Pulsa "Enter" para saltar al contenido

El corazón de los partidos

 | Politikon | 19/10/2015

“El PSOE es el partido que más se parece a España.” Lo dijo José Blanco en 2005. Lo repitió Zapatero en 2010. Hoy es difícil que volvamos a oír nada semejante de boca de un dirigente socialista. Y si así fuese, nos costaría creerlo. Con razón: la caída de las formaciones tradicionales y la emergencia de nuevas alternativas ha venido a romper la relativa homogeneidad existente entre los votantes de PSOE y PP. La demanda electoral se ha fragmentado junto a la oferta, pero aún no entendemos del todo cómo ni hasta qué punto.

Es obvio que brechas como la ideología o la preferencia por un modelo de Estado u otro son capitales para comprender el mercado electoral. Probablemente es por ello que reciben tanta atención (justificada) por parte de analistas, periodistas y políticos. Hay otras maneras, sin embargo, de mirar a la relación entre oferta y demanda. Una es lo que podíamos llamar estructura de clase, estructura ocupacional… en definitiva, la posición que ocupa cada individuo respecto al mercado laboral (con la renta disponible, la edad y el capital humano adquirido como principales variantes). Esta relación tiene lógicas consecuencias estratégicas para los contendientes. Y aunque en España el voto de clase no ha venido siendo el aspecto determinante de la configuración del sistema de partidos, quizás la situación esté cambiando.

Los datos

Todos los partidos tienen grupos de los que dependen de manera particularmente sobresaliente. En inglés se les llama “core constituency“, pero de lo que hablamos al fin y al cabo es de su corazón de apoyos. Para poder localizarlo, diseccionarlo y compararlo con el aspecto del conjunto de la sociedad debemos observar la distribución de sus votantes y simpatizantes en función de una serie de variables. La asunción de que tal o cual partido se parece a España implica que el grueso sus votos corresponderá con el grueso de los españoles. No se trata tanto de saber si Podemos, PP, Ciudadanos o PSOE gana entre los jóvenes, entre los viejos, entre los ricos o entre los empleados de servicios personales. Más bien necesitamos saber qué porcentaje de los votantes pertenece a cada categoría.

La distribución de votantes y simpatizantes por edad ofrece un ejemplo perfecto, además de particularmente relevante para entender la (por el momento) emergente estructura de partidos. El siguiente panel muestra dicha distribución para cada una de las cinco principales formaciones de ámbito estatal, además de la correspondiente al conjunto del país. Junto al porcentaje correspondiente a cada partido y franja de edad se ofrece la diferencia en puntos porcentuales con respecto a la población total.

1edadAsí, por ejemplo, un 11% de los votantes/simpatizantes de Podemos tienen entre 18 y 24 años, 2.8pp por encima de la media de 8.2%. Esta combinación de datos nos permite saber que aunque los muy jóvenes están sobrerrepresentados en Podemos más que en cualquier otro partido, son solo el quinto grupo de edad más numeroso en la formación de Iglesias. En cualquier caso, es cierto que se trata del partido más (relativamente) joven, seguido de un Ciudadanos que tiene prácticamente a la mitad de sus votantes/simpatizantes en la mediana edad. En el otro extremo, el 39% de los votantes/simpatizantes del PP son mayores de 64 años. Esto representa 15.5pp más que la media. España tiene una población envejecida: un 23.4% de los mayores de edad están por encima de los 64. Pero la “población” del PP lo está mucho más, convirtiéndose con diferencia en el corazón del partido si lo observamos bajo el prisma de la edad. Incluso más que para el PSOE, cuya estructura también está considerablemente escorada hacia las edades avanzadas.

De hecho, si alguien quisiera definir el Partido Popular en una sola frase, “el partido de los que no trabajan” no sería una mala elección. Al fin y al cabo, el 46.4% de sus votantes/simpatizantes no forman parte de la población activa*.

3estruct-ocupacional El PSOE le va a la zaga. Por supuesto, esta distribución está íntimamente relacionada con la anterior: si PSOE y PP son partidos poblados por personas de edad avanzada, es normal que la proporción de retirados sea mucho mayor. Por contra, los nuevos partidos no llegan ni a un 17% de no activos. Podemos, por su lado, se construye sobre una coalición de personas en hogares insiders y outsiders a partes iguales. Por contra, Ciudadanos tiene una base más escorada hacia los autónomos y directivos, manteniendo una fuerte base de insiders, pero bastante distinta de la de Podemos o IU, como se observará a continuación**.

No resultará sorprendente, en cualquier caso, que insiders (para PP y PSOE) y desempleados (para PP) hayan perdido peso en las estructuras de votantes con respecto a la era del bipartidismo, dejando a socialistas y populares como formaciones considerablemente dependientes de las personas retiradas.

4modif-estruct-oc

Eso sí: no todos los retirados son iguales, ni mucho menos. Es momento de poner el foco en la composición interna de cada una de las porciones del gráfico anterior, comenzando por el primer bloque. Mientras el PSOE tiene a muchos más antiguos obreros cualificados (esencialmente clase trabajadora, con tareas manuales), la proporción de retirados de viejas y nuevas clases medias así como de clase media-alta y alta es mucho mayor entre el PP.

5jubiladosEn cierta manera, esta tendencia se mantiene a la hora de observar la composición de los insiders dentro de cada partido. Mientras los votantes y simpatizantes del PP que trabajan y viven en un hogar cuya persona de referencia tiene un contrato fijo se concentran excepcionalmente en los empleados cualificados y semicualificados del sector servicios, entre los del PSOE la presencia de obreros manuales y de trabajadores poco cualificados es considerablemente mayor, pese a que aún no llegan a sumar para constituir una mayoría.
guerraclases Ciudadanos, por su parte, complementa la considerable presencia de directivos y autónomos en sus filas con una considerable cantidad de gerentes y profesionales liberales, pero también de “clases medias ocupadas en el sector servicios”. El perfil de los hogares insiders de Podemos es sorprendentemente similar, con una salvedad importante: la mayor presencia de obreros cualificados con respecto a la media, ofreciendo un perfil más mixto.

Entre directivos y empresarios, Ciudadanos también muestra un perfil marcadamente más elevado, en este caso medido por formación, con respecto al resto de partidos y a la media poblacional.

capedu
La tendencia se confirma al observar la composición de los outsiders (recordemos, personas que trabajan y viven en un hogar cuya persona de referencia tiene un contrato temporal, o desempleados): los de Ciudadanos, Podemos (e Izquierda Unida) tienen un perfil más formado que el del resto de partidos.
eduout-798x1024-(1)Eso sí: la formación no lo es todo. Resulta muy ilustrativo observar que Podemos es el partido que más proporción de “sobrecualificados” alberga. Como persona sobrecualificada se puede considerar aquel individuo que ocupa un puesto de trabajo por debajo de su nivel de estudios. Ni más ni menos que un 12% de su electorado se encuentra en esta situación.
9overqualified
Pero sobrecualificado no quiere decir pobre. Si se observa la distribución de voto por nivel de ingresos individuales, de hecho, Podemos tiene un perfil por encima de la media, solo superado por Ciudadanos y por IU, que en realidad tiene dos cuernos: la clase obrera (presumiblemente en Asturias y Andalucía) y la consabida gauche divine.
income

El PSOE, por contra, muestra un perfil de ingresos considerablemente más bajo. Tanto en su caso como en el del PP esto está claramente influido por la media de edad de sus votantes y simpatizantes, pero eso no quita para que, al fin y al cabo, el perfil de ingresos sea el que es. De hecho, éste no cambia significativamente si se excluye a las personas retiradas y se contempla solo a los votantes y simpatizantes laboralmente activos.

La interpretación

Todo este aluvión de datos se deja leer con un poco de voluntad por la hipótesis y de estima por la caricatura útil, y da construir cuatro partidos prototípicis: el conservador, el reformista de mercado, el socialista dividido y el de la (relativa) juventud cabreada.

La palabra que mejor se adapta al PP actual es “conservador”. Casi la mitad de su electorado no forma parte de la población activa. Un 40% son mayores de 65 años. De las personas no activas, las clases medias en adelante son mayoría (65%). Clases medias que también dominan entre los ocupados. Su votante empresario o profesional liberal no tiene un perfil excesivamente elevado, cuando lo comparamos con la media. Pero no presenta apenas sobrecualificados entre sus votantes. Desde esta perspectiva, y aventurando una hipótesis quizá arriesgada, el PP parece el partido de aquellos a los que la crisis no les ha destrozado las expectativas. Dicho de otra manera: quienes pueden comprar sin demasiados problemas el mensaje (centro de su campaña, por ahora) de que la recuperación ya está aquí, lo cual es gracias a las reformas realizadas, y por tanto hemos de seguir como hasta ahora sin aventurarnos con “experimentos” raros.

La posición conservadora tiene no una, sino dos némesis. En un extremo, Podemos, la formación de quienes niegan la mayor: no hay recuperación, sino una especie de crisis sistémica. Sus simpatizantes son más bien jóvenes, pero solo comparados con el resto de partidos. Su perfil de ingresos está algo por encima de la media. Ahora bien: un 35% está en paro o tiene un contrato precario, frente al 16% del PP. Estos trabajadores en hogares outsiders que apoyan a Podemos están más educados que la media. No es una sorpresa, por tanto, que un 12.6% tenga ocupaciones por debajo de su nivel de estudios.Solo un 18% está fuera del mercado laboral. Alrededor de este corazón morado de pérdida de expectativas (que no absoluta), encontramos una coraza de trabajadores fijos (32%) donde destacan al mismo tiempo los técnicos más cualificados y los obreros industriales, reflejando probablemente una absorción de apoyos desde IU y el PSOE hacia ellos. Parece, en definitiva, el reflejo de quienes no están dispuestos bajo ningún concepto a asumir el relato oficial sobre la crisis y la recuperación.

En el otro extremo nos encontramos con un partido donde, como en Podemos, casi todos están en el mercado laboral (83%). Y, como en Podemos, el perfil es algo más joven que la media, aunque esta vez los de 35 a 44 años destacan sobre los demás. Ahora bien: los outsiders son menos (26%) y pertenecen sobre todo a las nuevas clases medias, estando sustancialmente más cualificados que los de los otros partidos. Respecto a los insiders, clases medias y medias-altas del sector servicios están claramente sobrerrepresentadas. Como también lo están los directivos y empresarios, que conforman un 11.3% de los simpatizantes. Éstos tienen, además, un perfil bastante formado, sobre todo cuando se les compara con los del otro partido con importante presencia del capital: el PP. Se trata, por supuesto, de Ciudadanos. Una formación con un perfil de clase claramente por encima de los demás partidos. Dejando la cuestión de Catalunya a un lado, el reformismo de su discurso casa bien con la idea de nuevas clases medias, media-alta y dirigentes con interés en que el liberalismo avance.

Entre estos tres extremos, el socialismo no acaba de encontrar su lugar. Está claro que la estructura de edad de sus votantes es más similar a la del PP que a la del resto. Pero estos inactivos tienen un perfil bien distinto, con una clara mayoría de obreros cualificados. La diferencia de clase se hace más patente incluso al observar el perfil de ingresos de sus simpatizantes: los del PSOE está nítidamente por debajo de los demás. Pese al relativo ‘vaciamiento’ que ha sufrido de votantes con contrato fijo, sigue contando con el mayor núcleo de trabajadores de la industria y poco cualificados. Muchos de sus outsiders también pertenecen a esta categoría. La (extraña para el resto del mundo) insistencia de los socialistas en la idea de “reindustrialización” se entiende mejor con estos últimos datos, unidos al hecho de que tales votantes suponen también el núcleo de la militancia y de UGT, sindicato amigo. Pero en el PSOE conviven éstos con una ingente cantidad de jubilados de clase obrera, y también con la mayor representación de personas de clase media-baja y baja que tiene partido alguno. Resulta muy difícil construir un discurso que deje a todos ellos satisfechos apelando además a votantes huídos o potencialmente nuevos. Al fin y al cabo, el colectivo de retirados ha sido de los menos perjudicados en esta crisis gracias a la estructura de nuestro Estado de Bienestar, mientras que las clases menos pudientes se han llevado un gran golpe que podría haberse amortiguado con otro tipo de sistema. Pero en un contexto de restricción presupuestaria es poco creíble proponer tal cambio sin que el votante intuya que va a haber cortes, o subidas impositivas, por otros lados. Además, una considerable cantidad de las personas de clase media-baja y baja tiene dificultades para encontrar una posición digna en el mercado laboral en parte por culpa de nuestro modelo de regulación y gasto, que beneficia precisamente al votante industrial del PSOE. En definitiva, un duro rompecabezas.

Ni que decir tiene que estas interpretaciones están sujetas no solo a la falibilidad de los datos en un momento como el actual, sino al mero paso del tiempo en el que entra la acción de cada partido, que igual que cambió las cosas de enero a ahora, puede traer más sorpresas de aquí al 20D. Es una cuestión estratégica. Pero esto quedará para la siguiente entrada.

*La división entre personas con trabajo fijo y temporal se refiere a la persona de referencia del hogar, que puede ser o no ser el entrevistado. Esto se debe a la manera de realizar la pregunta del CIS. Por tanto, estas categorías representan de personas que trabajan, que no pertenecen a ninguna de las otras categorías, y que viven en un hogar cuya persona con más ingresos tiene un contrato fijo o uno temporal. En la mayoría de casos, si la persona de referencia tiene un contrato temporal, el resto de miembros del hogar que trabajan suelen tenerlo. Pero no al revés: una persona de referencia con contrato indefinido y otra con menor salario y contrato temporal es más factible. Así que el sesgo que introduce esta utilización de la pregunta es para reducir la cantidad de temporales. Siempre que en el texto aparecen referencias a fijos, temporales, insiders u outsiders hay que tener esto en cuenta.

**A partir de este momento las muestras con las que se trabaja se van haciendo pequeñas, con lo que es imprescindible tomar todos los resultados con la correspondiente cautela.

Sé el Primero en Comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *