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(Vídeo) Esto ha llevado a dos personas a prisión, ¿estamos locos o qué?

Esta es la escena que ha costado la imputación de un delito de enaltecimiento del terrorismo. Delito por el que ahora mismo dos artistas están en prisión. No han robado, no han estafado, por supuesto no han matado ni han conducido al suicidio a nadie. Solo han hecho lo que se puede ver a continuación: trabajar en lo suyo.

https://www.youtube.com/watch?v=mIHQz2M26Dk

Una marioneta coloca una prueba falsa (una pancarta que no significa nada, pero que juega con dos posibles significados: ‘viva el alcalde’ o una inexistente organización terrorista a mitad de camino entre Al Qaeda y ETA) en una víctima del sistema (inconsciente, por eso debe ponerla en pie) para hacerle una foto con ella y acusarla de apología del terrorismo. La paradójica ficción que la fiscalía y un juez han convertido en una realidad similar.

No hay más, es solo esto. Y no hay llantos de niños, ni gritos, ni gente desmayándose de la impresión. Hay dos personas encarceladas. Estamos en España, año 2016.

Pero también era España, año 1984, y era RTVE, la única que existía. Era un programa infantil, quizá el mejor que se ha realizado aquí. Verlo hoy, 32 años después, produce una extraña sensación. No es lógico percibir una modernidad semejante en algo que hemos dejado tan lejos. Hoy no podría existir, y es la mejor prueba de nuestra involución. Qué envidia de nosotros mismos. De los y las que fuimos.

Aquel primer programa de La Bola de Cristal, al completo, resulta ahora una auténtica revolución, pero me ha parecido conveniente destacar el fragmento que Javier Gurruchaga dedica a la censura, a la vieja y la actual, mucho más sutil y por tanto más efectiva. La de la invisibilidad, la desinformación, la incultura y la autocensura. La de las dos realidades: la auténtica para unos pocos, y la prefabricada para las mayorías.

La censura. La que siempre recorta la verdad y en este caso particular lleva a portadas una versión manipulada y convertida en grotesco atentado moral con resultado de prisión preventiva incondicional para dos artistas. Y todo por haber actuado con unos guiñoles ante 40 o 50 personas en el momento político y lugar geográfico equivocado. Esa misma censura que no hace mención de las declaraciones de un famoso presentador de un medio radiofónico de alcance nacional con miles de oyentes, que sí son noticiables por sí mismas, y que además sí pudieran ser constitutivas de delito.

Pensaba que sí lo sabía, pero ahora ya no sé qué es lo que está pasando. Lo que sí queda claro es que se ha cruzado una nueva línea represiva. Una más, pero no una cualquiera. Y cuando de las intenciones se pasa a los hechos, empieza a ser complicada la vuelta atrás por las buenas.

Y sé que hay quien piensa que lo que ocurre solo es una estrategia para desviar la atención. Pero si lo han conseguido es porque es una carta ganadora. No podemos seguir llamando estrategia a encarcelar a voluntad del poder, ya no es eso. Y no podemos dejar de denunciarlo a pesar de que les convenga que lo hagamos. Porque hay dos inocentes en la cárcel, y si tocan a un@, nos tocan a tod@s.

Ya veremos cómo acaba todo esto, pero tiene mala pinta.

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