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De Felipe VI de España (y un poco de Alemania)

Juan Carlos Monedero⎮Comiendo tierra⎮

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En la película Flores de otro mundo, la directora Itziar Bollaín quiso demostrar la enorme soledad de un triste personaje que recibía el castigo del abandono por haber confundido la necesidad con el cariño. Para retratar el máximo aburrimiento, lo retrató cenando solo en Nochebuena, en la cocina, viendo con cara distraída el discurso del rey en la televisión mientras el tiempo que se hacía eterno avanzaba con una parsimonia rencorosa.

Esta Nochebuena, un millón trescientos mil españoles más que el año pasado decidieron prestar atención al televisor a las 21:00. En total, 7.821.000personas, la mayoría en familia, escucharon el primer discurso de Felipe VI, atentos sobre todo por la novedad y también por el morbo de si daba los pasos que nunca se atrevió a dar su padre. Contra la decepción de los adultos, la única gracia de este discurso estaba en que por vez primera los reyes no eran los acostumbrados padres, sino, cosas de las sucesiones, los reyes.

Quien esperara que Felipe VI anunciara su abdicación, la convocatoria de un referéndum sobre la forma del Estado y su firme compromiso con un cambio radical en el modelo económico poniendo en su sitio a Merkel (de Alemania), debiera enfrentar de una vez el hecho doloroso de que somos un reino, con alguna frecuencia bananero (al que pueden añadir, si se trata de complejizar el marco, que las memorias de Belén Esteban arrasaron las últimas Navidades o que Floriano dice sin que se le mueva un músculo de la cara que la economía española es la envidia del mundo).

En verdad, la única novedad que se podía esperar del discurso de Nochebuena estaba en los temas que iba a tocar, en si iba a acordarse de personas incómodas en ese escenario tradicional de cuento de hadas (su hermana y su yerno, los enfermos de hepatitis C y de otras enfermedades que se están muriendo desasistidos, la gente que ha perdido su vivienda) y en quizá, sólo quizá, si iba a dar un paso más allá e iba a señalar las causas responsables de tanto desaguisado.

La primera parte sorprendió a mucha gente porque la selección de temas era, si bien no completa, correcta. La corupción hizo su entrada sin rodeos. Al decir, además, que la justicia funciona -aunque es cierto que afirmado así es un exceso- mandaba un reconocimiento implícito al coraje del juez Castro al insistir en que no deben existir “tratos de favor”. De la misma manera se reconoció que se han reventado las costuras territoriales en Cataluña. También que había mucha gente que estaba sufriendo por culpa de la situación económica y que toca hacer un esfuerzo con los más vulnerables (nosotros lo hemos llamado “rescate ciudadano”). Por último, reconoce que hay un debate abierto con la Constitución, si bien, obviamente, su apuesta es por mantener ese marco que le permite continuar en su cómodo puesto de trabajo. Y tampoco debiera quedar de lado su apelación final a la ilusión, presente en el tono general del discurso. Sabe el monarca que hay un horizonte político de cambio en España que está apelando a anhelos que estaban enterrados. Apelar a esa emoción es un intento, quizá desesperado, para intentar convertirla en apoyos propios. Aunque, como dicen en Galicia, “tarde piaste, pajarito”.

Dos grandes ausencias empantanan el discurso de Felipe VI. Insisto en que no es extraño. El Rey no escribe sus discursos sino que lo hace el Gobierno. Por la Constitución, el Rey es irresponsable y todos sus actos deben estar refrendados. Puede haber existido un pulso entre los interlocutores de Felipe VI y los del Gobierno (ambos pugnando por colocar lo que mejor sirviera a los intereses de uno y de otro), pero quien autoriza el texto es Rajoy. ¿Y alguien cree que Rajoy va a permitir que haya algo en ese saludo que le perjudique?

Es por eso, y porque la monarquía es donde se concilian todos los intereses del régimen del 78, que en el discurso no están los asuntos más ominosos. No están los tres millones de parados que no reciben cobertura, los doscientos desahucios diarios, los exiliados económicos, las mujeres víctimas de la violencia machista, la gente sin electricidad en su casa, los enfermos a los que se niegan los medicamentos, las mujeres que triplican su tarea por los recortes en cuidados, los jóvenes que no tienen futuro en su país, los que se han suicidado desesperados por su situación económica, los estudiantes ausentes en las aulas, los 800.000 niños pobres desde 2008. Tampoco están los corruptos más cercanos a su propia responsabilidad, a su círculo de amistades o a los partidos del régimen del 78: Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín, Díaz Ferrán y Arturo Fernández, la red Gürtel y los ERE, la red Púnica o la reforma de la sede del PP.  Por supuesto, tampoco está la Troika ni el Banco Central Europeo, ni los que nos hacen perder soberanía ni los que nos están desangrando por la deuda.

Y también es por eso que en la solución no aparece el único remedio contra la pérdida de democracia que sufrimos: un proceso constituyente donde el derecho a decidir afecte a todos los ámbitos de nuestra convivencia. Lejos de esto, el monarca insistió en sostenella y no enmendalla, pues la Constitución de 1978, convertida en papel mojado en sus aspectos más avanzados, es hoy el candado que sostiene nuestro roto país y los privilegios que la casta –la palabra clave de 2014- lucha por mantener.

Buen talante vinculado al tono, la juventud y el cambio respecto de Juan Carlos I, apelaciones a la ilusión, peticiones de paciencia, invitación casi desesperada a no buscar alternativas, ruegos para enmascarar los conflictos creyendo que porque no se vean dejan de existir, ofertas vacías de renovación y, como eje central, repetir la transición sobre la inmutabilidad de la Constitución de 1978. Estos son los ejes de un discurso que, como no podía ser de otra manera, no puede tener más alcance que el que puede tener. La dicción de Felipe VI es mejor que la de Juan Carlos I, pero eso no basta para articular mejor las palabras de la democracia. Se agradece la juventud y el aire renovado del discurso, el mayor espacio simbólico -aunque la misma apertura-, un sofá familiar vacío para que el pueblo piense que se puede sentar, y un mayor desenfado en las formas. Pero ahí no está el cambio que necesitamos.  El primer discurso de Felipe VI tiene también algo de último porque ha decidido (empezó cuando renunció a un referéndum sobre la jefatura del Estado) continuar su apuesta por el pasado. Ya todos van a ser igual. Es la hora de la ciudadanía. Y ahí no hay espacio para ninguna tutela.

Fuente: http://www.comiendotierra.es/2014/12/26/felipe-vi-de-espana-y-un-poco-de-alemania/

4 Comments

  1. paco
    paco 26 diciembre, 2014

    Yo no vi el mensaje del Rey. No soy monarquico.
    Pero estoy agradecido al papel moderador de su padre.
    Estoy agradecido al régimen del 78 porque desterró el analfabetismo, atendió mediante la sanidad pública a todos , dio autonomía a los pueblos de España, aumentó la renta de todos, pudiente votar libremente a quien quisiéramos.

    No quiero ver Aznar u otro parecido de presidente de la república, porque simplemente eso sería una catástrofe para los más débiles y una vuelta a los mismos problemas del siglo XVIII y el empobrecimiento de todos.

    España nunca será una república por desgracia. Solo puede ser cuatro o cinco a la vez.

    Salud

  2. David Sempau
    David Sempau 26 diciembre, 2014

    Chapó por la imagen del encabezamiento.

    Etimología de ilusión, según el Dr. Guido Gómez de Silva en su «Breve diccionario etimológico de la lengua española»: ‘percepción errónea de la realidad; creencia errónea; esperanza sin fundamento’. Latín tardío lllusionem, acusativo de illusio (radical illusion-) ‘ilusión’, del latín illusio; ‘acción de burlarse o engañar’, de illusus, participio pasivo de illudere, ‘burlarse, mofarse de, engañar’, de il- ‘contra’ + ludere ‘jugar’. Eso es lo que hace la casta desde su castillo del poder, BURLARSE de sus súbdit@s/víctimas, es decir, de tod@s nosotr@s.
    El único discurso de este pájaro que escucharé gustosamente será el de despedida porque la República le haya puesto a él y a su familia de parásitos de patitas a la calle.
    ¡Un abrazo para tod@s y Felices Fiestas!

  3. Tony indignado
    Tony indignado 28 diciembre, 2014

    Lo que yo creo es que todas las familias tenemos la televisión puesta ese día cuando estamos cenando, pero son pocos los que escuchan al Preparao, excepto algunas frases que cogemos, porque estamos hablando y ni puto caso; por lo menos en mi casa ha sido así y tanto mi esposa Miriam como yo, cuyo ordenador comparto, hemos tenido que enterarnos del mensaje al día siguiente por internet y el telediario, pero está claro que en lo que dijo no hubo ninguna novedad, sino la repetición de lo que decía el papaíto Bobón, palabras huecas que se lleva el viento. SI hay que terminar con la corrupción y con el paro, ya lo sabemos y que Cataluña y España se necesitan, lo sabemos también; tampoco hay que esperar nada nuevo porque el guión lo escribe la Vicepresidencia; a mi juicio, parecía enteramente que estaba hablando Rajoy; y para eso pagamos a un monarca, para que repita los discursos de Rajoy? es todo un embuste, igual que la salita que ni era de Zarzuela, ja ja ja. Está claro que si el Preparao no gobierna y por lo tanto no sirve para acabar con el paro y la corrupción que criticó, qué coño falta nos hace una monarquía? para que vivan fastuosamente con nuestro dinero y disfracen la realidad? Tenía que darle vergüenza presentarse sin haberle elegido en referéndum y ser la marioneta de la casta corrupta, aunque como su familia, ya sabe bien lo que es eso. Creo que a Iglesias le falta pronunciarse claramente en este aspecto y no darle tantas largas, no vaya a darnos gato por liebre.
    Y dado que habla tanto Rajoy de que se terminó la crisis y tenemos que felicitarnos porque al parecer, todo va de maravilla, aprovechando que estamos en Navidad voy a felicitar a la casta con un villancico apropiado para recordarles la realidad del país en vez de la que nos cuenta Rajoy

    FELICITACIÓN DE NAVIDAD para quienes están HUNDIE…:

    http://youtu.be/ozUFFW1b8dM

  4. una cabreada
    una cabreada 29 diciembre, 2014

    Me gusta mucho opinar cuando hay artículos de la Familia Real porque suelen ser muy interesantes. En mi casa vimos el discurso también y se notaba que estaba escrito por el PP porque fue idéntico al del Rey durante tantos años diciendo lo que todos queremos oír. Sin embargo, me pareció una impostura que saliera Felipe VI cruzado de piernas como si estuviera en un coloquio familiar y qué vergüenza no tener ni un belén y además, el cuartito fue improvisado y con la foto de Letizia de pequeña, como si nos importara algo cómo era en su infancia, un horror me pareció todo y yo tampoco sé para qué tenemos una monarquía si no es para aumentarnos los gastos sin hacer nada por el país, sería mejor una república como la de Alemania, que esos sí que son progresistas.

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