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EDUCACIÓN. ¿Por qué se cambian los libros de texto?

Antonio López⎮Diagonal⎮10/09/15

Mercadillo de libros de texto, en 2011, en Madrid, promovido por el 15M. / JAVI 15M

Fernando tiene nueve años y está a punto de empezar el quinto nivel de enseñanza en el colegio al que asiste. A la emoción y nervios característicos del inicio de curso, Fernando no añade los clásicos del estreno de los libros de texto. Tiene un hermano dos años mayor que él que también estudia en su mismo centro y ha podido aprovechar los mismos libros que usó éste. Los libros, forrados con plástico, están relativamente bien conservados; hay algún dibujo fuera de lugar, telarañas por las esquinas sobre todo, pero, en general, el libro está en un muy buen estado. Los padres de Fernando aleccionan siempre al mayor para que cuide con esmero su material escolar, de modo que sea aprovechable para el pequeño. Los libros de actividades y los cuadernos de ejercicios se rellenan con lápiz y, así, con paciencia y una buena goma de borrar, podrían reutilizarse cuando llegara el momento de Fernando. Algún resultado mal borrado incluso ayuda a éste a terminar antes los deberes, pero eso es algo que los padres nunca sabrán.

Hoy Fernando está a punto de cumplir cuarenta años y sus hijas, que se llevan dos años de diferencia y estudian Primaria en el mismo colegio, no han compartido nunca ningún libro de texto. El desembolso económico por cabeza cada inicio de curso se sitúa en torno a los 200 euros, según un estudio de la OCU. Y esto sólo en cuanto a libros. ¿Qué circunstancias han cambiado en estos años para explicar la diferencia entre Fernando y sus padres a la hora de adquirir libros de texto?

Las editoriales sacan nuevas versiones cada año «bajo la excusa de una renovación que no es real»

José es profesor de ciencias en un colegio privado concertado de la Comunidad de Madrid. Tiene muy claro que las editoriales sacan nuevas versiones cada año “bajo la excusa de una renovación de contenidos que no es real. La mayoría de las veces se limitan a reordenar el contenido”. Paco García, profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla incide en la misma línea cuando sostiene que los cambios que las editoriales introducen en los libros tienen “el fin de que al año siguiente el libro, aun teniendo el mismo contenido básico, sea un poco diferente”, aunque añade otro elemento a la ecuación al mencionar que “el propio profesorado parece caer en esa trampa, recomendando la nueva edición. Cosa, por lo demás, bastante paradójica, porque los profesores, año tras año, suelen enseñar el mismo contenido básico y no los pequeños retoques innovadores”.

Sin embargo, conviene recordar que la decisión de cambiar el libro de texto es del centro escolar y no de la editorial. El mundo editorial está acostumbrado a ser señalado como el malo de esta película que cada septiembre se estrena de manera recurrente, situación que reconocen ingrata pero que asumen con resignación. Óscar Fajardo es gerente del Departamento de Marketing en la editorial SM. Explica que sus libros de texto están pensados como proyectos educativos que tienen una duración de cuatro años y que sólo se cambian en casos excepcionales, como cuando Plutón dejó de considerarse planeta y obligó a sacar una edición revisada. “Si no hubiera habido cambio de ley, lo normal es que a un centro con el que empecemos a trabajar este año y otro con el que llevemos tres años, les llegue la misma edición”, comenta. Rosa Luengo, directora editorial de Edelvives, donde también hablan de proyectos y no de libros de texto, ahonda en esa misma postura: “Para una editorial, lo más rentable económicamente es hacer un libro, que tiene unos costes importantes, y que ese libro dure en el tiempo”.

¿Son las librerías las verdaderamente beneficiadas? Lógicamente, pues ése es su negocio

Entonces, ¿cuáles son las razones para sacar una nueva edición de un libro de texto? La principal, sin duda, es la adaptación del texto a cada nueva Ley de Educación. La Asociación Nacional de Editores de Libros de Texto y Material Escolar (ANELE), en su Informe sobre la evolución de los precios de los libros de texto para el curso 2015/2016, confirma que han tenido que trabajar “contra viento y marea para elaborar libros conforme a la nueva Ley que estén disponibles para el próximo curso”. Añaden que “ninguna otra ley educativa ha generado tanta incertidumbre e inseguridad”, y concluyen que “todos estos factores inciden directamente en los costes de producción de los libros de texto y, por tanto, en los precios de venta”. El precio de los libros de texto en la educación obligatoria (hasta los 16 años) es libre. La editorial fija un precio con el que cubrir sus costes de producción y, lógicamente, obtener un beneficio. El punto de venta (la librería de barrio o la gran superficie) es quien decide el precio final de venta al público, de ahí que haya diferencias sustanciales entre comprar los libros en un lugar u otro. ¿Son las librerías las verdaderamente beneficiadas de que cada año las familias adquieran nuevos libros de texto? Lógicamente, pues ese es su negocio: vender libros. Y más concretamente, las grandes superficies, de acuerdo a otro estudio de la OCU. Leticia Ramos, del Departamento de Comunicación y Relaciones Externas de El Corte Inglés, explica que los periodos del año de mayor volumen de venta de libros son “los meses de junio y julio, por las lecturas veraniegas, Navidad y el periodo de campaña escolar, entre agosto y septiembre”. Lucía Hoyos, responsable de Marketing y Comunicación de La Casa del Libro, reduce estos periodos al navideño y al arranque del curso escolar.

Elena Alfaro es arquitecta de profesión y, como ella misma se define en su blog, activista por accidente. Tras lograr que una petición suya pidiendo un precio justo para los libros de texto sumara más de 300.000 firmas de apoyo, asistió al Congreso de los Diputados en septiembre de 2013 el día que UPyD recogía su petición haciendo una proposición no de ley al Gobierno. “Escuché a parlamentarios alabar sin mesura a los ciudadanos por mostrar el camino a los diputados y luego votar en contra, escuché a señorías deshacerse en elogios del sistema de reutilización de libros de texto, pero sólo en su comunidad autónoma, escuché a parlamentarios atacar el asunto como si de un tema personal del proponente se tratara mientras observaba estupefacta desde arriba”, escribió en su blog tras su experiencia. “Aún falta mucho, mucho, mucho, para que un ciudadano sienta el Congreso como suyo”, concluía en esa entrada. Ese localismo al que alude se traduce en la composición del contenido de cada curso en función de la comunidad autónoma.

Según la LOMCE, el Ministerio de Educación marca una serie de contenidos que han de alcanzarse en cada etapa educativa pero las comunidades deciden cómo los dividen, dónde empieza tercero, dónde acaba cuarto… A nivel editorial puede llegar a suponer 17 ediciones diferentes, una por cada autonomía. De esa falta de amplitud de miras también se quejan desde el mundo editorial. Tanto Rosa Luengo como Óscar Fajardo desearían ese pacto por la Educación que trazara líneas rojas básicas que no cambiaran tras cada periodo electoral. Un pacto por la educación imposible para Agustín Moreno, Enrique J. Díez, José Luis Pazos y Miguel Recio, coautores del libro Qué hacemos con la Educación. “No es posible hacer pactos educativos con quienes quieren consolidar y aumentar la diferenciación de dos redes de educación, recortando la educación pública y potenciando la privada”, recuerdan en un artículo de opinión publicado en El Diario. Ninguna persona del Ministerio de Educación ha querido atender la petición del redactor para participar en este reportaje.

Algunos centros trabajan sin libro de texto, elaborando sus propios materiales

Llegados a este punto, parece necesario preguntarse si existe algún tipo de alternativa a esta situación. Elena Alfaro recuerda que “muchos, muchísimos padres creen que los libros de texto son obligatorios por ley. Eso es falso. Muchos creen que los profesores no pueden trabajar sin ellos, también es falso”. Algunos centros educativos trabajan sin libro de texto, elaborando sus propios materiales, a veces a partir del que la propia editorial prepara al respecto. En opinión de Óscar Fajardo, “para un buen profesor, el libro de texto nunca ha sido su centralidad”. Este modelo implica un mayor esfuerzo por parte del profesorado, del centro y de los propios padres, pero también mayor satisfacción, como explica Laura, profesora de un colegio público en la Comunidad de Madrid. “Tanto para el equipo docente como para el alumnado, la motivación de trabajar así es mucho mayor”.

¿Y en los centros que no trabajan por proyecto, qué alternativas hay? La reutilización, sobre todo. Al respecto de esta opción, Elena Alfaro comenta que “los libros están en los centros y se entregan al inicio del curso a cada niño, a todos, sean cuales sean sus condiciones socioeconómicas (un espacio más de igualdad) y se les hace responsables de ellos”. Los bancos de libros de texto ya funcionan en muchas localidades y centros educativos, potenciados por las entidades municipales, como es el caso de Oviedo o Fuenlabrada. En la localidad madrileña apuestan por inculcar en el alumnado “la importancia del cuidado y buen uso de los libros y material escolar para poder intercambiarlos después cuando finalicen el curso”.

En un sector tan complejo como el de la Educación y tan sensible como el de los libros de texto, parece que la solidaridad y la colaboración van por un lado y la individualidad y los localismos por otro. Sin embargo, al aproximarnos a algunos de los actores implicados concluimos que hay mucha voluntad de confluir. “Nosotros estamos por la Educación, que es lo que de verdad nos importa”, afirma Rosa Luengo. Casi todos los actores parecen dispuestos para el baile. Solo falta que alguien ponga la música.

Un Comentario

  1. BRAULIO
    BRAULIO 11 septiembre, 2015

    ¿Quién duda que el asunto de los libros de texto sea un negocio?
    Se hace difícil a los distintos grupos sociales organizarse para reclamar aquello que consideran un atropello y los productores de mercancías y servicios lo saben. Mientras esa situación persista, se aprovechan y ya está. No le demos más vueltas.
    Concretamente, en el negocio de los libros de texto, las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos, que podrían echar una mano en estos menesteres pues no lo toman muy en serio. Ocurre que buena parte de estas asociaciones son propuestas por la dirección correspondiente del centro escolar, integrante del gremio de los «negociantes».
    La ignorancia, falta de cultura reivindicativa y la dejadez en proporciones similares hacen que dejemos un terreno abonado a los cazadores de fortunas.

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