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¿Cómo decir la verdad en política?

Pablo Muyo Bussac * | Cuartopoder | 11/4/2016

Cubierta_En_defensa_del_populismo
Cubierta del libro de Fernández Liria

¿Qué esperanzas tiene la verdad de hacerse un hueco en un mundo en el que Federico Jiménez Losantos tiene un programa matinal de radio, gobiernan los consejos de administración de las multinacionales y no los parlamentos, y los seres humanos no dejamos de desplegar síntomas y nos “masturbamos” con el lenguaje? Ésta es la pregunta a la que el profesor de filosofía Carlos Fernández Liria trata de responder en su último libro “En defensa del populismo” (Ediciones Catarata). 

Título llamativo donde los haya: ¿cómo es posible defender lo indefendible? ¿No es el populismo lo radicalmente opuesto al proyecto Ilustrado que tanto ha defendido – y que sigue defendiendo en este ensayo- Fernández Liria? Por muy paradójico que suene, el populismo, sinónimo de mentira y demagogia, amigo de la afectividad y de los sentimientos identitarios, puede ser el último chaleco salvavidas del proyecto de la Ilustración – para el cual verdad, educación, progreso, cosmopolitismo y abstracción de las identidades son objetivos y exigencias irrenunciables-. Si vivimos en la caverna de Platón, la razón y sus exigencias no pueden pretender penetrar en el mundo de las sombras sin recibir una violenta reacción. Allí donde la mentira reina, decir la verdad cuesta la vida: si no, que se lo pregunten a Sócrates. No obstante, la verdad no puede renunciar a hacerse un hueco, por muy estrecho que éste sea: sencillamente es su deber. En este sentido, el libro comienza con la idea de que sólo una mentira de signo contrario a la mentira dominante es capaz de generar la hendidura de la que podrá emerger la verdad, tal como se supone que creyeron Platón, Spinoza, Lenin o Althusser.

Ahora bien, el objetivo del libro no es una mera defensa utilitarista de la mentira en política: Carlos Fernández Liria trata de realizar -al mismo título que el filósofo francés Régis Debray, al que dedica buena parte de la obra- una crítica de la razón política. Liria traza los límites y limitaciones con los que se tendrá que topar cualquier proyecto de Ilustración: son, como él los llama, las “malas noticias”. Si Marx nos trajo la “mala noticia” del capitalismo y la manera en la que éste, por sus necesidades internas de reproducción, convertía en broma de mal gusto a los parlamentos, las constituciones y al mal llamado “Estado burgués”; Freud -gran novedad del libro, en el que se anuncia además la futura aparición de un monográfico acerca de este autor- vino a anunciarnos que el precio a pagar por incorporarnos en el lenguaje -esto es, el espacio de la razón- es nada más y nada menos que ser un nervio cargado de síntomas e irracionalidades. Lo que sostendría a la razón sería por lo tanto la sinrazón.

En este campo delimitado y lleno de obstáculos del que la Ilustración no puede escapar, ha habido, sin embargo, un gran movimiento que supo conservar el fondo a la vez que se mostraba absolutamente flexible en las formas: el catolicismo. Fernández Liria invita a la izquierda a no dejar de entrar en diálogo y a aprender de la Iglesia Católica con “todos sus santos y todas sus vírgenes”: si alguien ha podido anclarse de manera eficaz y espectacular a lo largo y ancho del planeta, ese ha sido el catolicismo. No podemos renunciar, por muy ateos que seamos, a dirigir nuestra mirada hacia una Iglesia que ha sido capaz de dominar Europa durante casi dos milenios.

A pesar de estas interesantes consideraciones, es una verdadera lástima que en el libro no se entre a comentar la obra de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, dos grandes filósofos políticos que están inspirando y guiando teóricamente a gran parte de los integrantes de Podemos. Un libro dedicado a los “hijos e hijas de Podemos”, que además se supone que versa sobre populismo, debería haber tratado de analizar las tesis de dichos autores. Exigencia que se nos muestra aún mayor en la medida en la que tanto Liria como Laclau y Mouffe comparten intereses y beben de fuentes similares: todos ellos revisan de forma crítica toda la tradición marxista, reivindican las democracias representativas, y sacan mucho juego de sus lecturas de Freud y Lacan. Sin duda, la sensación que se tiene tras la lectura de este libro es que son dos posturas distintas -diferencia muy notable en la traducción de dichas teorías a la práctica: si el referente de Laclau es Perón, los de Liria son Chávez y Anguita-, pero si la intención de Liria era -como da la impresión- proponer una forma alternativa de plantear prácticamente el populismo, lo mínimo hubiese sido confrontar tesis y argumentos.

No obstante, esto no le quita un ápice a la gran virtud que tiene este libro: su necesaria sensatez. En la izquierda tendemos a perdernos en delirios y, últimamente, a arrojarnos acríticamente a las últimas modas intelectuales. Sin lugar a dudas, el populismo está de moda. El lema del libro lo dice todo: “más Kant y menos Laclau”. Lo cual no quiere decir que no haya que leer a Laclau y Mouffe, ni pensar con ellos. Pero si la izquierda olvida por lo que lucha, es decir, por la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, terminará cayendo en los peores delirios.

Si tuviera que extraer una conclusión del libro, sería la siguiente: al final, quizás lo más efectivo y eficaz en política sea tener el coraje de decir la verdad. Ahora bien, no hay una sola manera de decir la verdad: si no se tienen en cuenta los límites y limitaciones estructurales de lo político y lo psicológico, jamás tendremos la oportunidad de vencer y el enemigo seguirá en el poder derribando todo lo construido e imposibilitando fatalmente la edificación de lo que estaba aún por construir. Necesitamos un populismo de izquierdas, o lo que es lo mismo, una izquierda que sea inteligente políticamente, para que no venzan los populismos de derechas o fascismos postmodernos.

(*) Pablo Muyo Bussac es estudiante de Derecho y Filosofía.
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