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El número de becarios cotizando se triplica en dos años hasta los 70.000 gracias al cambio normativo

  • Desde que los tibunales aclararon en 2013 que las empresas deben cotizar por sus becarios, el número de personas que hacen este tipo de prácticas se dispara.
  • La cifra no incluye a los becarios que no reciben contraprestación económica y por los que las empresas no tienen la obligación de cotizar.
  • Sindicatos y colectivos denuncian que detrás de muchas de estas becas se encuentran trabajos estructurales que deberían ser cubieros con contratos.

Ana Requena Aguilar⎮El Diario⎮25/07/2015

Inés lleva tres años en la misma empresa. El primer año y medio lo pasó como becaria: 300 euros por una jornada de seis horas diarias. «Me renovaron el convenio una y otra vez para que pudiera seguir siendo becaria», dice. Hasta que un día, una inspección de trabajo se presentó en su oficina a petición de un sindicato. Varios becarios -entre los que estaba Inés- fueron contratados, otros, que también estaban en fraude de ley, no fueron renovados. «A día de hoy la empresa sigue teniendo becarios, la empresa ha hecho un ERE y necesita mano de obra», explica.

Según los últimos datos de la Seguridad Social, unas 70.000 personas cotizan actualmente como becarios: hacen prácticas curriculares -ligadas a una titulación- o extracurriculares por las que reciben una contraprestación económica. De esa cifra, por tanto, quedan excluidas las personas que están en becas por las que no reciben una ayuda económica, que no cotizan a la Seguridad Social.

«No hay información suficiente del número de prácticas no laborales que se hacen. Hay un montón en las que no hay contraprestación económica que no tenemos controladas, no sabemos cuáles son sus condiciones ni cuántas son», explica Javier Pueyo, de la Secretaría de Juventud de CCOO, que apunta a que algunas empresas tampoco ingresan la cotización correspondiente, bien por desconocimiento, bien por mala fe. CCOO acaba de lanzar la campaña «Este verano soy becario» para informar de los diferentes tipos de prácticas y de cuáles son sus derechos y obligaciones.

El último gran estudio que se hizo sobre el asunto, menciona Pueyo, fue encargado por el Ministerio de Trabajo en 2006 y arrojó la cifra de 200.000 prácticas no laborales, un 25% de ellas fraudulentas.

Las cifras actuales del Ministerio de Empleo muestran que hace dos años el número de becarios que cotizaban a la Seguridad Social era cercano a 24.000. Los cambios de criterio sobre qué becas cotizaban generaron confusión y CCOO recurrió a los tribunales. En 2013, el Tribunal Supremo restableció la obligación de las empresas de cotizar por los becarios que recibieran contrapartida económica y la Seguridad Social fijó las nuevas instrucciones. Desde entonces, esa cifra ha ido creciendo hasta estabilizarse en 70.000 becas mensuales.

En la Oficina Precaria denuncian la precariedad que hay detrás de muchas becas. En los últimos meses se han reunido con colectivos universitarios y se han dirigido a las universidades para exigir calidad y más controles en las prácticas curriculares y extracurriculares.

«Creemos que las becas extracurriculares deberían dejar de existir y que solo existan las curriculares, que estén ligadas a tu programa de estudios. De la otra forma las prácticas se usan de facto como si fueran contratos de formación: las empresas buscan gente formada para integrarles en sus rutinas de trabajo. Los becarios llegan, hacen su trabajo, la mayoría de veces sin que les den formación y sin que el tutor que deben tener ejerza como tal, y asumen responsabilidades», asegura María Montero, de la Oficina. Montero apunta a que su uso, además, se está extendiendo a sectores en los que la figura del becario era hasta ahora desconocida y donde su existencia tiene poco sentido, como el alquiler de coches o las conserjerías.

Tanto Montero como Pueyo coinciden en afirmar que las prácticas sirven en buena parte de los casos como una forma de cubrir puestos de trabajo y que muchas empresas retuercen la ley para seguir manteniendo como becarios a personas que deberían tener un contrato. «Hay empresas que quieren a gente ya titulada, así que les ofrecen matricularse en algún máster o curso en escuelas de negocios que están autorizadas para firmar convenios de prácticas. Así evitan usar el contrato de formación o el de prácticas», dice Javier Pueyo.

 

Fuente:  http://www.eldiario.es/economia/empresas-becarios-cotizando_0_407009719.html

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