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Ahora en común ¡sí se puede!

Las pasadas elecciones griegas demostraron a Europa y al mundo entero que la cuna de la democracia seguía teniendo su residencia en Grecia, y no porque así lo diga la tradición, sino porque la ciudadanía se unió con un objetivo común: poner fin al imperio austericida. Sin embargo, las hordas de dicho imperio tienen sus tropas extendidas por todo el mundo y hoy el campo de batalla sigue siendo Grecia, pero el foco también se centra en la península ibérica. ¿Será posible que ésta aúna a sus ciudadanos contra el imperio austericida? De momento la incógnita es irresoluble pero los giros ético-políticos de Barcelona y Madrid son y pueden ser el principio de un nuevo frente popular que ponga del revés a la península y, en el mismo camino que Grecia, se oponga al Jerjes del siglo XXI.

Es mundialmente conocido que SYRIZA, la coalición de partidos de izquierda, gobierna a los griegos desde 2015 y mantiene un pulso constante con el FMI, el BCE y la Comisión Europea. Las negociaciones son duras y los respaldos políticos de Grecia prácticamente nulos. No obstante, el apoyo que recibe por parte del pueblo heleno es altísimo. Y no es que lo griegos apoyen a SYRIZA como militantes devotos de su partido, sino que unidos se enfrentan en la misma trinchera contra el mismo enemigo. Su coalición trasciende toda sigla y color político para alcanzar el objetivo de poner fin a las políticas de austeridad que año tras año les han impuesto, y dando una lección de democracia a los europeos, los griegos han juntado fuerzas para decir que otra política es posible. Esa otra política no pasa por la división de los mismos ideales (costumbre esencial de las izquierdas), sino por la unión en un momento y un lugar concreto, en un tiempo presente y en un espacio común. Estas mismas trincheras se ciernen por toda Europa pero parece que todavía andan vacías, aunque con una excepción: las trincheras de la península ibérica están armadas, sólo les falta la gente.

El pasado 24 de mayo el mundo se hacía eco de la bomba política que estallaba armónicamente en Barcelona y Madrid: Barcelona En Comú y Ahora Madrid hacían estallar por los aires dos formas políticas tradicionales imperantes en la península y de nuevo la democracia tomaba las calles. El imperio de la austeridad empezaba a ver abrirse nuevos frentes, aunque no lo suficientemente fuertes como para considerarlos un verdadero enemigo: las filas del imperio austericida empezarían a temblar si en vez de un enemigo heleno también tuvieran un enemigo íbero. Sin embargo, el éxito de ambas formaciones fue arrollador y está poniendo en jaque, no sólo a las estructuras de los partidos políticos, sino también a las estructuras internas del Estado y a futuros nuevos. Cabe decir que dentro de la península ibérica hay más de una trinchera abierta, y tal vez algunas ganen en detrimento del tradicional y conocido Estado Español, pero de no ser así, tal vez éstos tendrían que pensar en una posible alternativa, una alternativa que, como los griegos, mantuviera un pulso con el imperio de la austeridad, una batalla contra el Jerjes del siglo XXI y un compañerismo de guerra con Grecia. De igual modo, con este Estado o con otro(s), las hordas austericidas seguirán invadiendo y sólo un frente popular podrá disputarles un pulso. Tal vez la salvación de los ciudadanos de la península ibérica pase por su división y rencuentro voluntario o tal vez pase  por la misma experiencia por la que está pasando la península helénica, a saber, formar un frente popular, una coalición que luche ahora por lo común. Más allá de todo color, más allá de todo origen, tal vez nos toca ir ahora en común porque es ahora que el Jerjes del siglo XXI ha enseñado los dientes y porque es ahora que sabemos que en común sí se puede.

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