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El problema no es que Cebrián se cargue a Escolar

He visto un montón de comentarios y tweets de apoyo a Ignacio Escolar por haber sido fulminado de la Cadena SER. Y está bien que propios y extraños de la profesión se solidaricen con el periodista o compañero. También está bien que se denuncie la prohibición que el mandamás de PRISA ha impuesto a todos sus empleados ‘tertulianos’, advirtiéndoles de la incompatibilidad que supone trabajar para él y aparecer en tertulias o colaboraciones de los medios que han denunciado sus presuntos delitos. ¡Ni Sexta, ni El Diario, ni Confidencial, o ya sabéis dónde está la puerta!, ha venido a decirles con otras palabras.

Y digo que está bien airear las vergüenzas del periodismo mercantil, del único que existe. Pero también pienso que es poco útil hacerlo sin ir a la raíz del problema.

Los medios de comunicación privados son lo que son: la voz de su amo. Incluso cuando no se plantean en términos empresariales y lo que se pretende es hacer periodismo o denuncia. Todos los medios privados, de los más grandes a los más pequeños responden a intereses, bien sean particulares o bien de grupo (de clase); bien sean ideológicos o bien económicos. Diría que también cualquier medio alternativo, ya sea Iniciativa Debate o cualquier blog personal. Y tampoco se libran los medios públicos ideales, porque incluso legislando para ofrecerles una libertad que hoy no tienen, seguirían siendo relativamente parciales, porque siempre hay intereses que se imponen, y porque los conducen humanos. Aunque con voluntad habría que redactar algo en línea con el desarrollo de la encriptación, donde la meta, el gran logro, es que una vez conseguido ni su diseñador pueda descifrar lo que se proteja con el código que él ha creado.

El caso es que aún no estamos en disposición ni de soñar algo así, y dentro del contexto actual era más que previsible que Cebrián se cargara a Ignacio Escolar. Porque lo que ha hecho Cebrián lo hubiera hecho cualquier director de un medio privado. Salvando las distancias y como mera hipótesis, me juego el cuello a que también Escolar lo hubiera hecho si uno de sus empleados se dedica a contar que está delinquiendo, sea cierto o no. Yo también lo haría, especialmente si me pongo en el pellejo de un presunto delincuente como Cebrián. Pero el problema no es ese. El problema es que por valiente que sea un trabajador, debe dormir bajo un techo y comer todos los días, porque el valor no alimenta.

Escolar sabía perfectamente lo que iba a ocurrir, pero él, entre otras cosas, es el dueño de un medio que ya ha dejado de ser modesto, y tiene las espaldas más que cubiertas. No ha habido ninguna heroicidad en su comportamiento, como sí la habría en el de un simple currante, aunque no ha dejado de ser un buen gesto. Y ahí es donde hay que llegar. Porque si hubiera una legislación que protegiera al trabajador, incluso en plataformas que ya saben qué esperar de los que contratan mediante un proceso selectivo que indica el grado de sumisión, pudieran darse esporádicos ataques de dignidad que no te dejen en la puta calle con una mano delante y otra detrás.

Ese es el problema y a lo que hay que dedicar apoyos. Y no dejar de repetir que nos han robado los derechos y que este es el resultado de esas políticas. Y también hay que apoyar a todos esos curritos que procuran transitar con toda la dignidad posible dentro de los límites que les han impuesto. Y desde luego nada de disculpar a los que por hablar no se quedarían bajo un puente, como por ejemplo Iñaki Gabilondo, o Pepa Bueno, la directora del programa del que no solo han largado a Nacho Escolar, sino del que ya han salido escopeteados no pocos colaboradores decentes sin que ella diga ni mú. Y ya puestos, ni mucho menos disculpar a los rastreros que la lían a favor de corriente para conseguir la palmadita del jefe. Porque a pesar de todo y llegado un límite, también hay que saber decir aquello de: «En mi hambre mando yo».

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