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Portugal: Cavaco Silva y los malabarismos de la derecha. Dossier

Francisco Louça, Luis Villalobos, Rui Tavares, Paulo Pena | SinPermiso | 24/10/2015

Mientras continúan las negociaciones entre el PS, el Bloco de Esquerda y el PCP para constituir una mayoría parlamentaria para un gobierno del PS –que se ha concretado ya en la elección como presidente del Parlamento y segunda autoridad del estado del socialista Eduardo Ferro Rodrigues por 120 votos frente a los 108 de la derecha- el Presidente Cavaco Silva ha decidido llamar a formar gobierno al candidato de la coalición de derechas PaF, a pesar de estar en minoría en la nueva asamblea legislativa.

Lo ha hecho además convocando a todos los demonios de la derecha portuguesa, en un discurso de partido mas que institucional, cuyo objetivo es intentar que una pequeña corriente del PS –los seguidores del antiguo secretario general Seguro- rompa la disciplina de voto y se abstenga en la votación del programa de gobierno de Passos Coelho. Pero la maniobra solo ha servido para cohesionar a la dirección del PS y su grupo parlamentario.

Cuando las fuerzas de izquierda, con su mayoría parlamentaria, rechacen el programa del gobierno de Passos Coelho, a Cavaco Silva solo le quedará llamar a formar gobierno al PS, que sí cuenta con el apoyo de la mayoría de izquierdas de la cámara, o convocar nuevas elecciones -que solo podrían celebrarse tras las presidenciales de enero, en junio de 2016. Una estrategia de la tensión y del miedo a tres meses vista para desgajar a un sector del PS a costa de la inestabilidad financiera y política de Portugal. Justo lo contrario del argumento que ha utilizado para rechazar el encargo de formar gobierno a la coalición parlamentaria de izquierdas: “no presenta garantías de una solución alternativa, estable, duradera y creíble”. Palabras proféticas que parecen el epitafio de Cavaco Silva y Passos Coelho. SP

Cavaco Silva y como el pasado se ensaña con el presente

Francisco Louçã

Cavaco Silva hizo lo que se esperaba: siguió formalmente la tradición, indiferente al país y a sus propios llamamientos a la constitución de una mayoría absoluta, y ayudó a su partido en la estrategia dramatizadora que es la última carta que le queda a Passos Coelho en 2016. Pero fue también más allá y, con un despliegue de emoción no disimulada, decidió establecer un apartheid dentro de la democracia. Las consecuencias de este acto son inmensas, incluso si Cavaco Silva ya solo cuenta con un par de meses para radicalizar la situación.

De hecho, dijo lo que siempre han pensado los dignatarios del régimen, pero nunca se habían visto obligados a explicar, porque en los tiempos modernos nunca habían tenido un cuña de diferencia de un millón de votos y la capacidad de la izquierda de condicionar el gobierno. Por ello, la elegancia de la retórica democrática fue reemplazada por el martillo. Lo nuevo es esta transparencia del régimen.

La primera consecuencia de esta inédita sinceridad es que facilitó la tarea de António Costa, que sólo tenía obstáculos en la búsqueda de una vía de compromiso que choca con toda la cultura histórica del PS. Ahora nadie puede atreverse a ser el «cavaquista del PS», por lo menos hasta que se calme la tormenta. Por tanto, Cavaco Silva ayudó a polarizar el espacio contrario a su partido.

La segunda consecuencia es que Cavaco Silva se convierte en una rémora para la derecha, porque la emoción del presidente invocando su autoridad excluyente no puede ser trivializada, pero fue pólvora quemada antes de tiempo. Cavaco Silva, como de costumbre, no supo tener la cabeza fría y esperar a los próximos movimientos en la estrategia de la tensión que ha convocado. Permitió que se colase de nuevo la imagen de mezquindad y partidismo que hace que sea un aliado incómodo para Passos Coelho y Portas, que si saben que la guerra de nervios se pierde con un grito.

Por último, y esta es la consecuencia más importante, Cavaco Silva contribuye a la crisis del régimen del que es la figura principal, porque lo aprisiona entre el pasado (frente a los problemas del país sólo ofrecen juegos de mesa partidistas) y el protectorado (el campo de la democracia se define por la obediencia en una carrera hacia el abismo, que es el mandato de los mercados financieros). Al hacer del régimen político un títere de Berlín, Cavaco Silva movilizó de una sola vez todos los recursos de la ideología obediente, del conformismo satisfactorio y de la auto-complacencia de las élites gobernantes en Portugal. Pero lejos de la vida de la gente, porque las pensiones amenazadas, los empleos precarios, los hijos obligados a emigrar, las facturas que se acumulan, la desconfianza popular ante la corrupción y el frenesí de los grandes negocios, nada de eso le interesa. Palacio sólo sabe repetir que ignora las plazas de la República y, con ello, el pasado se ensaña con el presente: lo único que tiene que decir a los plebeyos es que coman bizcochos si no tienen pan.

Por otra parte, el discurso de Cavaco Silva es un engaño. Portugal no puede cuestionar a los mercados, pero los mercados consideran que Portugal es basura, incluso cuando las tasas a corto plazo son negativas. Portugal no puede cuestionar las nuevas reglas que Berlín impone a la Unión Europea, pero se sienta al lado de uno de los más poderosos Estados de Europa que está organizando un referéndum para salir de la UE. Portugal tiene que aceptar las reglas fiscales que han sido aprobadas con el argumento hasta ahora inédito de que son «estúpidas». La ideología, cuando la idea es débil, se convierte en ira, como Cavaco Silva mostró ayer.Portugal se acordará de este presidente.

Cavaco Silva y cómo agitar a los mercados

Luís Villalobos

Si los mercados – o sea, los inversores – andaban ocupados con otros asuntos, después del discurso del Presidente de la República tal vez empiecen a estar más agitados en relación a Portugal.

En el mensaje que leyó al país, Cavaco Silva subrayó su fuerte aprensión a una “quiebra de confianza de las instituciones internacionales acreedoras nuestras, de los inversores y de los mercados financeros externos”. Esto si el nuevo gobierno formado por el PSD y el CDS cae por tierra sin poder levantarse.

Apelando a una espécie de rebelión en el seno del PS, al mostrar el deseo de que haya diputados socialistas contrarios a un gobierno que haga viable la izquierda para aprobar el programa del gobierno de coalición, Cavaco Silva enumeró todo lo que han rechazado el PCP y el Bloco, desde la moneda única hasta la OTAN. Si el líder del PS iba a intentar tranquilizar a los mercados, mostrando respeto por las reglas europeas, después de esta noche tendrá que comenzar el trabajo desde el principio.

La táctica del PS parece ser la de unir fuerzas por la izquierda y hacer caer al nuevo gobierno, avanzando después hacia un gobierno minoritario con negociaciones de apoyo parlamentario con el Bloco y el PCP. Se llegue o no a un acuerdo con esta estrategia, es difícil creer que que este tipo de acuerdos dure mucho tiempo. .

Va a durar lo que sea posible que dure, según se espera, dentro del marco europeo al cual Portugal pertenece, del timing para que el PS vaya de nuevo a las elecciones y de que otros partidos cuenten sus escopetas. De ahí a considerar que va a nacer en Portugal un gobierno de coalición que pone en riesgo al país en la lista de miembros del euro hay un paso en toda una dirección bien distinta.

En paralelo, el propio discurso de Cavaco Silva sugiere que podría no dar opción a otro gobierno. Así, habría un gobierno de gestión hasta que el nuevo Presidente de la a República pueda señalar nuevas legislativas, intentando clarificar las aguas el año que viene.

Lo que los inversores quieren es un ambiente de confianza y, con toda su legitimidad, ganar dinero. En medio de todo esto, intento ponerme en la cabeza de un inversor y pienso que, si no estaba muy preocupado hasta ahora, después de esta noche el nivel de riesgo es más elevado.

Precedentes y procedimentos

Rui Tavares

Nadie puede decir que el Presidente de la República esté ahora en una posición fácil. Pero la convirtió en algo mucho más difícil cuando por dos veces intentó condicionar el tipo de gobierno que deberíamos tener. Ahora no hay ninguna solución sin que aparentemente rompa con una u otra de sus condiciones.

Pero sólo aparentemente. Veamos.

El primero conjunto de condiciones se dio antes de las elecciones, con la amenaza implícita de que Cavaco Silva sólo investiría a un gobierno estable, duradero y con apoyo garantizado en el Parlamento.
El segundo conjunto de condiciones llegó después de las elecciones, con la exigencia  de que el próximo gobierno respetase los compromisos de la UE, del euro, de la CPLP [Comunidad de Países de Lengua Portuguesa] y de la OTAN.

Si no hubiese presentado estas condiciones, o conjuntos de condiciones, Cavaco Silva tendría ahora mayor margen de maniobra. Hasta para hacer aquello que su familia política desea, que es designar a Pedro Passos Coelho e invitarle a formar gobierno.

Sucede que la designación de Pedro Passos Coelho va en contra del primer conjunto de condiciones que Cavaco Silva expone: si hay una cosa clara en este momento es que un gobierno de derecha no será estable, no será duradero y no tendrá garantizado un apoyo mayoritario en el Parlamento. Con un gobierno de derecha, Cavaco Silva entregaría el país a la inestabilidad de la que abomina. La última hipótesis de que no fuera así acabó ayer, cuando António Costa anunció que tenía una alternativa de gobierno. Recuérdese que Costa había prometido hacer viable un gobierno de derecha en caso de que no hubiese una alternativa. Con alternativa es cierto que un gobierno de derechas caerá  en poco tiempo.

El segundo conjunto de condiciones parece juiciosamente diseñado para alejar al BE [Bloco de Esquerdas] y al PCP [Partido Comunista Portugués] de la gobernación. A eso se han garrado en los últimos dias los defensores de un gobierno de derechas. Con todo, basta con que los partidos a la izquierda del PS garanticen que no pondrán en cuestión los compromisos internacionales del país para que las segundas condiciones presidenciales puedan cumplirse con garantías. Más aún: sabemos que el PS votaría siempre contra cualquier propuesta en el Parlamento que pusiera en cuestión estos compromisos. Sencillamente, no hay mayoría en la Asamblea de la República para que Portugal salga del euro o de la OTAN, incluso en el caso de que alguien insistiera en eso.

De forma que, paradójicamente, está en la izquierda la única posibilidad de gobierno que cumple con los dos conjuntos de condiciones presentados por el Presidente de la  República. Y la derecha, también paradójicamente, no cumple con ninguna de ellas: no presenta un gobierno duradero y — como ya estamos viendo con la violación de la regla  del «semestre europeo» — no cumple con las reglas presupuestarias de la unión económica y monetaria. Mucho menos si viera rechazado su programa o presupuesto de aquí a unas semanas.

De manera que, siguiendo su propia lógica, el Presidente de la República sólo podrá investir a un gobierno sustentado por la izquierda. Mirando la realidad política y si no quiere contradecirse, no hay otra hipótesis.
Claro que Cavaco Silva puede tener otras razones — razones nuevas, contradictorias con las antiguas — para actuar de forma diferente. Pero en ese caso, debería haber anunciado que seguiría sólo los procedimientos normales, en vez de haber intentado crear precedentes.

Público, 21 de octubre de 2015

¿Es verdad que nunca ha gobernado un partido comunista en democracia?

Paulo Pena

La frase
«En 100 años, nunca se ha visto a un partido comunista en el poder que gobernase con elecciones libres, con partidos políticos, con libertad de expresión, sin exilados, sin presos políticos.»
António Barreto, entrevista en RTP 3 [canal de la Radiotelevisión Portuguesa], 21 de octubre de 2015.

El contexto
António Barreto argumenta en esta cita que nunca, en el último siglo, ha llegado un partido comunista al poder mediante elecciones democráticas o nunca ha sucedido que, habiendo accedido al poder, esa ascensión al poder no haya tenido como resultado una limitación de la democracia. Barreto, sociólogo, ex-presidente de la Fundación Francisco Manuel dos Santos, enumera las características de una democracia (elecciones, partidos políticos, libertad de expresión) y las limitaciones de las libertades que resultarian de la presencia en el gobierno [portugués] de fuerzas comunistas (exilados, presos políticos). Barreto pensaba posiblemente en las características de los gobiernos comunistas que, en la segunda mitad del siglo XX, instauraron regímenes represivos de las libertades en el Este de Europa, en la entonces URSS (Rusia y los demás países de Asia Central) y en China.

Pero no fue exactamente eso lo que afirmó exactamente António Barreto. Y en contra de esa afirmación suya, hay otras evidencias. Veamos algunas, de una lista no exhaustiva, y empezando por las más recientes.

Los hechos
En el régimen presidencialista de Chipre, uno de los miembros de la Unión Europea (por si sola una garantía de valores democráticos), el AKEL, Partido Comunista de Chipre, ganó las elecciones presidenciales de 2008, haciendo presidente del país a Dimitris Christofias hasta 2013, con asiento en el Consejo Europeo y asumiendo incluso, en la segunda mitad de 2012, la presidencia rotatoria de la UE.

Pero no es un caso único en la Unión Europea. El Partido Comunista de Francia estuvo varias veces en el gobierno. La última de ellas, entre 1997 y 2002, con dos ministros en el ejecutivo liderado por el socialista Lionel Jospin, durante la presidencia del conservador Jacques Chirac. Ya había sucedido en los gobiernos de François Mitterrand (1981-1986). Y anteriormente, pero dentro de los “100 años” que apunta Barreto: 1936, 1945 y 1946, dando início, además, al concepto de “frente popular” aplicado a las alianzas entre socialistas y comunistas. Lo mismo sucedió en España, donde una  coalición de este tipo gobernó hasta la victoria de las fuerzas de Francisco Franco en la Guerra Civil en 1939, hace 76 años.

Volviendo al pasado más reciente, y a la Unión Europea, el Partido Comunista de Dinamarca forma ahora parte de la “Alianza Verdirroja” que apoyó al primer gobierno de la socialdemócrata danesa Helle Thorning-Schmidt entre 2011 y 2014. Y este no es el último ejemplo en la Unión Europea…Hasta en Grecia, donde los comunistas son refractarios a entenderse incluso con la izquierda radical (Syriza), hay una experiencia de gobierno que los incluyó en 1989.
En Austria, en Luxemburgo y en Finlandia los partidos comunistas llegaron al gobierno después de la II Guerra Mundial a través de elecciones. En Helsínki fue presidente el comunista Mauno Pekkala (1946-48).

Fuera de Europa, baste recordar dos ejemplos: el Partido Comunista del Brasil tiene 57 alcaldes electos y forma parte de la coalición que eligió a Lula y Dilma a Planalto [sede del poder ejecutivo del gobierno federal brasileño]. Hace 40 años, el Partido Comunista de Chile, que hoy en día dispone de cinco gobernadores provinciales, formó parte del gobierno de Unidad Popular (1970-1973) liderado por Salvador Allende, que venció luego en las  presidenciales y murió luego de resultas del golpe militar de Augusto Pinochet.

Y un último ejemplo que une dos curiosidades: el estado alemán de Turíngia tiene un ministro-presidente comunista. Bodo Ramelow, del partido Die Linke (que une al antiguo partido comunista de Alemania del Este, el PDS, con otros sectores de izquierda), quedó en segundo lugar en las elecciones del estado de 2014, por detrás de la candidata conservadora del CDU, el partido de Merkel. Pero gracias a una alianza con el SPD (partido hermano del PS portugués) y de lo Verdes, Ramelow formó un gobierno de coalición mayoritario en el Parlamento de dicha región.

En ninguno de estos ejemplos hay sospechas de supresión de libertades individuales, derechos políticos o represión.

En resumen
Al contrario de lo que afirma Antonio Barreto, hay varios ejemplos, algunos actuales, de un “partido comunista en el poder que haya gobernado con elecciones, con partidos políticos, con libertad de expresión, sin exilados, sin presos políticos”.

Público, 22 de octubre de 2015


es un economista portugués de reputación académica internacional y, hasta hace poco, el principal dirigente del Bloco de Esquerda


trabaja desde 2007 como periodista del diario lisboeta Público, donde es responsable de la sección de Economía. Es autor del libro Negócios Vigiados, sobre la PIDE (la policía política salazarista) y las empresas, y coordinador de la obra Quero um emprego!


escritor, traductor, historiador y político portugués, fue elegido en 2009 eurodiputado como independiente dentro del Bloco de Esquerdas, pasando en 2011 al grupo de los Verdes y fundando en 2013 el Partido Livre, con el que se presentó como cabeza de lista a las últimas elecciones portuguesas sin obtener escaños. Colabora con el canal Sic Noticias y la revista Blitz y es columnista del diario lisboeta Público.


periodista del diario liboeta Público.


Fuente: Publico, 22 y 23 de octubre 2015

Traducción: G. Buster, Lucas Antón

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