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Con el alma por los suelos (Lo que tengo y lo que no)

No es por esta carta abierta; o no únicamente por ella. Es porque son muchos los casos similares cuando no peores. Tampoco sabes a qué atenerte para procurar entenderlo. Y es verdad que no todas las circunstancias serán iguales ni todas las personas a cuidar se habrán ganado el mismo afecto; que el sistema ha fomentado el individualismo, la pérdida de empatía y respeto por los mayores, el rechazo a los compromisos y que, en el mejor de los casos, las jornadas laborales no permiten conciliar ni dedicar tiempo a los nuestros: tampoco a hijos, hermanos o amigos, y que hoy el eslabón más débil en el círculo cercano suelen ser los ancianos. Pero no creo que todo esto justifique semejante desconsideración; o no mientras exista quien sí cuida (cuidamos) de los suyos (de los nuestros) a pesar de todos los pesares.

Lo más socorrido sería pensar que a veces es mejor estar solo que mal acompañado, pero estoy seguro de que eso solo lo podemos decir si actuamos de observadores, porque es muy difícil imaginar cómo pueden sentirse las personas que viven esta realidad tan lamentable en el ocaso de sus días.

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