Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Ana Botella como síntoma

Paco Bello | Iniciativa Debate | 15/11/2014

«Aquí fueron asesinados por la banda terrorista ETA Luis Carrero Blanco, Juan Antonio Bueno Fernández y José Luis Pérez Mogena el día 20 de diciembre de 1973. Verdad, memoria, dignidad y justicia».

Así rezaba, según las primeras informaciones aparecidas, la placa con la que la alcaldesa de Madrid, Ana Botella (y con ella, obviamente, su partido), pretendía homenajear al que fuera presidente del Gobierno fascista y mano derecha del truculento dictador Francisco Franco. Posteriormente desde el Ayuntamiento se ha desmentido esta información atribuyéndolo a “un error de una agencia de noticias”, y añadiendo que a Carrero Blanco ya se le dedica una placa en Claudio Coello, la misma calle del barrio de Salamanca en la que ahora se instalará una nueva placa con los nombres de su escolta y su chófer.

2014111013591595711
Esta placa conmemorativa a un criminal fascista sigue hoy recordándonos que España es diferente

Esta aberración en cualquier caso va mucho más allá de una interpretación interesada del acuerdo que suscribieran todos los grupos presentes en la corporación municipal, e incluso va más allá de las leyes, o de un nombre concreto, e incluso de una alcaldesa. España no ha roto con su pasado y son muchos los ejemplos que lo confirman.

Desde el 78, supuesto reinicio de la democracia, hemos tenido legislando en el Parlamento, sentenciando en el Judicial y decidiendo en el Ejecutivo a miembros de aquellas instituciones franquistas de los que ahora todavía ‘disfrutamos’ en forma de descendientes, familiares y allegados. El poder económico sigue en manos de las mismas familias que dieron soporte económico a aquel régimen y a otros anteriores, y hoy es Jefe del Estado el hijo del heredero de Franco, ese que juró cumplir los principios del Movimiento Nacional, esos principios que a posteriori nunca condenó (y que el nuevo rey tampoco ha condenado). El mismo que dedicaba estas palabras al Caudillo:

El general Franco es verdaderamente una figura histórica y política decisiva para España. Él es uno de los que nos sacó y resolvió nuestra crisis de 1936. Después de esto, actuó políticamente para sacarnos de la Segunda Guerra Mundial. Y por esto, durante los últimos treinta años, ha sentado las bases para el desarrollo de hoy (…). Para mí es un ejemplo viviente, día a día, por su desempeño patriótico al servicio de España y, por ello, yo tengo por él un gran afecto y admiración.

Juan Carlos I

Tampoco, por mucho que desde la propaganda mediática se quiera vestir de dignidad a esa familia de déspotas y vividores, e incluso aunque nos bombardeen con series televisivas onanistas de realeza ficción, se puede olvidar quién fue realmente el padre de Juan Carlos. Alguien educado para sentirse muy por encima de los demás, y que como cualquiera de sus sucesores y antecesores hubiera pactado con el peor de los monstruos y a cualquier precio siempre que ese pacto salvara su estatus:

«7 de diciembre de 1936 Excmo. Sr. General Don Francisco Franco. Mi respetado general: En forma tal vez impremeditada, cuando la guerra de España tenía sólo el carácter de una lucha interna, he intentado tomar parte en ella. Aunque me impulsaban sentimientos bien ajenos a la política, comprendo y respeto las razones que entonces movieron a las autoridades a impedir mi incorporación a las tropas. […] Le ruego en todo caso disculpe el que confíe a su corazón de soldado este anhelo mío de servir a España al lado de mis compañeros. Con mis votos más fervientes por que Dios le ayude en la noble empresa de salvar a España, le ruego acepte el testimonio del respeto con que se reitera a sus órdenes y muy afectuosamente e.s.m. Juan de Borbón»

Juan de Borbón

Primo de Rivera und der König von Spanien
Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera

Y podríamos seguir hacia arriba y hablar del padrino de boda de Franco, Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos y padre de Juan. El mismo que ayudó a financiar a su monórquido ahijado ferrolano en su cruzada contra la democracia. El mismo que se valió de otra dictadura, la de Primo de Rivera, para conservar sus hereditarios y egocéntricos privilegios provocando el que a ese pueblo al que decía defender se le reprimiera y despojara de su propia condición hasta convertirlo en inofensivo súbdito.

Si ahora mismo resucitásemos a un adulto de principio del siglo pasado y le preguntásemos en qué país del futuro había despertado, sin duda lo reconocería solo por sus peculiaridades políticas. El turnismo, la monarquía, y ‘el separatismo’ se mantienen como factores enquistados de disputa y crítica, pero todavía como algo ajeno a la soberanía de una ciudadanía que, en muchos casos, sigue actuando como comparsa de los intereses de una clase a la que no pertenece y a la que nunca pertenecerá.

Tampoco le resultaría extraño a ese viajero del tiempo que la religión en general, y la iglesia católica en particular, siga rigiendo algunos destinos nacionales por encima de lo que puedan hacerlo las circunstanciales potencias mundiales. Para nada le resultaría insólito, como hoy sigue sin parecerlo, que el promotor del Concordato imperial entre la Santa Sede y la Alemania del Canciller Adolf Hitler, el más que polémico secretario de Estado del Vaticano, Eugenio Pacelli, fuera el elegido para bautizar al futuro rey de España en la capilla extraterritorial de la Orden de Malta en Roma. Ese entonces cardenal sería un año después el papa Pío XII, el que amenazaba con excomulgar al que votara a los comunistas, pero que al mismo tiempo pedía perdón y clemencia para los perdedores de la IIGM, para los criminales de guerra fascistas europeos. Causalmente fue también el que reconoció como legítima la dictadura de Franco y su Nacional-catolicismo.

Palio
Lo mismo para un roto que para un descosido

Y es que hoy, al menos en este país, sigue sin resultar efectivamente anacrónico que los que deciden sean los mismos poderes que ya lo hacían hace 1.000 años, ni implica consecuencia alguna el que un nuevo monarca, aunque hablemos del 2014 y más allá de la adaptación discursiva insustancial tanto de uno como de otros, decida que su primera visita oficial como tal sea al Vaticano. Pero qué se puede esperar de un país que sostiene gobiernos en los que los ministros imponen medallas y/o se encomiendan a vírgenes y santos para resolver el trabajo que ellos no hacen.

Es normal que una alcaldesa con pocas luces pueda sentir la tentación de homenajear a un asesino, claro que sí. Aquel golpe de Estado criminal del 36 y una guerra que el bando golpista (como le reprochaban incluso sus aliados fascistas) podía haber resuelto un año antes del 39 y que fue prolongada para imponer el miedo con la muerte y la barbarie; un país que mantuvo ese estado de guerra hasta el año 48 para poder eliminar sin juicio cualquier conato de disidencia durante todo un decenio, y en el que en el mejor de los casos se humillaba, torturaba, violaba y sometía a los perdedores que no eran ejecutados; un Estado en el que se firmaban después las sentencias de muerte tomando café, y que pese a todo siempre contó con el beneplácito y la colaboración activa de la monarquía y la iglesia… es difícil sentirlo como algo inhumano si no se tienen unas cuantas neuronas activas en aquella parte del cerebro que se ocupa de la abstracción. Aquí no se nos ha permitido mirar con repulsa hacia atrás y convertir ese sentimiento en algo general e incontestable porque nunca ha existido un ‘atrás’. En lugar de eso, hoy, la cuadriga que transporta a esta sociedad está siendo desbocada hacia un nuevo infierno, esta vez neoliberal, por los mismos que la han conducido siempre, y que siempre han tenido la misma ideología: la del desprecio por los demás y el amor patológico por ellos mismos.

1294706716960carreroc4

Por eso no es absurdo que pretendan homenajear a quienes quieran, aunque quizá si siguen así consigan que haya quien desee ver volar más coches, pero con ellos dentro, e incluso que al caer lo hagan sobre algún religioso de renombre.

Ana Botella es solo un síntoma, aunque uno más de tantos lo suficientemente graves como para que reconozcamos que estamos muy enfermos. Y lo suficientemente doloroso como para que decidamos que necesitamos curarnos cuanto antes.

3 Comments

  1. aldana
    aldana 15 noviembre, 2014

    Que no se ha roto con el pasado nos lo escupen las noticias cada día y no solamente con el franquismo sino también con siglos de historia que arrastramos las gentes de este país como los esclavos antiguamente arrastraban las cadenas.

    Llevamos una epidemia impregnada de la que no somos capaces de deshacernos. Iglesia, reyes, terratenientes, empresariado.Y es que parece que a medida que pasan los siglos llevamos una carga nueva y cada vez más pesada.

    Quizás algún día nos revienten con élla y será la única forma que esos parásitos, vividores, malnacidos desaparezcan porque no tendrán a nadie a quien cargar y entre éllos se devorarán

  2. beniezu
    beniezu 16 noviembre, 2014

    Excelente artículo, es una fotografía realista de lo que fue es y será el Estado español, como los sufridos ciudadanos no se sacuda el ya inaguantable letargo que se viene cargando desde ya casi ochenta años atrás. El mayor problema se arrastra por estas tierras es la falta de memoria histórica, y este hecho no lo es por generación espontánea y natural, como algunos intelectuales de contrata suelen afirmar, es una consecuencia de un plan minuciosamente planificado para vaciar cerebro de recuerdos históricos que al Régimen le ha interesado apagar, porque este Régimen Juan carlista, es la continuidad de aquel otro, cuya impresentable y horrorosa imagen se pretende borrar, por razones obvias. Si queremos salir de negro agujero vacío de desmemoria histórica en el que este Estado llamado de España, se encuentra, debemos recuperar la memoria histórica como apremiante tarea para recuperar nuestra dignidad como pueblo y como ciudadanos libres. Se suele decir que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla” Y por estas tierras con más razón, porque la desmemoria no es por alzhéimer sino por una desmemoria forzada.
    Recomiendo el enlace incluido aquí, un artículo tendente a clarificar la memoria de lo que fue la llamada Transición y sus negras consecuencias heredadas actuales.
    http://beniezuma.blogspot.com.br/2014/10/el-gran-engano-de-lamodelica-transicion.html

  3. remigio III
    remigio III 18 noviembre, 2014

    Nunca desapareció el NO-DO franquista . Tampoco desapareció el TOP. todo sigue igual. Los perros han muerto pero sus hijos viven y reinan todavía. Aquí, en mi País Valenciano las cosas malas del resto de naciones peninsulares , como extorsiones amenazas y agresiones se multiplican por el hecho de tener todos los grupos fascistas juntos. Hay bastantes vídeos qeu lo muestran. Agresiones de los grises franquistas (ahora visten de azul) descaradas injustificables … El genocidio, parece que terminó la masacre todavía pervive.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *