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La fe nacionalista afea tu cutis consumista

La soberanía del consumidor es la que define las nuevas fronteras nacionales: el territorio de las corporaciones empresariales. La tierra que pisas es de la Gran Superficie donde compras la comida, donde vas al cine y donde paseas tranquilo y seguro. La vivienda que habitas es del banco que te prestó el dinero.

La fe nacionalista afea tu cutis consumista
Daniel Hoherd (CC)

Juan Agustin Franco Martínez* | El Salmón contracorriente | 28 febrero 2016

Soy ateo del dios nacionalista. A menudo la fe patriota te afea hasta quedarte idiota. Y con demasiada frecuencia no sólo la fe afea tu cutis moral, sino que la fe nacionalista afea tu cutis consumista. Porque en eso del sentimiento patrio hay más ‘miento’ que ‘siento’.

El nacionalismo narra la historia de pueblos vírgenes, incontaminados por el tiempo. La vanguardia del progreso y el cofre de tradiciones inmemoriales. Retórica hueca singular en medio del capitalismo global, en una época en que las naciones ya no se llaman Francia, España, Italia, Alemania o Portugal… En una época en que las naciones ya no son el producto de la soberanía popular.

Ahora la soberanía del consumidor es la que define las nuevas fronteras nacionales: el territorio de las corporaciones empresariales. Unilever, Bayer, Walmart, Moody’s, PricewaterhouseCoopers, Wolkswagen, Goldman Sachs, Monsanto, BBVA… [1]

Tu DNI ya no es más que una pegatina escolar, una calcomanía para jugar a policías y ladrones, a inspectores y defraudadores. Ahora tu número de identificación real es el Código de Cliente. Y tu ‘constitución nacional’ son los Tratados de Libre Comercio [2]

La tierra que pisas es de la Gran Superficie donde compras la comida, donde vas al cine y donde paseas tranquilo y seguro. La vivienda que habitas es del banco que te prestó el dinero. Y aunque devuelvas el préstamo, el terreno del edificio es propiedad de un fondo de inversión. El aire que respiras es del fabricante de automóviles cuya marca de coches más conocida conduces.

Tu equipo preferido, incluida la selección nacional, existen gracias a un patrocinador. Las calles y los espacios públicos son el escaparate de las empresas que se anuncian reclamando tu deuda hacia ellas. El río en el que te bañas y pescas es de la fábrica que vierte en él sus residuos químicos. Y, en definitiva, el dinero que crees tuyo es de la banca privada que lo emite.

Eres la cobaya de la industria agroalimentaria y de la industria de las bombillas de bajo consumo [3]. El maniquí andante de las multinacionales de ropa y calzado. La pieza de recambio en las empresas para las que trabajas. El vehículo de transporte del dinero del banco. Eres pura mercancía, de usar y tirar, un saco de huesos para alimentar la maquinaria de la deuda perpetua.

Eres la cobaya de la industria agroalimentaria y de la industria de las bombillas de bajo consumo

La deuda no existe, pero vivimos como si existiera. La dignidad existe, pero morimos como si no existiera.

El espíritu que alienta la maquinaria neoliberal es la religión nacionalista. Las iglesias independentistas son sus guardianes. El ejército de reserva no es más que el éxodo de los parados, sin patria, sin patria empresarial. Continuar alimentando la maquinaria de la deuda perpetua exige más excluidos del sistema. La fe nacionalista es la garantía para tal propósito.

Llegaron los capitalistas con el libro de la revelación nacionalista. Nos dijeron: cerrad los ojos y votad para que un día seamos una nación independiente. Cuando abrimos los ojos ellos tenían las instituciones de gobierno y nosotros el panfleto nacionalista.


*Profesor en la Facultad de Empresariales y Turismo de la Universidad de Extremadura

Notas

[1Ver documental “No a la venta” del observatoriorsc.org

[2Adoración Guamán (2015). “TTIP. El asalto de las multinacionales a la democracia”. Editorial AKAL.

[3Documental de La Noche Temática de La 2, 08/06/2013. “La mentira de las bombillas de bajo consumo”.

Un Comentario

  1. Republicano
    Republicano 28 febrero, 2016

    Magnífico artículo con el que estoy de acuerdo en todo. Sobre todo me espanta esta plutocracia, esas grandes marcas que nunca se someten a la voluntad popular, pero es igual, ellas mandan, los políticos les conceden todo y ellos dictan las políticas comerciales y económicas de los países. Los poderes públicos son simples pantomimas. Lo malo es que los culpables somos nosotros, hemos entrado en el consumo con ansias de tener lo que no necesitamos y así estamos a estas horas. Aldous Huxley escribió en 1932 su libro «Un mundo feliz» en el que escribió:» Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre». Él como nadie pudo ver en lo que hemos caído, nos creemos libres por consumir, así ni nos dejan pensar en que puto mundo nos hemos metido. A mis hijas les he escrito un pequeño poema:

    «El dinero no lo es todo:

    – puede comprar una cama, pero no el sueño
    – puede comprar un reloj, pero no el tiempo
    – puede comprar un libro, pero no la inteligengia
    – puede comprar una posición, pero no el respeto
    – puede comprar la medicina, pero no la salud
    – puede comprar sangre, pero no la vida
    – puede comprar sexo, pero no el amor»

    Espero que salgamos de esta mierda, luchemos contra los tratados de libre comercio, demos la espalda a esta plutocracia y que sean los verdaderos gobiernos democráticos los que dicten las políticas a seguir.

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