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Turquía busca el apoyo de la OTAN para echar a los kurdos de la Asamblea Nacional

MANUEL MARTORELL ⎮Cuartopoder⎮

Tayip Erdogan ha encontrado su “fórmula mágica” para salir del atolladero en el que se encuentra desde que las elecciones generales de junio frustraran, al no lograr la mayoría absoluta, sus planes de implantar un sistema presidencialista.

El presidente turco creía asegurada esa mayoría pero la irrupción en el Parlamento del HDP (Partido Democrático de los Pueblos), organización pro-kurda que obtuvo más de seis millones de votos y 81 diputados, desbarató totalmente su ansiado proyecto. Desde entonces, el Ejecutivo de Ankara está paralizado, incapaz de conformar una coalición que le permita gobernar y se ve abocado a una nueva convocatoria electoral de resultados igualmente inciertos.

La solución consistiría en expulsar del Parlamento al HDP en esas hipotéticas elecciones anticipadas, consiguiendo arrebatarle apoyo popular hasta situarlo por debajo del fatídico 10 por ciento de los votos de todo el país que se necesitan para entrar en la Asamblea Nacional Turca.

En el fondo, ese sería el objetivo de la actual escalada militar lanzada por el Ejército turco contra posiciones del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y de las sucesivas oleadas de detenciones, de forma especial en las provincias de población kurda, entre las distintas organizaciones que respaldan al “brazo político” de la guerrilla kurda. De esta forma, el HDP quedaría inmerso en una “guerra de baja intensidad” que frenaría su creciente prestigio entre distintos sectores de la sociedad turca cada vez más descontentos con la deriva autoritaria de Erdogán.

Su jugada maestra ha sido presentar ante el resto del mundo la actual campaña anti-kurda como si se tratara del inicio de su guerra contra el Estado Islámico. Es cierto que el Ejército turco, por primera vez, ha realizado algunos ataques contra el Estado Islámico, al que tenía que responder tras el grave atentado de Suruc y la muerte de un soldado turco por disparos yihadistas, pero no se pueden comparar con los lanzados contra el PKK de forma continua e intensa durante todos estos días.

Incluso ha llegado a bombardear posiciones de las YPG (Unidades de Defensa Popular), aliadas del PKK, dentro de territorio sirio, pese a que han demostrado con creces y con cientos de muertos su eficacia para derrotar al Estado Islámico sobre el terreno. Este mismo lunes, lograban una nueva victoria al ocupar la localidad de Sarrin, lo que coloca a las YPG en las puertas de Raqqah, principal bastión yihadista en Siria, mientras que en la ciudad de Hasaka prácticamente ha acabado con sus bolsas de resistencia.

De acuerdo con informes de la prensa turca, otro gran objetivo de esta vasta operación sería crear una “franja de seguridad” dentro de territorio sirio para impedir que las YPG logren unir el amplio territorio que ya controlan a lo largo de la frontera turca con el llamado “cantón de Afrín”, una región muy próxima al Mediterráneo que también está bajo su control, estableciendo así “de facto” una autonomía al norte de Siria. Inicialmente y tras un acuerdo con Washington, se presenta esta franja como “libre del Estado Islámico”, cuando en realidad lo que se pretende es impedir que los kurdos sigan ganando terreno a costa de los yihadistas.

Aún más evidente resulta la verdadera finalidad de las sucesivas redadas policiales. De acuerdo con los datos disponibles hasta la noche de este lunes, desde el viernes se habrían producido algo más de mil apresamientos. La práctica totalidad correspondería a la red de organizaciones que asociadas al HDP y al PKK, especialmente al llamado Movimiento Juvenil Patriótico y Revolucionario (YDG), y a grupos izquierdistas que les apoyan incluso con voluntarios en la lucha contra el Estado Islámico en Siria e Irak. También hay cuadros y militantes tanto del HDP como del Partido Democrático de las Regiones (DBP) y periodistas de medios de comunicación kurdos.

Ni siquiera llegarían al 10 por ciento los detenidos vinculados al yihadismo y apenas una treintena pertenecerían directamente al Estado Islámico, cuando se da por seguro que la Policía turca tiene bajo vigilancia a miles de simpatizantes que trabajan para esta organización dentro de Turquía y que realizan masivas concentraciones públicas, como la reciente en Istanbul para celebrar el fin del ramadán.

Esta es la razón por la que se están multiplicando las protestas contra las detenciones y los bombardeos solo en ciudades kurdas o en barrios kurdos de Bursa, Adana, Izmir o Istanbul, especialmente en el barrio Gazi de la antigua Constantinopla, habitado fundamentalmente por kurdos y alevis, donde una persona ha muerto durante las redadas policiales. Otros dos jóvenes habrían fallecido en las ciudades de Diyarbakir y Nusaybin. El líder del HDP, Salahattin Demirtash, habla abiertamente de clima de guerra civil y acusa al gubernamental AKP, el islamista Partido del Desarrollo y la Justicia, de provocar artificialmente una situación de caos y arruinar el proceso de paz con el PKK para, así, asegurarse una victoria política y un cómodo gobierno en solitario.

Lo más sorprendente de este embrollo es que Turquía ha conseguido presentar la escalada bélica como el inicio de su lucha contra el Estado Islámico. Ahora pretende que, en la cumbre especial de la Alianza Atlántica, sus aliados  bendigan una operación de ingeniería política camuflada como lucha contra el yihadismo cuando en realidad está pidiendo a la OTAN carta blanca para echar a los kurdos del Parlamento y recuperar la mayoría absoluta necesaria para continuar con su proyecto presidencialista.

Se da por seguro que ni Alemania ni Francia caerán en la trampa, mientras que Estados Unidos, en una muestra más de su cinismo en política exterior, aprueba los bombardeos turcos contra los “terroristas” del PKK pero, sin embargo, les apoya, tanto en Siria como en Irak, a la hora de combatir al Estado Islámico.

 

Fuente:  http://www.cuartopoder.es/terramedia/2015/07/28/turquia-busca-el-apoyo-de-la-otan-para-echar-a-los-kurdos-de-la-asamblea-nacional/6945

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