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El fin de una época

Las cosas se van aclarando en un país al que le ha costado mucho despertar de una pesadilla de demasiados años de confusión y de fraudes políticos e ideológicos. Con todo, siempre hay un principio y un final, y parece que estamos cerca de lo segundo. Las circunstancias obligan.

Nos guste más o menos a una buena parte de la población, la derecha neoliberal tiene en España un suelo y un techo electoral tan elevado como próximo el uno del otro. Su mínimo son 10 millones de votantes y su máximo son 11. Desde el 78 los reaccionarios y conservadores se han movido en estos niveles de aceptación con muy pocas variaciones. Hoy lo siguen haciendo con la suma de PP y Ciudadanos. Y no va a cambiar, es absurdo esperar que esos nueve de los diez millones de votantes alienados/bobos; los mismos que se verán perjudicados por sus propias decisiones, vayan a enterarse de lo necios que son por ciencia infusa. No va a ocurrir, y ni siquiera son una causa perdida: no hay causa. Suponen un 30% escaso del censo electoral, pero no importa cómo varíen los índices de participación y/o abstención: ellos/as votan siempre. Hay que aceptar que están ahí, y que siempre van a estar en el mismo lugar.

Teniendo esta realidad práctica clara, se puede entender lo difícil que es conseguir normalidad democrática en el Estado español (y por extensión en casi cualquier lugar del mundo). Si solo un tercio del resto de los electores puede ser confundido –y la historia reciente nos muestra que no es nada complicado lograrlo–, se perpetúa el sistema antisocial. Y ahí ha estado el PSOE para jugar ese fundamental papel de cosmética izquierdista. Ahí ha estado, es obvio, hasta que los nuevos canales de comunicación (los medios tradicionales han tenido que ir a remolque de la realidad) han permitido que apareciera un Partido que no necesita decir que es de izquierdas (mala cosa es esa de necesitar proclamar constantemente lo que eres).

Y han llegado las elecciones, y la parte de la sociedad mejor comunicada ha dado el primer golpe. Y así, por primera vez, se dan las condiciones para que la actuación de la vieja hegemonía no pueda resultar creíble con facilidad. Al partido que lleva en sus siglas un Socialista y un Obrero los resultados lo han puesto entre la espada y la pared, y haga lo que haga no parece que vaya a salir indemne. Pues si se aferra a negar el derecho a decidir como único clavo ardiendo para dar el poder a la derecha neoliberal o repetir elecciones, una buena parte de sus votantes no se lo perdonará. Y si finalmente acepta cruzar esa autoproclamada línea roja, los cuarenta años de su propio discurso de alienación social y demonización de ese mismo derecho (que no tiene nada que ver con ser o no nacionalista); el haberse posicionado motu proprio (aunque hasta el año 77 defendiera precisamente lo contrario) en el lugar discursivo que siempre ha sido patrimonio de la derecha, tampoco le saldrá gratis.

Y no, por más que se cacaree no se trata tampoco de mochilas, ni de un ataque al pasado o al trabajo hecho. Las mochilas cada cual las llena de lo que considera apropiado. Se pueden llenar de buenos propósitos y acciones, o de deudas que se saben eternas. De esas deudas que una vez entran ya no se pueden saldar. Se trata de lo que eres realmente.

Ha comenzado el principio del fin de los apaños y los trampantojos. A partir de ahora se acabó el ‘progresismo’. Se va a recuperar el antagonismo natural, ese que nunca dejó de existir aunque durante un periodo el maquillaje con productos perecederos pudiera darnos gato por liebre. El centro no ha existido nunca porque no puede existir en una sociedad con intereses contrapuestos en los que no cabe negociación entre una minoría explotadora y una mayoría explotada. Y ante la imposibilidad de demostrarlo, si recurres a decir que tu partido es de izquierdas (y para el caso y en la actual tesitura lo mismo da socialdemócrata que socialista), vas a tener que, como mínimo, parecerlo. Pero puede que no puedas o te dejen parecerlo. Y si no lo pareces vas a ser visto como un partido contrario a los intereses de las mayorías: como un partido de derechas. Y si eres de derechas, vas a tener que disputarte el voto en un espacio que ya está ocupado. Y el PASOK (el PSOE griego) ya mostró qué es lo que ocurre en ese caso.

Pese a las buenas nuevas no hay nada decidido. Pero sí hay un viejo escenario con un nuevo guión que se escribe sobre la marcha, y un reparto en el que muchos advenedizos van a servir para demostrar que por bien que se actúe la comedia no deja de ser una ficción. Y esto ya es mucho. Y lo es porque ofrece el fundamento necesario para que cualquier racionalista se pueda sentir lógica y legítimamente esperanzado.

2 Comments

  1. Cotilleja Sinremedio
    Cotilleja Sinremedio 29 diciembre, 2015

    Siniestra estampa de reliquias para exponer en el Museo de las Vergüenzas.

    • Charo San Román
      Charo San Román 29 diciembre, 2015

      Cotilleja:

      Te felicito por la idea. Propongo acompañar la fotografía con tus palabras, como título, o subtítulo, o pie de página…. o… sobreimpresionada en medio d elos personajes

      La sonrisa de más de uno se asemeja a la de cualquier vulgar hiena

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