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¿Tensión y espectáculo? No, gracias. La gran lección de Ramón Espinar en Antena 3

Lo que ha hecho Ramón Espinar esta mañana en Antena 3 no es fácil; hay que tener mucha seguridad y las ideas muy claras para enfrentar el problema con esa soltura. Y ser muy guerrero. Y Espinar en este aspecto lo es, lo ha demostrado en varias ocasiones.

Nos quejamos constantemente de lo que ocurre en casa del enemigo, porque eso es lo que son los grandes medios de comunicación de este país: el enemigo de cualquiera que pretenda siquiera cuestionar el statu quo del sistema. Pero resulta sorprendente que aceptemos sus normas cuando nos dan un espacio para machacarnos o para fomentar su propio espectáculo, que no para que nos expresemos. Hasta hoy.

Hoy Espinar ha marcado, espero, un antes y un después en la relación entre medios y política contrahegemónica. Se acabó lo de aceptar vuestras normas porque pongáis el local y la ruleta. A estas alturas de la película los más interesados en que juguemos en vuestro casino sois vosotros y, por tanto, sabiendo que no nos movemos en terreno neutral y que la banca siempre gana, o cada cual acepta su rol y acordamos las normas, o no hay partida.

Y es importante hacer esta distinción del terreno, porque no debe ser lo mismo, por poner un ejemplo, ir a Radio Klara, donde a nadie se le va a tratar diferente por el cargo institucional que ocupe o por la clase social a la que pertenezca, que acudir a la casa de los poderosos donde sí se rinden pleitesías o desprecios dependiendo del papel del invitado.

Ramón, sin decirlo, ha expresado algo así: si acepto la invitación del enemigo será porque a mí me interesa, y porque voy a poder hablar de mi proyecto político, de qué proponemos y qué pretendemos hacer. Será porque voy a poder hablar de política. Y no voy a aceptar ningún compadreo hacia mí de vuestra parte, para empezar porque represento a mucha gente, y para terminar porque a los que sí son de vuestra cuerda (o vuestros jefes) los tratáis con mucho respeto y sumisión. Y porque si ciertos periodistas han decidido jugar el rol de ‘profesionales’ y no de personas cuando Podemos se dirige a ellos, desde Podemos habrá que jugar el papel de cargo público cuando de esos periodistas se trate. Quid pro quo.

Y ahora que se convierta en norma. Sin respeto no hay partida, con mentiras no hay partida, con interrupciones no hay partida, con manipulación no hay partida. Los payasos para el circo y los espectáculos para el teatro, donde además los unos son graciosos y los otros mucho mejores.

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