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Por la ley D’Hondt, Ahora en Común es necesario

Hace ahora casi un año escribía un artículo en el que explicaba por qué era necesaria una coalición de izquierdas – históricamente llamado Frente Popular – para las próximas elecciones españolas. El artículo, titulado Ahora en común ¡sí se puede!, apelaba a la necesidad de una confluencia de izquierdas en España para combatir el imperio austericida que Europa está llevando a cabo desde hace casi una década, haciendo referencia a Grecia como el primer frente abierto a este imperio. Es cierto que a día de hoy el gobierno de Grecia dirigido por SYRIZA puede dejar mucho que desear, aunque también hay que ser honestos y ver que los aliados de Grecia para combatir al imperio austericida que representa Europa han sido nulos. El título no era gratuito, sino que apelaba a las confluencias barcelonesa y madrileña como ejemplos para dar la vuelta a los gobiernos que tradicionalmente habían gobernado dichas capitales: es asombro e inaudito ver como dos mujeres se han hecho con la representatividad de las capitales españolas, que estas mujeres llevan mucho tiempo combatiendo las injusticias del sistema, y que ambas mujeres representan a partidos nacidos desde la unión de las diferencias que luchan contra el neoliberalismo, el capitalismo descontrolado y el caciquismo propio de la piel ibérica. Todo un acontecimiento que, en mi opinión, era y sigue siendo necesario para el conjunto del estado español. De ahí el nombre elegido para el artículo: una mezcla entre los partidos como símbolo de la unión y un final que ha despegado de la apatía a miles de ciudadanos y los ha llevado a ocupar las plazas e instituciones demostrando que otra política es posible.

Ha día de hoy pienso que aquel artículo que escribí sigue teniendo tanto sentido o más que cuando lo escribí, sobretodo a sabiendas que nos dirigimos a unas nuevas elecciones en las que queda en evidencia que nos jugamos el modelo de estado que queremos. En este artículo pretendo, únicamente, demostrar porqué es necesaria esa confluencia – la hoy conocida influencia entre Podemos, las Mareas, Compromís, En Comú Podem y Unidad Popular-Izquierda Unida – reflejando una realidad que afecta directamente a la representatividad: me estoy refiriendo a nuestra ley electoral española que se acoge al sistema D’Hondt para llevar a cabo la repartición de escaños y, por lo tanto, a la representatividad del poder.

El sistema D´Hondt es un sistema de reparto que permite obtener el número de cargos electos en proporción a los votos conseguidos por las candidaturas, o sea, una forma de adjudicar escaños de acuerdo a los votos obtenidos por cada candidatura presentada a unas elecciones. Su funcionamiento consiste en dividir a través de distintos divisores los totales de los votos obtenidos por los distintos partidos, produciéndose secuencias de cocientes decrecientes para cada partido y asignándose los escaños a los promedios más altos. Este modelo asigna los escaños a las listas de manera proporcional al número de votos recibidos, tendiendo a favorecer a los partidos con más votos que a los menos votados. El siguiente vídeo ilustra como se realiza el reparto de votos en España siguiendo el sistema D’Hondt.

Aplicando el sistema D’Hondt, los partidos con mayor número de votos quedan favorecidos, de ahí que Unidad Popular-IU obtuviera sólo dos escaños teniendo un millón de votos aproximadamente, y que Podemos y las confluencias obtuvieran 21 escaños menos que el PSOE cuando el margen de diferencia de votos entre ambas formaciones fue de aproximadamente de trescientos mil votos. Dado los resultados tras aplicar el sistema D’Hondt, los partidos con siglas diferentes pero con ideologías similares obtienen votos que no se representan en escaños: si Podemos y las confluencias se hubieran presentado junto con Unidad Popular-IU, hubieran obtenido alrededor de seis millones de votos, quedando por encima de PSOE en escaños y votos. En ese escenario sí que hubiera sido posible propiciar con mayor facilidad el cambio que desde la ciudadanía se reclama, así como también hubiera sido posible empezar a combatir al imperio austericida europeo. Queda en evidencia la necesidad de lograr una confluencia que, bajo un mismo paraguas jurídico e ideológico – como hicieron las Mareas, Compromís y En Comú Podem con Podemos –, se pueda estructurar una unión que combata las injusticias de la ley D’Hondt para hacer posible el cambio que se reclama. Por ello, la confluencia y la alianza entre los diferentes partidos de izquierdas es una necesidad y una obligación moral, porque de lo contrario el mismo sistema D’Hondt continuará castigando a los más débiles, a los que menos votos obtengan. Sólo se aumentará proporcionalmente la cantidad de escaños y votos bajo un mismo paraguas, y bajo ese mismo paraguas se podrá iniciar el cambio político tan necesario para la ciudadanía española, por eso no sólo Ahora en Común sí se puede, sino que Ahora en Común es necesario.

 

 

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