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Javier Krahe: “Yo a conciertos no voy”

MANUEL GUEDÁN VIDAL⎮buensalvajees – El Asombrario & CO – El Diario⎮ 15 de mayo de 2015

El músico Javier Krahe.

El músico Javier Krahe.

El músico Javier Krahe habla en esta entrevista de su universo creativo. Desde el desencadenante de una canción hasta el encuentro con el sentido del humor. Una conversación con uno de los personajes más inteligentes de la canción española.  


 En 1996 —contaba yo once años— fui a un concierto de Javier Krahe en el Café Central. Durante el descanso convencí a mi madre para que me acompañara al escenario a hacer una petición: “Un burdo rumor”, la única que entendía, ya que hablaba de penes. Krahe miró a mi madre: “Señora, que mal ha educado usted a su hijo, que no hace más que pedir”. Más de quince años después, coincidí con él en la barra de un bar de San Sebastián. Curiosamente, yo iba de nuevo con mi madre. En vistas de que, sin darse cuenta, se había bebido una de nuestras cervezas, me sentí legitimado para acercarme y contarle la anécdota que nos había unido tiempo atrás. “¿Eso hice?”, “Sí, pero luego la tocaste”, aclaré. Krahe apuró mi cerveza antes de responder: “Debió ser cosa de mis músicos. Son unos blandos”. Ahora, arropado por la cabecera de Buensalvaje, me recibe en su casa. Empezamos hablando, precisamente, de sus músicos. Esta vez es él quien invita a la cerveza.

Llevas décadas tocando con la misma banda. ¿Dónde dejáis los egos?

Son egos manejables. Los cuatro tenemos bastante ego, pero el justo. Además, andamos muy seguros, entonces tampoco hay que demostrarlo. Llevo treinta y pico años con los tres, la gente lo comenta y lo ve extraño, pero a nosotros nos parece la mar de normal.

¿Cuál suele ser el desencadenante de una canción?

Siempre es una frase que puedo haberme inventado yo, o haberla oído o leído. Y entonces empiezo a ver qué puedo decir para meter esa frase. Por ejemplo, se me ocurre: “A veces pienso en ti, incluso vestida”. Esa me resultó fácil. En cambio, a veces es más complicado. Empecé una que decía “no todo va a ser follar” y pensé ¿ahora qué digo? Solo en dos canciones he tenido la idea antes que las palabras: “¿Dónde se habrá metido esta mujer?” y “La hoguera”. Dije voy a hacer una canción sobre las penas de muerte y me agencié el libro de El arte de matar. Me gusta, si hablo de algo, no meter la pata.

¿Manejas más autores literarios que musicales a la hora de componer?

Que yo pueda saber, sí. La música no es para nada una especialidad mía. Seguro que tengo un montón de referentes, pero no sé nombrarlos, mientras que en lo literario sí que puedo. Yo he sido muy, muy lector y me ha dado lo mismo que fuera El cantar de mio Cid que el Ulises de Joyce. Todo lo que pasaba por mis narices me ha interesado. Con la música yo qué sé si he oído a… no sé compositores de música contemporánea porque no los ponen mucho por la radio y yo a conciertos no voy. A lo mejor los he oído en películas, pero no me he enterado.

Pensando en una posible genealogía del humor para tus canciones, no me parecía casual que Berlanga y tú hayáis utilizado, en sendos títulos, una palabra como “Tombuctú”.

A mí esa película me impresionó mucho. Y me gus­tan sus zonas eróticas: el culo de madera, su intención de pervertir a Concha Velasco, Juan Diego en pelotas… Algo puede haber en común porque a mí Berlanga me hace mucha gracia. Si yo hiciera cine no haría esos planos secuencia terribles, geniales por otra parte; me agobia tanto personaje. Solo tengo una canción que podría ser berlanguiana, pero es de hace mucho: “Villatripas”, con la Jacinta que aparece en el pilón. Hay unos personajes de un pueblo y eso es berlanguiano. Aunque hay mucha gente que detesta esa canción.

También pienso en Faemino y Cansado. ¿Dirías que tenéis rasgos comunes en vuestro sentido del humor?

Sí, quitando que ellos tiran mucho hacia la grosería, aunque no se lo reprocho. Dicen “Hala, a tomar por culo” y la gente se ríe. Yo estoy muy orgulloso de ha­ber visto a la gente partirse de risa porque digo que un triángulo isósceles puesto de lado pierde su dignidad. A Faemino y Cansado los he visto tres veces en directo y me río mucho. Una vez llamé a Faemino porque leí una entrevista en que dijo “esto es como las avispas del Padrón que unas pican y otras no”, y quería preguntarle si podía usarlo. Me dijo que sí, que le encantaría, pero luego nunca lo hice. Mi canción iba de los picapedereros del Padrón, que unos pican y otros non, para poner al jefe que no pica y a los demás trabajando, pero ya solo la palabra “picapederero” tenía muchas dificultades para meterla en una canción.

Sabina dice que si España fuera como a él le gustaría, Javier Krahe vendería millones de discos. Y yo me preguntaba si a ti te gustaría esa España.

(Ríe). Yo supongo que no, porque tener que escuchar tanto mis canciones debe de ser un plomo. Como excep­ción puede resultar bastante gratificante, pero el bom­bardeo en la radio yo creo que no. Los grandes números los rechazo un poco, aunque no por completo. Siempre me han encantado los Beatles y eso que han vendido millones y millones. Pero mira, ya que lo dice Sabina, a mí me ha parecido que su éxito estaba plenamente justificado, por lo menos en seis de sus discos. Da gusto que los venda. Y Brassens vendía millones de discos y me parecía fantástico.

¿Cómo te relacionas con la música de Brassens después de tantos años?

La tengo integrada dentro de mí, por eso pasan años sin que la escuche, pero es oírlo y me da una satisfacción inme­diata. Lo oí sistemáticamente durante años: todos los días, durante dos horas, me ponía discos de Brassens y llega un momento en que ya se te meten dentro. Ahora ya poco puedo sacar, excepto que cuando lo oigo siento placer, todavía.

Además de componer, has traducido canciones. ¿Qué particularidades crees que tiene el español para com­poner frente al francés o al inglés?

El inglés es un sistema diferente fonética y rítmicamen­te. El francés es más parecido, quitando que en esa lengua todo es agudo en principio, aunque poéticamente también se manejan las rimas graves. De hecho, yo utilizo mucho palabras agudas, como lo hacen los franceses, porque al poner música se agradece: hace que algunas cosas que en teoría no están bien medidas, al final encajen. Tú haces una seguidilla española, 7-5-7-5, pues puedes hacer 7-4 o 7-6 y, si termina en agudo, sonará bien, que en principio no debe­ría. Incluso Jorge Manrique, en las Coplas por la muerte de su padre, lo usa, aunque también lo hace con llanas y eso me gusta menos. Esta tendencia de suprimir los versos agudos que tiene el castellano por culpa del italiano, digamos desde Boscán… bueno no, porque él no convenció a nadie; es Garcilaso quien se carga los versos agudos y ¿por qué?, si hay un montón de palabras agudas en castellano. Yo quiero usarlas. En canciones populares hay gran la cantidad de versos agudos, pero muchos lo consiguen a base de poner verbos al final. Es un poco disparatado lo mal escritas que están, pero haciéndolo con cuidado quedan muy bien. No así la esdrújula, porque es directamente cómica y eso solo lo tienen el castellano y el italiano.

¿Cómo llegas a la rima jocosa?

La rima jocosa me puede venir de La venganza de Don Mendo y de Jardiel Poncela. Es algo que me divierte bastante. La rima seria la leí en los poetas antiguos y otros no tan antiguos que también han escrito con rima. Pero, en general, de los antiguos porque la verdad es que los versos sin rima no los veo apropiados para la canción. O yo no los sé manejar. De verso libre solo he escrito “Piero della Francesca”. Pero la gente tampoco se da mucha cuenta que cuando Silvio Rodríguez dice “Como gasto papeles recordándote…(recita la canción)”, no rima. Ahí el Silvio lo hizo la mar de bien porque hacer una canción tan popu­lar y que no rime no es tan fácil. A mí hay dos canciones que me han costado mucho esfuerzo, unos cuatro años: una porque no rimaba y otra, “Minimal de amor”, porque la rima era demasiado exigente: hacer pareados trisílabos y que no parezcan forzados es una amargura. Cuando ya la di por terminada, me dije, total para contar lo mismo que he contado en otras canciones: chico se ha separado de chica y está penando (ríe).

Los curas, los jueces, la patria, el trabajo… Son ele­mentos que no salen bien paradas en tus canciones. ¿Te consideras un antisistema?

Sí, pero no pienso apuntarme a nada. Los antisistema gozan de mis simpatías, pero yo ya no tengo remedio. No puedo emprender nada con ilusión, salvo escribir una nueva canción. Pocas cosas más y, quizás, con menos ilu­sión que antes. Yo creo que sustancialmente la humanidad no tiene remedio. Sargón II, allá en Mesopotamia, siglo no sé cuántos antes de Cristo, se proclamaba señor de la totalidad y rey de las cuatro regiones del universo. Esto consistía en que ahí ha habido matanzas desde hace 4000 o 5000 años, o desde antes. Alguna persona puede decir que hay pequeños paliativos y sí, puede haber un año más tranquilo, se puede descubrir una vacuna, pero lo que es enmendar a la sociedad, no. Entonces a uno se le quitan todas las ilusiones. Me conformo, aunque lamentándolo, pero me conformo, con que, durante ocho o diez horas al día, yo puedo vivir como si fuera anarquista porque estoy en casa, porque si salgo a la calle ya no puedo. Y trato, eso sí, de no amargarles la vida a los verdaderamente cercanos. Poco más.

La canción de “Cuervo ingenuo” supuso un hito en la deslegitimación de Felipe González. De hecho, fue censurada. ¿Dirías que ahora la opinión pública es menos ingenua con respecto a sus políticos que en los 80? ¿Hemos aprendido algo?

No, yo diría que sigue igual. La verdad es que fue una canción mía con éxito. Tuvo una repercusión inmediata, pero no sirve para modificar actitudes humanas; sirve para dar un chispazo, y un chispazo ilumina algo, pero no dura. Yo veo ahora a Felipe González y digo pero quién es este memo haciendo declaraciones, que si Pujol no es un corrupto realmente, que lo hace por sus hijos, ¡joder, cómo si lo hace por su madre! Este memo ha sido un embustero siempre, si defiende a Pujol debe de ser porque algo tiene que ver con sus cosas; si no podía haberse callado y quedarse en casa. Yo no sé si yo tenía razón en si España debía o no entrar en la OTAN, lo que sí sé que es que tenía razón en que Felipe González era un embustero y habla con lengua de serpiente, que es lo que dice la canción una y otra vez.

Cambiando de tema, nunca he visto tu nombre en un manifiesto antipiratería.

En firmas colectivas no, pero yo escribí una vez un artículo poniéndome en contra. ¿A quién le importa real­mente que cojan una cosa tuya, la graben y la oigan? Eso no es problema, lo malo es que hacen negocio con eso. Y conmigo no ganan dinero, pero con otros sí. No veo lógico que no protejan eso las autoridades, que tantas cosas pro­tegen. La verdad es que es un asco. Yo sacaba mucho más de autores hace diez años y eso que ahora tengo muchos más discos publicados. Nunca he sacado mucho, pero no estaba mal: mis 12000 euritos sí tenía al año y ahora no llega a 5000. Menos mal que vivo de cantar, no de mis discos. A mí me gusta saber que yo voy a ir a cantar a un pueblo de Galicia y van me van a aparecer 200 personas, con lo cual me voy a ganar 500 euritos y voy a poder seguir viviendo como vivo, que es suficiente. Además, yo vivo así porque durante años mi mujer ha ganado más dinero que yo.

¿Firmabas un final como el de don Andrés Octogenario [personaje de una de sus canciones que muere poco antes del coito]?

Simbólicamente sí, en la práctica me trae sin cuidado.


Javier Krahe (Madrid, 1944) es cantautor satírico. En los 80 formó parte del grupo La mandrágora. En solitario cuenta con más de diez álbumes entre los que se encuentranValle de Lágrimas, Haz lo que quieras, Dolor de garganta, el disco homenaje Y todo es vanidad, Toser y cantar, y, su último disco, Las diez de últimas.

Manuel Guedán Vidal (Madrid, 1985) es crítico, editor y profesor de literatura. Ha publicado el ensayo Yo dormí con un fantasma. El espectro de Manuel Puig.

 

Fuente:  http://elasombrario.com/buensalvajees/2015/05/15/javier-krahe-yo-a-conciertos-no-voy/


 

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