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Víctimas de un juego macabro

Jaime Velázquez | bez | 

Cientos de miles de niños y niñas continúan siendo reclutados en al menos 17 países del mundo por grupos armados que les obligan a combatir, les utilizan como escudos humanos, en misiones suicidas o como esclavos sexuales. En el Día Internacional contra la Utilización de niños y niñas Soldado, cinco organizaciones ponen especial foco en los conflictos de Nigeria e Irak y los abusos de Boko Haram y Estado Islámico.

El pasado 17 de julio, una niña de tan solo diez años acudió junto a una mujer a una explanada de la ciudad de Damaturu, norte de Nigeria, y voló por los aires matando al menos a doce personas que celebraban el fin del Ramadán. La seguirían muchas más; tan sólo ese mismo mes la guerrilla islamista Boko Haram obligó a inmolarse a otras cuatro adolescentes en mercados y mezquitas.

Es sólo una vuelta de tuerca más a la utilización de niños y niñas en conflictos armados. Hasta 300.000 menores según los cálculos de Naciones Unidas son utilizados en el mundo por grupos rebeldes y ejércitos regulares en tareas que van desde el combate directo a labores de intendencia, detección de minas, espionaje o transporte de mensajes y mercancías. A menudo, especialmente las niñas, son víctimas también de los abusos sexuales de los soldados. Incluso de las fuerzas europeas de pacificación.

Secuestrados y obligados por grupos armados

Secuestrados, obligados a acudir a campos de entrenamiento cuando sus ciudades o aldeas caen en manos de los grupos armados, o forzados a unirse a la milicia en busca de protección o alimento. A veces inmersos en la violencia del conflicto desde que nacieron como hijos de los propios combatientes. En las zonas estragadas por la guerra, sólo el hecho de pertenecer a un colectivo les acabará arrojando a la lucha tarde o temprano.

“Son niños y niñas que pueden haber estado durante muchos años bajo el control de milicias, expuestos a la violencia e incluso al uso de drogas y alcohol para facilitar su manipulación”, explica Chema Caballero, ex misionero javeriano que trabajó en la rehabilitación de menores en Sierra Leona; sólo en aquella guerra participaron hasta 20.000 niños soldado de acuerdo a las cifras barajadas por las organizaciones humanitarias.

“Cuando llegan a los centros de rehabilitación –continúa Caballero- están perplejos, perdidos en un mundo que no conocen, que no controlan; se les ha quitado el arma, con todo el poder que eso les daba. Algunos no lo soportan y cuando vuelven a la calle regresan al grupo en busca de alimento y poder. La experiencia es que cuando se invierte tiempo y recursos salen adelante. Hace falta que los chicos y chicas cuenten sus historias, saquen fuera sus sentimientos, el miedo, el horror, el sufrimiento y la violencia, y puedan regresar a la escuela y aprender un oficio. Aunque nunca vayan a olvidar lo vivido”.

Un mundo en guerra

En la actualidad, más de 230 millones de niños y niñas viven en zonas afectadas por conflictos. La inseguridad, unida a la pobreza y el desamparo, hace que sean blancos fáciles para los más de 50 grupos armados que existen en el mundo. Según las Naciones Unidas al menos 17 países o territorios continúan llevando a cabo esta violación de derechos humanos: Afganistán, Colombia, Filipinas, India, Irak, Israel y Territorios Ocupados Palestinos, Mali, Nigeria, Myanmar, Siria, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Tailandia y Yemen.

“Estas situaciones truncan la vida de los menores, les privan de su derecho a tener una infancia digna y propia de su edad. La conflictividad mundial está aumentando, con nuevos conflictos y otros enquistados que parecen no tener un final próximo, y en los que los menores son altamente vulnerables a ser reclutados”, afirmó Amnistía Internacional en un comunicado.

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En el Día Internacional contra la Utilización de niños y niñas Soldado las organizaciones Alboan, Amnistía Internacional, Entreculturas, Fundación El Compromiso y Save the Children han querido llamar la atención sobre los conflictos de Nigeria e Irak por la especial gravedad de los abusos perpetrados por las guerrillas fundamentalistas de Boko Haram y el Estado Islámico.

Los fundamentalistas han raptado a más de 2.000 mujeres y niñas, forzadas a la esclavitud sexual o a participar en los combates

Boko Haram, la franquicia en África Occidental del Estado Islámico, opera en el norte de Nigeria, pero en el último año ha ampliado su radio de acción a países vecinos como Níger, Chad y Camerún, convirtiéndose en una amenaza regional, desplazando a 1,5 millones de personas y asesinado al menos a 7.380 civiles, también mujeres y niños.

Los fundamentalistas han raptado a más de 2.000 mujeres y niñas, forzadas a la esclavitud sexual o a participar en los combates. Los niños fueron asesinados en asaltos a las aldeas y ataques a escuelas que representan para Boko Haram la perversión de la educación occidental.

Un informe de Naciones Unidas da fe del reclutamiento de niños y niñas para el apoyo de sus operaciones de combate. En algunos casos, fueron utilizados también como escudos humanos para proteger a sus líderes.

Los cachorros del Califato

En su último examen a Irak, el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas indicó que muchos de los y las menores que viven en territorio de Irak bajo control del autodenominado Estado Islámico u otros grupos armados, la mayoría huérfanos, separados de sus familias o que viven en campos de refugiados, están siendo reclutados, instruidos y utilizados como  soldados o fabricantes de explosivos y bombas.  La cifra exacta de “Cachorros del califato”, tal y como los denomina el Estado Islámico, se desconoce, según apunta Amnistía Internacional.

En Liberia y Sierra Leona se les obligaba incluso a matar a su propio padre

Los vídeos difundidos por los islamistas de Siria e Irak en los que varios menores degollaban a prisioneros frente a las cámaras son de especial crueldad, aunque por desgracia es una práctica dentro de la rutina de manipulación de los niños soldado, asegura Chema Caballero. “En Liberia y Sierra Leona se les obligaba incluso a matar al propio padre o a un miembro de la familia. Es una forma de romper lazos; ya has derramado sangre, has matado a un miembro de tu familia, por lo que no podrás recurrir a ella. Ya eres uno de los nuestros. Ya has matado, y si sales de aquí, serás considerado un asesino”.

Pese a la persistencia del problema, se han registrado también algunos avances en la lucha por apartar a los menores de la guerra, como el reciente anuncio de la guerrilla colombiana de las FARC de poner fin al reclutamiento de niños de soldado y la iniciativa de la ONU ‘Children, Not Soldiers’ que ha logrado el compromiso de siete países de impedir el alistamiento de niños en sus ejércitos para este año 2016. La organización de defensa de los derechos de la infancia Geneva Call, por su parte, ha logrado similares objetivos con 17 grupos armados y mantiene diálogos con otras 20 milicias.

Pero la realidad –insiste Chema Caballero- es bien distinta, e incluso países como Afganistán o Sudán del Sur, que se sumaron a la campaña de Naciones Unidas, continúan sumando a niños a  sus filas. “Existen los instrumentos jurídicos, pero no existe la voluntad política de quienes pueden imponer sanciones o forzar el cumplimiento de estas normas”, lamenta.

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