –nuevamente de la mano del PP–, en sustitución de Leopoldo González-Echenique, que dimitió hace menos de un mes tras la negativa del Gobierno a inyectar 130 millones de euros como plan de viabilidad financiera para el ente. El nombramiento de Sánchez ha sido rechazado por todos los grupos de la oposición.

Lleva usted alejada de la vida pública cerca de tres años, ¿cómo ve la situación actual?

Con preocupación. Cuando regresas a la vida civil y de repente vuelves a poner los pies en el suelo, te das cuenta de las preocupaciones de la gente. Creo que el descrédito de las instituciones y el de la política, e incluso el cuestionamiento de la propia democracia que estamos viviendo en estos momentos, es realmente preocupante.

De todo lo que está viendo, ¿qué es lo que más le indigna?

El desmantelamiento de la sociedad del bienestar, de los pilares básicos, como la sanidad, la educación publica, la información veraz o la atención a nuestros mayores. Por eso estoy en un movimiento social que se llama Movimiento por la Dignidad. Creo que hay que hacer algo para cambiar las cosas.

Y supongo que también la corrupción…

Sí, por supuesto. A mí lo que más me indigna y me preocupa es que las personas corruptas, que se han llevado el dinero de todos, tan necesario en una sociedad en crisis, encima prediquen y se atrevan a hablar en público, a ir por ahí dando consejos de austeridad, pidiendo bajadas de sueldos. También me indigna ver cómo muchas de estas personas se van de rositas y, sin embargo, le caen cuatro años a una persona que se ha manifestado contra una huelga. Para mí todo eso es una de las mayores lacras que está haciendo peligrar la democracia.

Como ex directora general que fue de RTVE, ¿qué le parece el regreso de José Antonio Sánchez a la presidencia del ente público?

Me parece lamentable. Estamos comprobando ya que el PP no tiene ningún pudor, ni siquiera guarda las formas mínimas para intentar buscar a un presidente de la Corporación que tenga un mínimo consenso. La época de José Antonio Sánchez, no lo olvidemos, es la del Prestige, de la guerra de Irak, etc. Y todos sabemos que la manipulación informativa que hubo entonces porque estuvo en boca de todo el mundo. Su gestión en Telemadrid, que hasta ahora preside, hemos visto que ha sido también nefasta. Por eso creo que es la persona menos indicada para el cargo. Pero, además, me consta la preocupación real que hay dentro de la propia casa por el regreso de José Antonio Sánchez.

Carmen Caffarel Serra, catedrática de comunicación audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, fue directora general de RTVE entre 2004 y 2007. / Marta Jara

Carmen Caffarel Serra es ahora catedrática de Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. / Marta Jara

Visto con la perspectiva del tiempo, ¿cree que fue un error el modelo de funcionamiento de RTVE que usted impulsó, como sostuvo el PP, para justificar una nueva reforma?

No, para nada. Lo que sí creo, y lo tengo que decir, es que mi labor quedó inconclusa. Yo siempre he mantenido la tesis de que fui a Radiotelevisión a inmolarme, a cambiar el modelo. Frente a otras personas que hayan podido ser destituidas o dimitidas, yo no lo fui. Yo sabía que iba a empezar y a terminar una labor que sin lugar a dudas pasaba por una regeneración democrática. Que tenía como objetivo la recuperación de la pluralidad, de devolver la radiotelevisión a los ciudadanos, y así se hizo. Porque la ley recogía que el presidente y el Consejo de Administración lo fueran por mayoría cualificada del Parlamento, que es el representante de los ciudadanos. Y que el programa marco se fijara también en el Parlamento.

Durante mi etapa se digitalizó la empresa, se creó algo que poca gente sabe, el Consejo de Informativos, para que los periodistas pudieran blindarse ante órdenes de manipulación que todos sabemos que se han dado. Aunque reconozco que también se cometieron fallos. El tema de la financiación, por ejemplo, que a mi juicio no quedó bien resuelto.

¿Es cierto que heredó una deuda de más de siete mil millones de euros?

Sí, yo heredé 7.500 millones de deuda, con una financiación por parte del Estado de 79 millones. Un presupuesto que no daba ni para abrir la luz en la casa y en los centros territoriales. Pero la ley urgía porque, si no se hacía, entonces sí que peligraba el servicio público de RTVE.

José Antonio Sánchez afirmó que usted había hecho un ERE.

Se ha especulado mucho sobre eso. Sí, he leído estos días que José Antonio Sánchez durante su comparecencia en el Congreso me acusó de haber sido yo la que había hecho un ERE. Vamos a ver… Es que había que hacer una reestructuración profunda. También de plantilla. Pero yo nunca quise hacer un ERE obligatorio. No va con mi forma de ser. Lo pasé francamente mal. De tal manera que se hizo de forma voluntaria y con el consenso unánime de todas las fuerzas sindicales. Además, quise hacer un referéndum para saber qué pensaban los trabajadores y hubo una altísima participación. Salió un 90% que aceptaban esta regulación de empleo, insisto, absolutamente voluntaria. Quien no quiso irse, no se fue.

¿Cree que con el sistema de elección del presidente impuesto por el PP se garantiza su independencia?

Tal y como lo ha cambiado el PP, aprovechándose de su mayoría absoluta, para nada. Es curioso. A mí me parece que este nuevo sistema es una tomadura de pelo. Yo siempre he dicho –porque lo siento así– que, hasta mi llegada, la RTVE era del Gobierno de turno, siempre ha sido usada en beneficio del Gobierno. Luego, con la llegada de Zapatero fue la televisión del Parlamento. Y ahora ya ni siquiera eso. Ahora es del partido que sustenta al Gobierno.

La oposición acusa al Gobierno de Rajoy de haber traído a José Antonio Sánchez para «liquidar” RTVE…

Bueno.. Tampoco quiero ser alarmista sobre datos que no tengo porque están en juego familias que están trabajando y que lo que pueda decir yo podría añadirles más incertidumbre. Lo que sí sé es que cuando yo llegué ya había planes para cerrar algunas de las cadenas. Estaban previstos. Si hubiera ganado otra vez el PP, no sé lo que hubiera pasado. Pero hubo un cambio político y no se realizaron esos planes que iban dirigidos sobre todo a los centros territoriales. Pero si somos observadores de lo que está haciendo el PP con otras instituciones públicas, o lo que ha hecho con la televisión valenciana, o la jibarización de Telemadrid, no sería descabellado pensar que cuando menos puede haber una reestructuración que la deje bajo mínimos.

¿Cree que Montoro ha «asfixiado» económicamente a RTVE para forzar la salida de González-Echenique y poder colocar a Sánchez al ser una persona más cómoda para los intereses del Gobierno y del PP?

Claro…, aunque esa es una presunción. La prudencia es importante aunque yo me remito a los hechos. Pruebas ha habido en otros sectores. Y hay un hecho cierto y es que la financiación ha vuelto a bajar a unos extremos que están ahogando a la empresa. Aunque estemos en unos momentos de crisis, creo que la información plural y contrastada es más importante que nunca.

Carmen Caffarel Serra, catedrática de comunicación audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, fue directora general de RTVE entre 2004 y 2007. / Marta Jara

Caffarel admite que cuando estuvo en RTVE recibió «presiones, como todo el mundo». / Marta Jara

¿Qué le parece que el propio Sánchez haya reconocido que hizo trabajos para el PP cuando trabajaba como corresponsal parlamentario de ABC?

Yo soy de la opinión de que la Radiotelevisión española debe estar dirigida por alguien que no esté del lado de ningún partido político. Si tú militas en un partido político o estás próximo a él, tenderás a ver las cosas igual que las ve ese partido político. En ese sentido, reivindico la neutralidad y creo que Sánchez, que viene de Telemadrid, no es el mejor ejemplo de independencia. Es muy difícil no contestar favorablemente a las presiones que hacen todos los partidos políticos a los directores o a los presidentes de la televisión.

¿Usted las sufrió?

Hombre, ¡claro! Como todo el mundo. Todas las personas que trabajan en algún medio saben que hay presiones, no sólo del Gobierno, también de los partidos, de los sindicatos… Es lógico que todo el mundo quiera que su información salga. Pero desde aquí quiero dar públicamente las gracias a Fran Llorente [jefe de Informativos de TVE en esa etapa], porque los dos de la mano supimos resistir las presiones. Porque claro que sí que las hubo.

¿De Zapatero?

Del único que nos las hubo fue de Zapatero, de verdad. Porque fue un presidente del Gobierno que se creyó a pies juntillas la independencia de RTVE.

Durante su mandato usted también fue acusada por parte de la oposición, entonces el PP, de «manipulación» informativa.

Sí. Para mí fue algo sorprendente, dado que no pertenezco al ámbito de la política. A los veinte días de ser nombrada, tuve la primera comparecencia en el Congreso para exponer mi programa y la diputada Macarena Montesinos me atacó muy duramente, incluso como algo personal, diciéndome que era «una comisaria política de Felipe González». Me quedé realmente sorprendida. «Pero si no me ha dado usted tiempo a llegar», le contesté… Yo me siento muy orgullosa de mis comparecencias, pese a que fui muy cuestionada. Creo que también por ser mujer y venir del ámbito de la universidad. Y lo digo honestamente.

Fran Llorente y Urdaci fueron dos modelos, como profesionales, contrapuestos.

Sí. Cuando a mí me eligieron directora general, pensé enseguida en que tenía que elegir un director de Informativos. Yo ni siquiera destituí a Urdaci. Es tan orgulloso que hizo que le destituyera Sánchez antes de que yo llegara. Yo quería un modelo de informativo como La 2 Noticias porque era plural, aparecía la sociedad civil, la ecología, la cultura, muchos colectivos que normalmente, por desgracia, no estaban en otros informativos.

Me enteré de quién era la cabeza pensante de este informativo y me dijeron que Fran Llorente. Me costó mucho convencerle, pero al final se ve que mis dotes de persuasión funcionaron. Formamos un buen tándem. Creo sin lugar a dudas que Fran ha sido el mejor director de Informativos que ha habido en televisión. Primero, porque no ha manipulado y, segundo, porque trabajó con un equipo que funcionó como un cortafuegos de las presiones que llegaban de todos los lugares, logrando hacer unos informativos que han sido reconocidos como los más plurales, incluso internacionalmente.

¿Por qué cree que se ha llegado a esta situación de absoluto descrédito, no sólo de la televisión nacional y de las autonómicas, sino de algunos otros medios?

Yo iría incluso más allá y hablaría de todos los medios de comunicación, en general. La escasa reputación y la escasa credibilidad que tienen pasa porque, a mi juicio, la política ha intervenido mucho en los medios y los medios en la política. El espectador y el lector son muy listos, no hay que darles las cosas como si fueran pasto para que lo coman. Hay que hacer una información plural para intentar recuperar ese prestigio y esa credibilidad que es tan fundamental en los medios. Precisamente yo estoy haciendo en la universidad un estudio sobre eso. La confusión en el caso de la crisis del ébola, por ejemplo, entre información, propaganda y opinión, es realmente espeluznante.

¿Qué fórmula propondría para que económicamente las televisiones publicas puedan sostenerse? ¿Volver a la publicidad?

A mí me sorprendió el tema de la publicidad y lo digo honestamente. Ya he dicho antes que en mi etapa se cometieron errores, como fue no cerrar la financiación de una forma estable, ceder un poco a las presiones de las televisiones privadas para prescindir de la publicidad. Y me pareció sorprendente en tanto no hubiera otra forma de garantizar unos presupuestos. En Europa hay grandes radiotelevisones de carácter público que están apoyadas por los ciudadanos con sus impuestos, directos o indirectos. Es una manera de garantizar un principio fundamental como es el derecho a la información.

¿Un canon?

Bueno, un canon directo o indirecto. O que los Presupuestos Generales del Estado garanticen un mínimo de sostenibilidad del servicio público.

¿Es partidaria de que desaparezcan las autonómicas?

Más de que desaparezcan, por lo menos de reformularlas. España es el único país de Europa que con dinero público se están financiando dos sistemas de radiotelevisiones públicas, uno de carácter nacional y otro de carácter autonómico, que además compiten entre ellos. Creo que ese es un modelo que habría que haber cambiado. Por supuesto que es importantísima la información local hoy en día. Pero ocurre que las televisiones autonómicas dependen de los Gobiernos autonómicos, que en su mayoría están ahora en manos del PP. Y todos quieren manejarlas.

El de Valencia, por ejemplo, es un caso sangrante. No me duelen prendas decirlo. El señor Pons, que entonces era el consejero de Comunicación de la Generalitat Valenciana, me propuso que los informativos sobre la Comunidad me los iba a dar en un vídeo. Yo le dije: «Pero ¿cómo te atreves siquiera a plantearlo?». Luego intentó que quedara todo como una boutade.

Usted ha sido también directora del Instituto Cervantes, ¿cómo recuerda la experiencia?

Muy interesante. Por que me vino a corroborar algo, que la cultura –y la lengua– es la primera y la mejor imagen pública que puede tener un país en el exterior. Y desde ese punto de vista, poder hacer políticas culturales plurales fue un verdadero lujo. Pero dicho esto, también tengo que decir que hubo que trabajar mucho.

¿Qué opina de Wert como ministro de Cultura y de Educación?

Creo que es un desastre y lo digo honestamente. Hay cosas con las que no se juega. Y con la educación no se juega, como tampoco se juega con la cultura. Son los dos pilares básicos de la sociedad, de la formación de nuestros jóvenes que van a ser los dirigentes del mañana. Y nos estamos encontrando con que la cultura ha desaparecido. Y lo peor es que esto, como ciudadanos, nos está empobreciendo.

Como catalana que es, ¿cómo ve lo que está ocurriendo con la consulta y el proceso soberanista en Cataluña?

Es un problema muy complejo. A mí misma me cuesta tener superclaro qué puede suceder. Creo que todo esto es consecuencia de un proceso que fue mal abierto, mal tratado, que viene de mucho antes. Esta situación no llega porque sí. Llega porque desde hace mucho tiempo ha habido una gran animadversión para afrontarla, sobre todo por parte del PP.

¿La solución es una reforma constitucional, un Estado federal como propugna el PSOE de Pedro Sánchez?

Creo que es necesaria una reforma constitucional. Un Estado federal, con el consenso de todos, sí. No sé si exactamente el modelo de Sánchez, porque no lo conozco al detalle. Hicimos una Transición ejemplar pero no está acabada, habría que reformular. La sociedad lo pide, está clamando por participar, no quiere votar sólo cada cuatro años.

Para eso haría falta un gran acuerdo entre los dos partidos, ¿ve posible un gran pacto entre el PP y el PSOE?

Pues no, la verdad. Ahora mismo me parece imposible por las diferencias que mantienen en muchos aspectos. Veo complicado que puedan llegar a este pacto. Y si lo hay, que oigan también a los ciudadanos que están muy cansados del bipartidismo de los partidos que, cuando gobiernan, transforman su programa electoral o intentan perpetuarse en la política.

¿Le gusta la renovación que ha habido en el PSOE con Pedro Sánchez?

Bueno, tampoco tengo mucho conocimiento de causa. Es un partido en el que nunca he militado. Pero creo que la regeneración era absolutamente necesaria. Era un partido que se estaba yendo a pique, desmembrándose. Vamos a darles un voto de confianza. Sobre todo, yo a Pedro Sánchez le deseo suerte, porque su suerte será la suerte de muchos otros ciudadanos.

¿Y qué me dice de Podemos? Hay a quien le asusta su ascenso.

A mí no me asusta, en absoluto. Creo que es el síntoma de que la ciudadanía ha dicho: «Hasta aquí hemos llegado. Señores del Gobierno y de los partidos, les estamos pidiendo cosas y ustedes no nos escuchan». Es legítimo que quieran organizarse para presentarse a las elecciones. Evidentemente, el tiempo pondrá a todos en su lugar. Conozco algunos de los que están en Podemos porque están en la facultad. Tengo muy claro que están recogiendo el sentir de muchos ciudadanos que están hartos, no de la política, sino de los partidos políticos.

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