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Putitas de confianza

JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ | Cuartopoder | 

Francisco Granados, exconsejero de Presidencia de Esperanza Aguirre, la política que destapó la trama Gürtel, recibía regalos de los empresarios con los que hacía negocios. Bueno, negocios, negocios… Con los que intercambiaba “favorcillos”, como enajenar unas parcelas o adjudicar un contrato de intermediario para colocar un colector de seis millones de euros en Valdemoro. “Favorcillos”, insisto, que eran correspondidos con los habituales presentes: “Granados nos ha dado de comer y hay que repartir”, dice el constructor Antonio Pardal en el sumario de la operación Púnica. 

¿Repartir? Para nosotros la recalificación y el contrato de intermediario y para Granados las cabezas disecadas de “Saltador” y “Rompelindes”, toros de Miura, que este hombre es muy taurino. Y además, caballos, invitaciones a la feria de Abril, hoteles de lujo, más de 350 cestas de navidad, dinero y… “dos putitas de confianza” llegadas desde Barcelona. Vaya, vaya, con la mano derecha de Esperanza Aguirre.

Desde el famoso “volquete de putas” de la reunión de espías en el chalé de Granados, los españoles que primero financiamos y luego asistimos atónitos a los casos de corrupción que rodean al Partido Popular no escuchábamos unos términos de celebración tan sórdidos. Pero lo importante no es la zafiedad del lenguaje, ni lo burdo del trapicheo, ni siquiera el ambiente mafioso que impregna cada milímetro de la política ‘popular’ madrileña. Lo verdaderamente importante es la confianza.

La confianza de las putitas llegadas de Barcelona, claro. Pero sobre todo, la confianza que depositan los jefes en los empleados: la base del funcionamiento de las instituciones. Ahí tiene usted a Esperanza Aguirre, la cazatalentos, la política con olfato de sabueso, la presidenta que nombró a Granados consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid el 25 de julio de 2008 y le mantuvo hasta el 17 de junio de 2011. Confianza absoluta. Tanto como para no saber nada, no sospechar nada, no tener ni idea de qué estamos hablando cuando hablamos de corrupción. Y eso que la Púnica incluso realizó trabajos para mejorar la imagen y la reputaciónonline de Aguirre.

Las putitas y la reputación. Cuestión de confianza, ya sabe. Y si no lo sabe, escuche a Susana Díaz, la mujer que presume de tener un marido “tieso”, reiterando su confianza en “la honestidad de Chaves y Griñán”. O escuche al mismísimo Chaves cuando decía que no tenía confianza en cómo la juez Alaya estaba instruyendo la causa de los ERE. Ahora, meses después, el juez del caso procesa a los expresidentes andaluces y los manda al banquillo por malversación y prevaricación administrativa.

Confiemos. En las putitas o incluso en la justicia. Y por supuesto en nosotros mismos, esa causa y fundamento de la vida feliz de la que habló Séneca.

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