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Las peligrosas mentiras del sindicalismo domesticado

Carlos Delgado | Iniciativa Debate | 3/4/2015

Con el título ‘Para derrotar a Syriza están dispuestos a destruir la UE’, el veterano sindicalista Javier Doz publicaba hace un par de semanas en el portal nuevatribuna.es un artículo, del que también se hizo eco Iniciativa Debate, en el que denuncia el chantaje al que la Unión Europea está sometiendo al nuevo Gobierno griego de Alexis Tsipras, y desde el que termina animando a «pararles los pies» a los responsables políticos europeos.

Por su perspicacia, su claridad y su tono rebelde y solidario, es muy difícil para alguien de izquierdas no compartir gran parte de lo expuesto en dicho artículo, tal y como atestiguan las visitas, valoraciones y comentarios que ha suscitado en esta página. Sin duda, la dilatada trayectoria sindical de su autor le proporciona una perspectiva privilegiada: Javier Doz (Madrid, 1951) ha venido ocupando cargos de responsabilidad en Comisiones Obreras desde hace cerca de 40 años, 16 de ellos (hasta 2013) como miembro de la Comisión Ejecutiva. Hombre próximo al secretario general Fernández Toxo, Doz ocupa actualmente el cargo de adjunto a la Secretaría General y, desde el pasado mes de octubre, es el presidente de la Fundación 1º de Mayo (el think tank del sindicato), un puesto que había quedado vacante tras la dimisión de Rodolfo Benito por su implicación en el escándalo de las tarjetas black.

Las diferentes funciones que Javier Doz ha venido desempeñando a lo largo de décadas en CC OO y, sobre todo, sus 13 años (2000-2013) al frente de la Secretaría de Internacional, le han llevado a representar al sindicato en numerosos organismos transnacionales. Ha viajado por varios continentes para asistir a conferencias de la Organización Internacional del Trabajo, reuniones ministeriales de la Organización Mundial del Comercio y hasta cumbres del G-20. La suya es, en consecuencia, una posición de privilegio para observar el panorama global.

Y sin embargo, a pesar de su amplia experiencia y de la claridad y perspicacia señaladas más arriba, el señor Doz aprovecha el artículo en cuestión para esconder o una ingenuidad sorprendente o un sospechoso cinismo, al tratar de colar afirmaciones como estas:

«Quienes mandan de verdad en Europa [son] Merkel y Schäuble».

«Los fundamentos profundos de la crisis política de la UE están en la mala gestión de la crisis financiera y económica (…) y el carácter escasamente democrático del funcionamiento de las instituciones de la UE».

Son varias (más de una) las «corrientes que hasta hoy han protagonizado el proyecto europeo».

«Los actores del drama [quienes gestionan la crisis] carecen de unos objetivos bien definidos y de una estrategia clara».

En un analista de izquierdas, cualquiera de las conclusiones anteriores sería síntoma de una miopía grave; en un alto cargo de un sindicato vinculado desde su fundación al Partido Comunista de España, las frases entre comillas evidencian una ceguera inaceptable que lo incapacita para ejercer como defensor de los trabajadores. Y en ambos casos, es también posible que no se trate de un problema de visión, sino de domesticación.

Porque hay que ser muy ciego o muy dócil para pretender que quienes mandan de verdad en Europa son la señora Merkel y su ministro de Economía. Como cualquier trabajador medianamente formado e informado puede comprobar a diario, los que mandan en Europa son los mercados, ese eufemismo tan socorrido tras el que se esconden los nombres, apellidos y razones sociales de las fortunas más prósperas de Europa y del mundo (BCE+FMI): la mafia financiera transnacional, la misma que provocó la crisis que estamos pagando entre todos. Merkel, al igual que Hollande o Rajoy, no es más que una simple funcionaria que hace pasar por suya la voluntad de sus amos. Si Merkel tuviera la independencia que se le adjudica, ¿por qué iba a consentir, por ejemplo, que la calificación (o valor de mercado) de las deudas soberanas europeas, incluida la alemana, la sigan estableciendo las agencias norteamericanas, las mismas cuyos aberrantes y temerarios pronósticos condujeron al crack de 2008? ¿O por qué iba a mostrarse tan dispuesta a firmar un acuerdo comercial (el infame TTIP) con el amigo americano, sabiendo que ese aliado la ha estado espiando a ella y a sus socios? ¿O por qué iba a aceptar sin rechistar que los términos de dicho acuerdo deban permanecer en secreto durante 30 años? No; la señora Merkel, como sus colegas esbirros, no tiene ni libre albedrío ni mando alguno para imponerse a las otras dos patas de la nefasta Troika.

Un candor o un servilismo aún mayores se precisan para sostener, como hace Doz, que los «fundamentos profundos de la crisis política de la UE están en la mala gestión de la crisis financiera y económica». No, hombre, no. La crisis de Europa, tanto política como económica, puede entenderse como algo coyuntural, pero sus raíces son claramente estructurales. Y no son otras que las que señala Varoufakis: las graves deficiencias en su arquitectura política y monetaria, agudizadas por la absurda pretensión de que una unión monetaria es posible sin una unión fiscal y política. Unas deficiencias que quedaron grabadas a fuego en el Tratado de Funcionamiento de la UE, que luego pasó a llamarse Constitución Europea (bendecida en su momento por CC OO y UGT) y que hoy lleva el nombre de Tratado de Lisboa; un conjunto de normativas que confieren a las instituciones europeas un carácter no ya «escasamente democrático», sino profundamente antidemocrático. Basta con constatar que el presidente de la Comisión Europea no se elige en las urnas; que el Banco Central Europeo funciona como una sociedad anónima y privada que no acepta instrucciones de ninguna institución europea; que ese mismo banco emisor tiene prohibido financiar directamente a los Estados miembros; que la “libre circulación” de la que gozan mercancías y capitales no se extiende a los ciudadanos de la Unión; o que las deudas son más importantes que las prestaciones. Basta, en definitiva, con comprobar que el enrevesadísimo e irracional marco legal europeo coloca siempre los privilegios de las personas jurídicas por delante –y por encima– de los derechos de las personas físicas.

La afirmación, casi subliminal, de que son varias las «corrientes que hasta hoy han protagonizado el proyecto europeo» se cae por su propio peso. No hay más que preguntarle a Javier Doz cuáles son, aparte del omnipresente credo neoliberal, esas otras corrientes a las que se refiere. Y dejar claro, antes de nada, que ese engendro ilusorio al que se llamó tercera vía no fue más que una operación de marketing con la que los asesores de Tony Blair creyeron poder maquillar el vergonzoso y vergonzante giro a la derecha de la socialdemocracia europea.

El último de los errores, o mentiras, del artículo de Doz es quizá el más grave y el más peligroso: «los actores del drama carecen de unos objetivos bien definidos y de una estrategia clara». Semejante conclusión solo puede partir de la falsa premisa, ya comentada, de que los actores del drama son Merkel, Schäuble y los Gobiernos sicarios de la UE. Y, como todo el mundo sabe, de una premisa falsa se puede inferir cualquier gilipolleza. Porque, si aceptamos que esos actores se limitan a interpretar el papel que les asigna un guión escrito, dirigido y producido por los verdaderos amos (el gran capital, que es quien controla el BCE y el FMI, y cuyo ejército de cabilderos infesta como la carcoma todo el entramado institucional de la UE), los objetivos y la estrategia parecen cristalinos. Los objetivos: sálvese quien pueda y saquea cuanto puedas; la estrategia: el adelgazamiento –o privatización– de los Estados, la socialización de las pérdidas privadas, el sometimiento de las soberanías nacionales a la tiranía de los casinos de la deuda y la extensión –por acumulación– del oligopolio a todas y cada una de las ramas de la actividad productiva. Incluida, por supuesto, la producción mediática.

Ese control de la producción mediática es crucial para ofrecer coartadas al expolio, camuflándolo según convenga como rescate, como justo e inevitable castigo al derroche o, sin más, como única vía posible para superar la crisis. Y el Reino de España es, también en esto, una potencia mundial. El nuestro es un caso paradigmático y extremo de cómo la fabricación de consenso de la que nos habla Chomsky habilita una hipnosis colectiva en la ciudadanía que aumenta el tamaño de sus tragaderas –nuestras tragaderas– hasta lo inimaginable. Pase lo que pase, el mensaje en los medios es siempre el mismo: o neoliberalismo o caos. La masa sigue felizmente convencida de que esta Unión Europea privatizadora e insolidaria (que admite con normalidad que un país pueda endeudarse para comprar deuda de otro país), este euro emitido y controlado por la banca privada (que financia a bancos, no a Estados) y este austericidio rampante y asesino (que se cobra vidas únicamente entre los excluidos) no son solo males necesarios. Son, además, prioridades urgentes para garantizar la paz y la prosperidad. Como antes lo fueron la monarquía, la OTAN o el reformazo exprés de nuestra Constitución. Como en un futuro inmediato lo será –lo está siendo ya­– el TTIP.

Por eso no es muy grave, sino gravísimo, que las voces de la izquierda sindical se sumen al coro adormecedor, y además lo hagan desde una postura pretendidamente solidaria. Si se quiere ser solidario, lo primero es explicar por qué los dos sindicatos mayoritarios en España hicieron campaña por el ‘sí’ al proyecto de Constitución Europea, el mismo proyecto que, rebautizado como Tratado de Lisboa, terminó de configurar el escenario de saqueo que comenzó a esbozarse en Maastricht. Como secretario que fue, durante más de una década, del área de Internacional en CC OO, es razonable sospechar que Javier Doz conoce los motivos que llevaron a los sindicatos franceses u holandeses –por poner solo dos ejemplos– a defender el ‘no’ a ese mismo texto constitucional. Pero solo podemos sospecharlo, porque esa es una explicación que las cúpulas sindicales nos deben a los trabajadores españoles. Y ahora, también a los griegos.

Por desgracia, ni esa es la única explicación que nos debe nuestro sindicalismo, ni los errores de Doz son una excepción. En el Informe de Coyuntura que CC OO presentó en 2013 ante su X Congreso Confederal se acuñaban perlas como esta: «La crisis ha puesto fin a una fase de acumulación capitalista basada en la especulación financiera», para dar paso a otra fase acumulativa mucho más agresiva. Es casi imposible no admitir que, efectivamente, el capitalismo ha puesto el turbo y se encuentra en una fase mucho más salvaje. Pero es al menos igual de difícil encontrar dónde leches ve CC OO el fin de la fase especulativa. Ven ese final, que no vemos casi nadie, pero no aciertan a distinguir ninguna de las muchas razones que tienen para convocar una huelga general. Y no una batucada de 24 horas para cubrir expedientes, sino un paro general e indefinido. Motivos hay de sobra. Lo que no hay en este sindicalismo de pesebre es conciencia de clase ni coraje para arriesgar la parcela –o el anillo– de poder que les concedió la Transición. Hoy no son más que siervos de ese anillo. Espectros de Mordor.

Desde luego, también es posible que tanto desliz e inoperancia sindical sean consecuencia del candor naíf de sus dirigentes. Pero a mí no me lo parece. Personalmente, creo que nunca hemos estado más lejos de aquella famosa frase de Marcelino Camacho: «Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar». Domarlos, claro que los han domado. Doblarlos y domesticarlos no ha sido necesario, porque de eso ya se han encargado ellos solos.

9 Comments

  1. Jose Ramón
    Jose Ramón 3 abril, 2015

    De completo acuerdo: el cinismo que no la ingenuidad eran palmarios en el artículo de Javier Doz. La sumisión es una seria posibilidad, también podría tratarse de la materialidad de la frase de Pascal: «si no actúas como piensas terminarás pensando como actúas»; en cualquier caso ambas son una variante de la domesticación.
    Buen artículo, Carlos Delgado, gracias.

    • Carlos
      Carlos 4 abril, 2015

      Gracias a ti, Jose Ramón.

      Un saludo

  2. Indignado
    Indignado 3 abril, 2015

    Joer, es que es de cajón.
    La parte alícuota de consejero en las Cajas de los Horrores es un reparto de la tarta del soborno, así como:
    Los préstamos perdonados.
    Las subvenciones.
    Los cursos de deFormación.
    La ausencia de sangre o un mínimo gesto de cabreo en la reuniones de los actores inSociales.
    La referida batucada de 24 horas al gobierno de turno, eso si con muchos pitos, banderolas y pancartas.
    La insolidaridad con los trabajadores que se arriesgan con sus paros y protestas ante el caciquismo de turno.
    La cohesión con los correspondientes Partidos Políticos S.A.
    La traición a los pensionistas.
    Las sedes cinco estrellas despachos vacíos.
    La sangre de horchata de ToxoMocho.
    La madre que los parió.
    Que se traguen un paraguas y lo caguen abierto.
    El…

    • Carlos
      Carlos 4 abril, 2015

      ¡Qué jodío eres, Indignado! Siempre consigues sacarme la sonrisa.

      Un abrazo

  3. Daniel Lobato
    Daniel Lobato 4 abril, 2015

    A finales de 2011, tras 25 años afiliado a CCOO me di de baja. Ese año mostró el catálogo más completo de la subordinación y sumisión de este sindicato (y UGT) al poder. A caballo del último período Zapatero y primero de Rajoy nos escupieron las firmas del empeoramiento en la jubilación, de la aniquilación de los convenios colectivos (y otras) se unieron al desprecio insultante al movimiento 15M con sus masivas protestas o al «Apoyo a las acciones militares en Libia». Javier Doz fue uno de los responsables directos del apoyo criminal a la geoestrategia capitalista de destruir Libia tras el requerimiento por Carme Chacón y Zapatero. Doz, el tipo de persona, con muchas otras, que ha parasitado la organización durante 40 años de cargo en cargo dejándola en la UVI con encefalograma político plano. Es insultante que «nuestros» medios le den voz. Su lugar es El País o el ABC, o la vuelta al puesto de trabajo, si es que lo tiene, ya que muchos dinosaurios en CCOO sólo hacen tiempo para alcanzar por edad la jubilación dado que su puesto de trabajo original, en su empresa, en su taller, desapareció hace lustros.
    Aquí, haciendo de palmero de la muerte y destrucción cuando era responsable de Internacional (bueno, con el apoyo de la Ejecutiva Confederal, que también dio palmas) http://www.ccoo.es/csccoo/menu.do?Informacion:Noticias:146260

    • Carlos
      Carlos 4 abril, 2015

      Pues si aguantaste hasta 2011, compañero, la verdad es que aguantaste mucho. Celebro que los mandaras a hacer gárgaras.

      En cuanto a lo de darle cancha a Doz en medios alternativos como este, no es algo que me preocupe. Lo que me preocupa es que, después de varios miles de visitas, el artículo sólo ha suscitado un comentario discrepante (el de mi querido David Sempau, quien, como sabemos, es difícil de hipnotizar).

      Y sí: lo de Libia es una absoluta vergüenza. Otra más.

      • Charo San Roman
        Charo San Roman 4 abril, 2015

        Carlos:

        Es que muchos de los lectores, entre quienes me encuentro, hace muuuuuchos años que nos sentimos absolutamente defraudados por los sindicatos.

        Porque consideramos que empezaron siendo los monaguillos de la casta, pero pronto decidieron no conformarse con las migajas del pastel, sino que aspiraron a ser parte integrante de la casta.

        Es evidente que muchos de los dirigentes lo consiguieron, a costa, como siempre, de los derechos de los trabajadores y del erario público

        • Julen
          Julen 5 abril, 2015

          Estimada Charo: sería deseable que cuando te refieres a los sindicatos-casta no lo hagas genéricamente sino nombrando a CCOO y UGTE al menos como los mas representativos de esa clase sociodominante.

          saludos.

          julen Lizaso

  4. ana varela
    ana varela 4 abril, 2015

    Los sindicatos han dado la espalda a los formadores. No se conoce protesta, huelga o denuncia con relación al millonario fraude y la desregulación del sector.
    Formadores sin derechos, sufriendo abuso y cuando se ha informado han vuelto la espalda, se corta la comunicacion. No ven necesario hablar con los miles de formadores sin derechos, con los que luchan por una gestión transparente, regulada y de calidad en el sector.
    No han respetado los derechos de los ciudadanos y han convertido a formadores en parias sin derechos. Olvidaron lo que son y se perdieron en el bosque, pero no todo es pan, menos marisco

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