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Animales, sentimientos, tradiciones, “culturas”… y los clichés de cada verano

Paco Bello | Iniciativa Debate | 15/08/2015

Supongo que será la edad más que la cultura la que te hace ir viendo el mundo con menos certezas y pasiones. Supongo también, que será eso lo que ha motivado que cada día diga menos veces eso tan recurrente de “bárbaros” para referirme a los taurinos y que haya comprendido que tampoco entre los que no lo somos es todo un edén de amor, paz y comprensión. En una sociedad humana rara vez encontramos otra cosa que escalas de grises, aunque casi todo parezca blanco o negro según nos convenga.

No todos los que no respetan la vida animal son unos paletos desalmados ni todos los que sí lo hacemos gente razonable. De hecho, y es algo que no suelo valorar en caliente cuando veo ciertas barbaridades y pierdo el norte, es que conozco a gente decente que participa y disfruta de fiestas salvajes o sale a cazar con los amigos. Incluso, sin poder decir que hay amistad, sí he tenido relación de cercanía con un matador y con un banderillero, y por más que quisiera no podría decir que, con sus defectos y virtudes, alguno de los dos fuera una mala persona. Al contrario, recuerdo con cariño al matador, un tipo tan rudo como noble y solidario.

Y es que lo que hoy, afortunadamente, parece muy mal a cada vez más gente, ayer era aceptable y anteayer un éxito. Hasta no hace mucho tiempo, pero especialmente hace mucho tiempo, lo más cerca que se podía estar de ser una ‘estrella’ era aparecer en un cartel taurino. Hace menos (unos setenta o sesenta años), era el sueño del que quería comer y dar de comer a su familia como lo hacían ‘los señores’. El anhelo de muchos era menos ‘ropa vieja’ y más asados. Hoy, en otras circunstancias, sería el equivalente a algunos emprendedores o futuribles ‘famosos’ de reality show y tertulia rosa.

Las sociedades cambian, pero no lo hace cada uno de sus miembros o comunidades al mismo ritmo. Y no suele ser lo mismo haber nacido en una familia con afición a la “fiesta nacional” o en una que ve a los animales simplemente como un recurso a disposición humana desde una perspectiva antropocéntrica, que en otro tipo de familia, y por tanto, de educación.

Dicho esto, e intentando comprender los muchos porqués en juego, hay clichés que me siguen reventando. Y como la defensa de los taurinos et al ya viene implícita en lo comentado hasta ahora, voy con lo contrario. Y vaya por delante que lo que diré a continuación se lo diría igual a cualquier conocido amante del maltrato animal (transformado en ‘cultura de un pueblo’) sin considerarlo necesariamente por ello un criminal ni una mala persona, aunque sí, con todos los condicionantes previos sobre el tapete, alguien capaz de ser brutal y que no quiere o puede razonar con normalidad o sin egoísmo.

“Pues comes carne”

Este comentario es lo más socorrido en justificaciones bárbaras. Como comes carne (si lo haces), te ha de parecer bien que se torture a un pobre animal en una plaza, encierro o persecución. Y evidentemente es una falacia de libro. Como carne y pescado, sí, pero quizá si supiera que en lugar de sacrificar de la forma más rápida e indolora (como además dicta la propia Ley) al animal que va a servir de alimento no hay más remedio que inflarlo a puyazos, banderillazos, y acabar probando suerte con el estoque para que yo me lo lleve a la mesa, me haría vegetariano.

Y no es una justificación, quizá debiera hacerlo ya. Pero lo de progresividad de la cultura vale para todos.

“Hay quien se preocupa más de los animales que de las personas”

Y hay quien se preocupa solo de él mismo, o de los de su entorno, su ideología, su club o su sector de intereses, y quien no se preocupa de nada ni por nadie. Es una generalización absurda y no merece más comentario. Pero tú no te preocupes por lo que motive a los demás, y deja de torturar o facilitar que se torturen animales. Gracias.

“El toro no sufre”

Hay quien debe tener el don de la ubicuidad transcorporal, y ha detectado una característica especial en el toro de lidia que lo convierte en el único mamífero incapaz de sentir dolor a pesar de tener un sistema nervioso somático equivalente al del resto de los cordados. Y esto vale igual para elefantes, leones, jirafas, lobos, y para todo aquello que puede convertirse en trofeo.

Dicho de otra forma, y ya sin sarcasmo: es la excusa más ridícula de todas las utilizadas.

“Si no te gustan, no vayas”

Tengo tatuado a fuego aquello de “prohibido prohibir”, y es que siempre me ha parecido que prohibir en lugar de razonar es iniciar una senda muy peligrosa que nunca se sabe dónde acaba. En cualquier caso, lo queramos o no, somos seres gregarios y vivimos en sociedad, y creo que castigar la violencia es suficientemente sensato como para saltarme mis propias convicciones. Así, aunque evidentemente hay que acabar con el atraso secular de una parte de la sociedad española no promocionando ni subvencionando ciertas barbaridades, también se debería ir un paso más allá y prohibir todo aquello que tenga que ver con la violencia.

Por tanto, no se trata de que alguien vaya o no vaya a espectáculos macabros, sino de si permitimos que tortures a un tercero, esté uno presente o no lo esté. Se trata de si un país puede permitirse no castigar la violencia gratuita y sádica, porque igual que las prohibiciones pueden derivar en totalitarismos ‘democráticos’ (y ya lo estamos sufriendo), la permisividad ideológicamente selectiva puede acabar todavía peor.

“Si dejásemos de criar toros desaparecerían”

Esta es otra de esas afirmaciones que si no fuera por el contexto en el que se utiliza, daría risa. El toro de lidia no deja de ser un toro; así que lo que desaparecería con esa variedad creada para ser torturada, serían los toreros. Ninguna pega al respecto.

Y solo voy a llegar hasta aquí aunque aún quedan muchos clichés por listar, como los que tienen que ver con el trabajo y la riqueza generada, el arte, las tradiciones, y un largo etcétera. Tampoco vale la pena hacer un retrato antropológico para caracterizar a los aficionados al maltrato animal, porque (generalizando) ya lo hizo Santiago Segura con Torrente, y además suelen ser ellos mismos los que se retratan con declaraciones como las últimas del empresario taurino Carlos Zúñiga, con su: “Las fiestas del Orgullo Gay sí que hacen daño a la vista de los niños”.

Esto, a pesar de cómo evoluciona la percepción del problema a nivel social (empezando por haber llegado a la categoría de problema), no se solucionará mañana, y el año que viene por estas fechas estaremos diciendo lo mismo, y volveremos a sentir asco el día del Toro de la Vega, y así se repetirá por algún tiempo. Aunque si seguimos haciéndolo; si seguimos insistiendo en la toma de conciencia de un hecho que, aunque no lo aparente, va mucho más allá de los animales y su sufrimiento, un día, sin que nos demos cuenta, ya no será necesario. Y ese día este país habrá cambiado en muchos aspectos que ni sospechamos ahora, pero que afectan a las personas. Tiempo al tiempo.

3 Comments

  1. David Sempau
    David Sempau 15 agosto, 2015

    Como dijo Gandhi, “El grado de civilización de una sociedad se puede medir por el modo en que tata a los animales”
    Como dijo Malinovski, poeta de las Ramblas barcelonesas, “A ti te gustan las flores, por eso las cortas y las llevas a tu casa. Yo amo las flores, por eso las dejo donde están”. Pues eso, “Tu amas ‘los toros’ (corridas), por eso los encierras en una plaza y disfrutas viendo su tortura, agonía y muerte. Yo amo a los toros (animales), por eso los dejo donde están”

  2. Jomanel
    Jomanel 16 agosto, 2015

    ¡Joder, Paco!. Me has hecho polvo, y lo digo sin segundas intenciones, desde la admiración que siempre me generan tus análisis, simples, directos, contundentes. Y te lo digo desde mi pasión por los toros, a los que, por cierto, nunca voy. Probablemente se derive de que los viví desde muy niño, Y aunque podría discrepar ne los matices de algunos de tus argumentos, en lo fundamental no puedo rebatirlos.
    Amo el animal, amo la estética que envuelve el toreo, el simbolismo de la contraposición entre lo masculino y lo femenino, pero no dejo de reconocer que es una más de mis innumerables contradicciones.
    Solo decir que lo siento, pero me aburren bastante los grupos animalistas. En algunos casos hasta me han llegado a molestar. Porque cierto es que a un toro se le tortura sin que tenga ninguna posibilidad de sobrevivir, salvo excepcional indulto, en una lucha desigual contra el hombre en la que no le servirá siquiera vencer; perseguir a un toro y matarlo a lanzadas; lanzar una cabra desde un campanario; arrancarle el pescuezo a un ganso vivo. Y tantas brutalidades sádicas más. Pero hace unos días, en mi Vitoria-Gasteiz, me cabreé viendo una protesta encartelada en contra de una carrera de burros. No sabía que una carrera entre estos simpáticos animales, liberados hace años de su tradicional tarea agrícola, supusiera una tortura. Me llevó a pensar que entonces también lo serían las carreras de caballos, y sin ninguna duda el tener en casa un perro, confinado entre cuatro paredes y contando solo con el «privilegio» de que su amado amo, a quien deben rendir pleitesía, les saque a hacer sus necesidades 3 veces al día.
    Como siempre, se nos va la cabeza tras las pasiones, procedan de pro-taurinos o de animalistas bienintencionados, dejando la razón y el sentido común en un segundo lugar. Y me hace recapacitar sobre conceptos como «tradición», «cultura», incluso «moda».
    Gracias sinceras de nuevo, Paco

    • IDP
      IDP 16 agosto, 2015

      Estimado Jomanel, me alegra leerte. Siempre es un placer ver que los ‘veteranos’ todavía andáis por aquí.

      Y gracias a ti, porque para mí también es un tema sensible; y es que cada día me apetece menos querer tener razón (que no significa tenerla). Y mucho menos criminalizar a nadie por arrastrar rémoras culturales. Yo mismo provengo de una familia (abuelos paternos y maternos) de grandes aficionados a ‘los toros’. Incluso una de mis abuelas que era catalana nacionalista y comunista, lo era. Y lo digo por aquello de buscar paralelismos entre territorialidad, ideología y afición, en lugar de fijarse en las épocas.

      Creo que, pese a todas las justificaciones que queramos buscarle, las sociedades evolucionan y hasta los más atados a razones que poco tienen que ver con la razón deben ir soltando lastre. Porque como recuerda el amigo David Sempau citando a Gandhi, “El grado de civilización de una sociedad se puede medir por el modo en que trata a los animales”. Y no nos podemos permitir no ver que lo que se hace en algunas “fiestas” es una auténtica aberración, y que en ello pesa mucho la herencia de un sinfín de caudillismos, incluyendo también el de la iglesia.

      De lo otro que comentas… a mí tampoco me gustan los fanatismos incluso en la defensa de la más noble de las causas. Es mejor, siempre que sea posible, intentar comprender los porqués, y si no es posible, al propio prójimo.

      Un abrazo, amigo. Y hasta la próxima.

      – Paco.

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