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Portugal a la izquierda

Rui Tavares | Sin Permiso | 20/11/2015

En los últimos cuatro años de austeridad se cantó muchas veces “Grândola, Vila Morena” para conjurar el espíritu de resistencia e invocar la posibilidad de la unión de la izquierda. Ayer, cantar Grândola fue diferente. Nos hablaba ya de un sentimiento de esperanza y orgullo. El pueblo de izquierdas tomó posesión de la alternativa política y la reclamó como suya. La izquierda va a necesitar ese sentimiento. El poder sin pueblo no pasa de cargos inútiles.

Hace mucho que la sociedad portuguesa está madura para un gobierno escorado a la izquierda. Una parte de la derecha seguirá negándolo. Al tiempo de espera de una decisión del Presidente de la República, a la presión por parte del Partido Popular Europeo se le suma la incertidumbre propalada por los comentaristas: ¿qué pasará cuando los sindicatos empiecen a pedir aumentos? ¿Qué pasará cuando los partidos de izquierda tengan opiniones diferentes? Las preguntas son legítimas. Pero parece que los comentaristas sólo admiten un tipo de respuesta, que es la respuesta pesimista. No admiten que la sociedad civil, los sindicatos y el pueblo de izquierdas no sean una fuerza de bloqueo. No admiten que las diferencias entre los partidos de izquierdas, bien conocidas además, sobre todo por ellos mismos, puedan tener un resultado de suma positiva.

¿Y si la mayoría social, política y parlamentaria de izquierdas — que se confirmó ayer — tuviera más capacidad de cambio en los próximos años que la mayoría de derechas que la precedió?

La izquierda portuguesa recuperó ayer su función transformadora y solidaria. Esta no puede realizarse sin dos cosas: 1) Capacidad de respetar las diferencias. 2) Una fuerte base social de apoyo. Hay mucho donde aplicar ese potencial.

Un gobierno de izquierda puede acertar en lo que se llamó pomposamente “reforma del Estado”…y en la que la derecha fracasó clamorosamente. Una verdadera reforma del Estado, vista desde la izquierda, puede realizarse mediante una mayor apertura de la administración a los ciudadanos, una mayor transparencia y responsabilización política, y mediante la reintroducción del debate que falta, que es el de la regionalización. Esta es una reforma del Estado que el PS, el BE y el PCP pueden pensar en conjunto, y para la cual deben comprometer a todo el Parlamento.

Un gobierno de izquierda debe esforzarse en la construcción de un modelo de desarrollo para el país con pilares muy sencillos: empleo con derechos y dignidad para todos, incorporación de conocimiento y  tecnología, reindustrialización verde, refuerzo de la capacidad productiva y cooperativa. Ahí los sindicatos son aliados y no obstáculos.

Un gobierno de izquierdas va ciertamente a implicarse en el combate contra las desigualdades y la pobreza. Bastará aplicar los acuerdos ayer firmados para que tengamos un inicio de legislatura más productivo que nunca en este nivel.

Por último, un gobierno de izquierdas debe dar fuerzas a Portugal para los grandes desafíos del siglo XXI: luchar por una Unión Europea democrática, una globalización justa y un planeta sostenible.

Al descreimiento y a la incertidumbre de una parte de la sociedad, al orgullo y esperanza de la otra parte, se responde de la misma forma: con acción política, transformadora y solidaria.En los últimos cuatro años de austeridad se cantó muchas veces “Grândola, Vila Morena” para conjurar el espíritu de resistencia e invocar la posibilidad de la unión de la izquierda. Ayer, cantar Grândola fue diferente. Nos hablaba ya de un sentimiento de esperanza y orgullo. El pueblo de izquierdas tomó posesión de la alternativa política y la reclamó como suya. La izquierda va a necesitar ese sentimiento. El poder sin pueblo no pasa de cargos inútiles.

Hace mucho que la sociedad portuguesa está madura para un gobierno escorado a la izquierda. Una parte de la derecha seguirá negándolo. Al tiempo de espera de una decisión del Presidente de la República, a la presión por parte del Partido Popular Europeo se le suma la incertidumbre propalada por los comentaristas: ¿qué pasará cuando los sindicatos empiecen a pedir aumentos? ¿Qué pasará cuando los partidos de izquierda tengan opiniones diferentes? Las preguntas son legítimas. Pero parece que los comentaristas sólo admiten un tipo de respuesta, que es la respuesta pesimista. No admiten que la sociedad civil, los sindicatos y el pueblo de izquierdas no sean una fuerza de bloqueo. No admiten que las diferencias entre los partidos de izquierdas, bien conocidas además, sobre todo por ellos mismos, puedan tener un resultado de suma positiva.

¿Y si la mayoría social, política y parlamentaria de izquierdas — que se confirmó ayer — tuviera más capacidad de cambio en los próximos años que la mayoría de derechas que la precedió?

La izquierda portuguesa recuperó ayer su función transformadora y solidaria. Esta no puede realizarse sin dos cosas: 1) Capacidad de respetar las diferencias. 2) Una fuerte base social de apoyo. Hay mucho donde aplicar ese potencial.

Un gobierno de izquierda puede acertar en lo que se llamó pomposamente “reforma del Estado”…y en la que la derecha fracasó clamorosamente. Una verdadera reforma del Estado, vista desde la izquierda, puede realizarse mediante una mayor apertura de la administración a los ciudadanos, una mayor transparencia y responsabilización política, y mediante la reintroducción del debate que falta, que es el de la regionalización. Esta es una reforma del Estado que el PS, el BE y el PCP pueden pensar en conjunto, y para la cual deben comprometer a todo el Parlamento.

Un gobierno de izquierda debe esforzarse en la construcción de un modelo de desarrollo para el país con pilares muy sencillos: empleo con derechos y dignidad para todos, incorporación de conocimiento y  tecnología, reindustrialización verde, refuerzo de la capacidad productiva y cooperativa. Ahí los sindicatos son aliados y no obstáculos.

Un gobierno de izquierdas va ciertamente a implicarse en el combate contra las desigualdades y la pobreza. Bastará aplicar los acuerdos ayer firmados para que tengamos un inicio de legislatura más productivo que nunca en este nivel.

Por último, un gobierno de izquierdas debe dar fuerzas a Portugal para los grandes desafíos del siglo XXI: luchar por una Unión Europea democrática, una globalización justa y un planeta sostenible.

Al descreimiento y a la incertidumbre de una parte de la sociedad, al orgullo y esperanza de la otra parte, se responde de la misma forma: con acción política, transformadora y solidaria.


escritor, traductor e historiador. Fundó en 2013 el Partido Livre, sin obtener escaños en las las últimas elecciones legislativas portuguesas. Colabora con el canal Sic Noticias y la revista Blitz y es columnista del diario lisboeta Público.

Un Comentario

  1. BRAULIO
    BRAULIO 2 diciembre, 2015

    Ánimo, portugueses; estamos de travesía en las mismas aguas turbulentas. Poco a poco, el mar se va poblando de mástiles de blancas velas cargadas de esperanza hacia un puerto de acogida más sereno, con un cielo más azul…

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