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Por qué Al Jazeera no hablará de ‘inmigrantes’ en el Mediterráneo

Barry Malone| Al Jazeera | 20/08/2015

Imagínese despertando a sus hijos por la mañana. Imagínese dándoles el desayuno y vistiéndolos. Imagínese haciendo una coleta a una niñita, o discutiendo con un pequeño sobre qué zapatos quiere ponerse.

Ahora imagine que, mientras hace eso, sabe que poco después tendrá que envolver sus frágiles cuerpos con chalecos salvavidas y llevarlos con usted en una lancha de goma a través de unas aguas que se han cobrado ya la vida de muchos otros que hicieron lo mismo.

Piense en la historia que tendría que contarles para confortarlos. Piense en lo que haría para intentar que pareciera divertido. Considere la fortaleza emocional que se necesita para sonreírles y ocultar su propio miedo.

¿Qué le parecería que esa experiencia –su angustiosa huida de la guerra– fuera luego trivializada por unos medios de comunicación que los etiquetaran cruelmente a usted y a su familia como “inmigrantes”?

E imagine además que no dispone de mucha voz para rebatir esa descripción que tan a menudo utilizan gobiernos y periodistas.

Inmigrante es un término paraguas que ya no sirve para describir el horror que está teniendo lugar en el Mediterráneo. Ha evolucionado desde su definición del diccionario hasta convertirse en una herramienta para distanciar y deshumanizar, una grosería que ofende.

No son cientos de personas las que se ahogan cuando se hunde un bote en el Mediterráneo. No son ni siquiera cientos de refugiados. Son cientos de inmigrantes. No es una persona –como usted, con su historia, sus convicciones y sus esperanzas– lo que está en las vías obstruyendo un túnel y retrasando un tren. Es un inmigrante. Una molestia.

Es como si le pusiéramos precio a la palabra. Para los medios, las muertes de inmigrantes no valen lo mismo que otras muertes; lo que significa que sus vidas, tampoco. El desastre de los naufragios se trivializa cada vez más en los telediarios. Ya rara vez hablamos de los muertos como individuos. Son solo números.

Cuando los medios hacemos eso, cuando utilizamos una terminología que menoscaba a las personas, estamos ayudando a crear un entorno en el que un ministro de Exteriores británico puede hablar de “inmigrantes que vienen a saquear” y en el que el discurso del odio y el racismo apenas disimulado pueden enconarse.

Estamos allanando el terreno a los gobiernos que tienen motivos políticos para no referirse a esos náufragos del Mediterráneo como lo que en su mayoría son: refugiados.

Damos crédito a quienes se obstinan en verlos como inmigrantes económicos.

El argumento de que gran parte de quienes lo arriesgan todo para llegar a las costas de Europa lo hace por dinero no se sostiene con los hechos.

Según la ONU, la abrumadora mayoría de esa gente huye de la guerra. El grupo más numeroso escapa de Siria, país donde se estima que entre 220.000 y 300.000 personas han sido asesinadas en una guerra horrible y cada vez más intensa.

Muchas otras vienen desde Afganistán, Irak, Libia, Eritrea y Somalia, lugares todos ellos a cuyas gentes normalmente se les concede asilo.

No hay ninguna crisis de “inmigrantes” en el Mediterráneo. Lo que hay es un gran número de refugiados que huyen de un peligro y una miseria inimaginables, y otro número, mucho más pequeño, de gente que trata de escapar de esa clase de pobreza que lleva a algunos a la desesperación.

En lo que va de año, casi 340.000 personas en esas circunstancias han cruzado las fronteras de Europa. Un número elevado, desde luego, pero que supone apenas un 0,046% de los 740 millones de habitantes que tiene Europa.

Comparen eso con Turquía, que aloja a 1,8 millones de refugiados solamente de Siria. O con el Líbano, donde hay más de un millón de sirios. Incluso Irak, que sufre su propia guerra, es el hogar de más de 200.000 personas que han huido del país vecino.

No hay respuestas fáciles, y aceptar refugiados siempre es un reto difícil para cualquier país, pero, para encontrar soluciones, es preciso abordar el asunto con honestidad.

Y la manera de abordar el asunto la determinan, en gran medida, los media.

Por motivos de precisión, el director de Informativos de la edición en inglés de Al Jazeera, Salah Negm, ha decidido que no volveremos a usar la palabra inmigrante en ese contexto. En su lugar, cuando proceda, diremos refugiado.

En esta casa, nos esforzamos para que nuestro periodismo sea la voz de quienes, en cualquier parte del mundo –por el motivo que sea–, no tienen voz.

Inmigrante es una palabra que deja sin voz a la gente que sufre. Sustituirla por refugiado es un intento de –aunque sea mínimamente– devolvérsela.

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Fuente: http://www.aljazeera.com/blogs/editors-blog/2015/08/al-jazeera-mediterranean-migrants-150820082226309.html

Traducción para Iniciativa Debate: Carlos Delgado

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