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Celebro el cese de Sergio Pascual

No tengo nada contra la persona, pero que no me guste el personaje no viene de ahora, ya me aburría en sus primeras intervenciones allá por el ocaso de 2014. Entonces no entendía qué pintaba ese chico tan modosito en Podemos. Tras las elecciones de Andalucía pasé de la desconfianza al cabreo cuando le escuché aquello de que no había líneas rojas para apoyar al PSOE de Susana Díaz. Lo dije entonces y lo digo ahora: ¿qué pinta en Podemos alguien como Sergio Pascual? Lo suyo parecía y parece otra cosa. Pero no quiero centrar la crítica en él: primero porque alguien decidió qué tarea debía cumplir, y segundo porque desde luego no es el único que desentona, de no ser que Podemos ya no tenga nada que ver con la trayectoria de sus impulsores.

Recuerdo la emoción el día previo a la presentación en sociedad del que iba a ser mi partido político per saecula saeculorum. La gente que respeto en este país por fin se había mojado y pasaba a la acción. Aquellos de los que había aprendido durante los últimos veinte o treinta años que la UE era una cárcel, que el capitalismo era un cáncer, que la OTAN era una máquina de matar al servicio de la mafia económica, que en América Latina despertaba la esperanza, que sí existía quien dedicaba el tiempo a los demás por solidaridad y no por intereses bastardos y que otro mundo era posible y necesario, ya habían dejado la denuncia para gestar un movimiento que podría en un futuro “hacer”, y no solo decir. Y así, aunque quedaba demasiado en el tintero por un miedo que no se entendía demasiado bien, se empezó a hablar de nacionalizaciones, de renta básica universal, de banca pública, de derechos laborales, civiles y sociales, de igualdad, de compromiso. Y las encuestas se dispararon hasta llegar a rozar el 30% de intención de voto tras solo unos meses de existencia. Si se seguía así se llegaría al 40%, y eso suponía que este país no era lo que nos habían contado. Solo faltaba atreverse.

No fue la campaña de los medios la que provocó el declive. Cada vez que los voceros de la caspa mediática abrían la boca se subía dos puntos en las encuestas. Tampoco fue el ‘Podemos de derechas’. Esta sociedad otorga invariablemente 11 millones de votos a los reaccionarios aunque se presente el pato Lucas, y eso es lo que han sumado PP y C’s. Ni fue el no-caso Monedero, que más que caso pareció otra cosa. Fue el nuevo discurso, previo a Vistalegre (pero blindado tras esa asamblea) el que difuminó la ilusión y la esperanza, aunque algunos hayamos votado a lo que quedaba. Aquello que la siguió sonaba tradicional, ambiguo, desincentivador… aburrido. Si veías una entrevista las habías visto todas, y no importaba quién hacía de portavoz, porque la consigna era la misma, y la naturalidad y la independencia, como la realidad, se habían ido por el sumidero de los cálculos. Parecíamos sacos de boxeo en los platós de televisión, o un disco rayado. Era tan difícil hacerlo peor que llegué a pensar que no se quería ganar, al menos en el corto plazo. Cuando por fin los de abajo íbamos a tener voz habíamos olvidado para qué la queríamos.

Y es que no debe ser fácil verte de repente ante la posibilidad de gobernar un país. Porque aunque parezca muy atractivo, a ver quién con dos dedos de frente no tiembla ante semejante escenario y no se ve tentado a delegar. Pero si ya se ha pagado el peaje, también ha llegado el tiempo de asumir responsabilidades. Y es un buen primer paso enmendar los errores, empezando por cesar a quien cumplió un papel que no debió jugar porque no debía haber existido. Ahora toca cerrar esa sección.

Si Podemos pretende suponer una alternativa debe librarse de sus cadenas. Esas cadenas que no son personas, sino miedos. Lo demás también lo saben. La sinceridad vende mejor que la estrategia mejor preparada, porque en este país faltará mucha cultura política, pero sobran críticos de teatro. Somos expertos espectadores tras cuarenta años con la misma función en cartelera. Y hay que olvidarse de querer gustar a todo el mundo, porque el que lo intenta acaba no gustando a nadie.

Hay que volver a la casilla de salida, pero esta vez como personas con principios sólidos y no como productos de telegenia: principios sólidos que defender sin complejos. Como personas que se pueden equivocar, pero que creen en lo que hacen y dicen. Como personas a las que nadie les ha otorgado el derecho a cargar el peso del mundo. Y sin calculadoras ni tabús. No hay nada más contagioso. Nada más contagioso que el valor.

4 Comments

  1. Cotilleja Sinremedio
    Cotilleja Sinremedio 21 marzo, 2016

    Yo también comparto que PODEMOS debe volver al punto del despegue que tanta ilusión generó, aunque todos sus seguidores continuamos inamovibles, por lo que yo he constatado. ¿Que se equivocan…tienen que echar marcha atrás…? ¡No pasa nada! Es muy difícil complacer a todo el mundo y siempre existirán personas disconformes con determinadas propuestas que lleven en el programa, o les hagan críticas desproporcionadas sin tener en cuenta el poco tiempo que lleva el partido desde que se formó como tal, pero lo que se valora al final es el conjunto de aciertos y, por supuesto, la sinceridad es MUY IMPORTANTE, así como el valor para emprenderlas.

    Desde luego de lo que no hay duda es de que PODEMOS ha conseguido ser el referente de que se pueden cambiar las cosas en España, pero hay que trabajarlas poco a poco para su ejecución, así que, ¡adelante!, esperaremos el tiempo que haga falta. Si para ello, ha tenido que cesar al Sr. Pascual, pues vale.
    Ah, y de las encuestas, ni caso.

  2. Patxi
    Patxi 21 marzo, 2016

    Totalmente de acuerdo con tu magnifico articulo, yo cuando leí la noticia incorporación de Javier Perez Royo a nuestro proyecto, me tuve que pellizcar, ahora se sabe fue una iniciativa de Sergio, así no compañero.

  3. Luis
    Luis 22 marzo, 2016

    «disco rayado», no «disco rallado». En fin, tiempo al tiempo…

  4. Jesus
    Jesus 23 marzo, 2016

    No sé que caminos seguirá Podemos, pero también me alegré de la destitución, aunque no sé los motivos más intestinos, Pascual es el único dirigentes de Podemos con el que hablé ,y fue decepcionante que el responsable de Organización me dijera «yo no soy de ningún círculo, nunca lo fui», la decepción fue con Podemos por nombrar por ese cargo a alguien que no le daba valor alguno a los círculos, que para mi eran la sal de la democracia interna, esa designación respondía, según me parece, a una estrategia desmovilizadora de las bases más activas en beneficio de un mayor, o total, centralismo.

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