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Las Patronas, semillas de lucha y esperanza

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Ester Medina, Juan León García | Diagonal | 01/09/2015

Por la mañana, una vida normal. Durante la tarde, una vida improvisada.

La jornada comienza con el desayuno y el colegio de los niños. Tras el almuerzo, llega el momento de alimentar a sus otros ‘niños’: ésos y ésas de cientos de madres centroamericanas que “no saben dónde van sus hijos” y que ellas, Las Patronas, se encargan de recordar tanto a “chavos” como a “licenciados en Derecho” que no están solos en un trayecto que recorre 8.000 kilómetros y cruza toda Centroamérica.

“No existen fronteras, no existe color de raza. Respetamos religiones. Aquí sólo existe hermandad, amistad”, nos recuerda Norma Romero, coordinadora de Las Patronas. Ha venido a España porque ella y sus compañeras están nominadas al premio Princesa de Asturias por su labor en cuanto a Derechos Humanos, con ya 20 años de dedicación.

Quizá Norma haya venido en el momento más oportuno. Cuando en Europa nos hemos olvidado de las palabras citadas arriba. Cuando importa la religión, la raza, el sitio del que provengas para poder pasar.

Hoy escuchamos que hay “refugiados (sirios)” e “inmigrantes (subsaharianos)” cruzando las distintas fronteras de la Fortaleza Europea. Norma sólo habla de “personas”.

“No puede ser que el gobierno no tenga trabajo para los jóvenes y el crimen organizado sí” comenta Toña

También menciona su estatus y la causa de la mayor parte de migraciones del planeta: “son pobres”. Ahora Europa se plantea si destina alrededor de 1.000 millones de euros a África para frenar el flujo migratorio, según The Wall Street Journal. Se dice que para fomentar la cooperación de los países de origen en la repatriación de sus nacionales.

Cooperación al desarrollo parece un concepto tabú en periodos de crisis económica. Lo que hacen Norma y sus compañeras con los pasajeros del tren conocido como “El Tren de la Muerte” –o “esa Bestia” para Norma– se acerca más al sentido común, que es parte de las políticas de cooperación.

“No puede ser que el gobierno no tenga trabajo para los jóvenes y el crimen organizado sí” comenta Toña, una madre angustiada por la situación de millones de jóvenes sudamericanos, centroamericanos y mexicanos que son obligados a salir de sus países huyendo del hambre y la explotación. Son jóvenes que con la esperanza de encontrar una vida mejor, lo arriesgan todo en un viaje muchas veces con rumbo a lo desconocido.

Ser mutilados, drogados, explotados o incluso asesinados son algunas de los riesgos a los que se enfrentan hombres, mujeres, niños y en definitiva, familias enteras. Este viaje los enfrenta cara a cara con todo un engranaje corrupto y planificado por unos pocos y donde siempre pierden los mismos.

“Tampoco olvidemos a las mujeres”. Es el llamamiento de una mujer dominicana en este salón abarrotado para conocer y escuchar a La Patrona. La dinámica migratoria es especialmente dañina para ellas: en términos generales, son casi el 50% de las más de 200 millones de personas que migran por el mundo. En sus rutas, si viajan solas –y suele ser lo habitual– son especialmente vulnerables: muchas se ven forzadas aofrecer su cuerpo a cambio de una cierta seguridad. Elegir entre ser violada o dejarse hacer. En la ruta migratoria hacia el todavía “sueño americano”, que Norma, por desgracia, conoce bien, son las menos. Las menos en cifras y las menos visibilizadas.

Estos días Norma deja a un lado su rutina para seguir hablando de esos “chavos”. Aparca los desayunos y las meriendas en bolsas a pie de raíl.
Para Las Patronas, ser madre es una vocación, y dentro de poco Norma volverá a sus dos vidas: la normal y la improvisada.

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