De la Torre: “Los españoles no creen en sí mismos; somos un país acomplejado, triste”

ENTREVISTA AL ACTOR TRAS EL ESTRENO DE 'TARDE PARA LA IRA'

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Antonio de la Torre
El acto r Antonio de la Torre posa ante un cartel de su última película, ‘Tarde para la ira’. / Nacho López (eOne Films Spain)

IVÁN REGUERA | Cuartopoder | 

Antonio de la Torre (Málaga, 1968) se lo ha currado antes de llegar a ser uno de los actores más cortejados. Ha sido nominado seis veces al Goya y lo ha ganado una, por Azuloscurocasinegro, su consagración. Antes de eso, de que se lo rifaran para hacer protagonistas, coqueteó con el periodismo, debutó en la serie de Alfredo Landa Lleno, por favor y logró, con mucha constancia, decenas de pequeños papeles. Acaba de estrenar Tarde para la ira, película sencilla y honesta de Raúl Arévalo y en la que se rodea de actores como Luis Callejo, Manolo Solo o Ruth Díaz. Puede que sea la película del año.

De la Torre es muy vehemente y enérgico explicándose, y eso que la entrevista la hacemos a las 1o de la mañana.

— Hablemos de Tarde para la ira. En España este tipo de policial seco, de barriada o pueblo, y muy sucio, se nos da bien. Y sobre todo estéticamente, porque visualmente España es perfecta para este cine.  

— Esa imagen de Alfredo Landa en El Crack… eso lo hacemos bien.

— Cuando nos sale bien, nos sale muy bien.

“Si cuentas bien lo que conoces, con honestidad y alma, acabas conmoviendo”

— Mira eso soy yo jugando al fútbol (risas). Pasa con otros géneros. Cuando viajas por festivales, presentando pelis o haciendo alguna coproducción, compruebas que en España tenemos fama de hacer buen cine de género y no sólo el género que mencionas, sino el de terror. Mira Jaume Balagueró, por ejemplo. No es que sea cine español, es cine hecho en España. Pero no tenemos el músculo financiero que tiene Hollywood, Francia o el Reino Unido. En España se producen unas 100 películas al año y con visibilidad, tipo nominadas a los Goya, 10 o 15. Y todas con géneros distintos. Lo importante es que lo local sea universal. Si cuentas bien lo que conoces, con honestidad y alma, acabas conmoviendo, como nos acaba de pasar en Venecia y Toronto con Tarde para la ira.

— Estéticamente nos seduce mucho Fargo o True Detective, pero quizás no valoramos tanto lo que rodamos cerca, como La isla mínima o Tarde para la ira. Me refiero a lo tremendamente cinematográfico que puede ser un pueblo de Castilla o un puticlub de carretera.  

— Claro, pero como autocrítica te digo que tenemos que saber retratarlo. La isla mínima es un ejemplo, Alberto Rodríguez supo retratar esa zona. En el Festival de San Sebastián nos dijeron que no sabían que había una Luisiana en Andalucía.

— A mí me gustó más Grupo 7 y todo lo que hicisteis con la Sevilla de antes del 92.

— Yo vivo en Sevilla y en Madrid. Mis hijos van al cole en Sevilla. Cuando el primer día de rodaje nos acercamos al barrio, a la plaza donde se desarrolla casi toda la trama, me quedé alucinado porque esa plaza hoy está impoluta. Menudo curro el de los compañeros de arte… Yo soy malagueño y la primera vez que pisé Sevilla fue en esa época, en el 92.

— Supongo que entras en Tarde para la ira por amistad con Raúl Arévalo (con él has coincidido en Che: guerrilla, Gordos, Primos, Balada triste de trompeta y Los amantes pasajeros) y porque el guión te convence.

— Para empezar, me digo: Raúl no se ha metido en una comedia ligerita… Pero la verdad es que él ya me había hablado mucho de su película. No fue algo especial, de descubrirlo todo por primera vez. Yo tenía mucha confianza en él.

— Lo habías hablado mucho, supongo. Es un proyecto que ha tardado en salir. Sois muy amigos.

— Ni recuerdo la primera vez que me habló de su guión. Sí sabía que Raúl es muy buen director de actores porque me ha estado dirigiendo, me ha ayudado a preparar pruebas. A nivel visual no sé, porque en eso no tengo criterio, pero sí sé que los actores vamos a estar de puta madre, y perdón por la inmodestia.

— La escena de la primera muerte en Tarde para la ira, en la que haces un gran trabajo de contención, me recuerda al primer asesinato de Michael Corleone en El Padrino. Casi hasta se escucha la misma banda de sonido, con esos chirridos.

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Cartel de la película ‘Tarde para la ira’, dirigida por Raúl Arévalo. / EOne Films Spain

— La verdad es que tanto Tamara Arévalo, la hermana de Raúl, como Pelayo Gutiérrez han hecho un trabajo de sonido alucinante. Oye, gracias, ¡me estás comparando con Al Pacino! (risas) Te voy a contar cómo hicimos la escena: Raúl se acerca y me dice: “Bébete esto”. El brebaje era una especie de chile mexicano muy picante. Y me dice: “Aguanta, aguanta ahí, que no se te note”. Y yo diciéndome “Me cago en su puta madre”…  (Risas).

— Lo hizo para que mostrases esa cara de contención antes de saltar a matar.

— Sí, estuvimos un día entero rodando esa secuencia. Luego Raúl me contó que al estar montando la película yo me ponía tan colorado que parecía que era un retoque digital. ¿Qué te parece?

— Una referencia evidente es Los santos inocentes, sobre todo en la banda sonora.

— Sí, lo hablamos largo y tendido. Ten en cuenta que a Raúl le ha costado ocho años levantar esta peli, tío. Y es la que él quería hacer. Fue mostrándola por la televisiones y finalmente fue TVE la que apoyó el proyecto.

— ¿Cómo llevas las escenas subidas de tono (sexual)? ¿Te da palo ese momento?

— No, me da cierto pudor, pero uno entra en la fantasía del personaje. Y tomas medidas higiénicas, hay un respeto a los compañeros… ¡No hacemos porno! Estás en esa fantasía. Pero lo mismo te digo de las escenas de violencia, no sólo las sexuales. Yo de Luis Callejo tenía que confiar porque es un tío que te va a dar de hostias, que tiene que parecer que te las da aunque no te las dé. Tienes que sentirte cómodo con el compañero.

— Me ha llamado la atención la escena en el motel de carretera, en la cama. Arévalo te capta en plano general cuando le estás contando a Callejo algo muy personal y brutal. No te capta en primer plano, que es lo que pide el canon, y eso es todo un riesgo.

— Pensó que lo más fácil era el plano corto y era toda una apuesta hacerlo así, una forma de tomar distancia. Y luego el otro diciendo: “Tengo que salir”… Es muy crudo. Ten en cuenta que tienes que empatizar con mi personaje, pero está haciendo algo terrible.

— Tu carrera no ha sido de pelotazo, la tuya es una carrera de fondo, peleando por cada papelito: telefonista, dependiente, taxista, guardia, policía, empleado de gasolinera, de parking, de aduana, ATS, camionero… Hablando en plata: te lo has currado. ¿Algún consejo para el que quiere empezar en esto de la tele o el cine?

— Ni idea, es difícil dar consejos. Hay que encontrar aquello para lo que sirves, tu talento. Pero esto me llevaría a darte una larga respuesta sobre cómo debería ser la educación en España. Sobre una educación sentimental adecuada, sobre reforzar la autoestima, la creatividad, llevar al niño a lo que quiere ser de mayor…

— Que no sea todo pragmatismo y pasta.

— Eso es.

— De todas maneras, en cuanto a tu educación tampoco lo has tenido fácil. Has contado que tu padre se quedó huérfano con tres años, tu madre era casi analfabeta y que te han contado muchas historias de hambre.

“Amo mucho a mi país, mi tierra y mi gente, pero me indigna la docilidad de la gente”

— Mis padres eran niños de la posguerra, mi familia era pobre. Es verdad que mi padre era un tío muy inteligente, muy buscavidas y supo salir adelante. Yo, que soy el pequeño, lo que conocí ya era otra España. Nací en el 68 y conocí el franquismo, pero ya muy tangencialmente.

— En otras entrevistas has hablando de pobreza, has dicho que intentas disfrutar de tu buena racha “sin perder de vista a gente que lo está pasando mal”. ¿Tienes esperanza, cabreo o ira por cómo está el país?

— Yo estaba bastante esperanzado el año pasado, pensaba que de verdad la gente estaba harta. Ha habido momentos muy interesantes, como cuando el gobierno mintió y manipuló en los atentados del 11M y la ciudadanía se reveló para castigarles. Fue la última vez que estuve orgulloso de ser español. Amo mucho a mi país, mi tierra y mi gente, pero me indigna la docilidad de la gente, su falta de crítica. No entro en el debate izquierda-derecha, pero necesitamos una sociedad que sea lo suficientemente crítica, que crea en sí misma. Los españoles no creen en sí mismos, somos un país acomplejado, triste… No se habla de la pobreza y hay mucha pobreza en España. Si no está la gente en las calles es porque hay una gran cantidad de economía sumergida que tapa una realidad demoledora.

— Blanca Portillo me dijo que no se esperaba semejante decepción el día de las elecciones.

— Es lamentable, y el PP está deseando ir a unas terceras elecciones.

— Fuiste a la facultad de periodismo y algo ejerciste. Hasta has colaborado con cuartopoder.es ¿Lo que más te gustaba era el periodista deportivo?  

— Cuando era más joven sí, pero luego hice información general en diarios de Málaga, fui corresponsal de El Independiente… Y sentí esa sensación de estar haciendo algo útil. Luego me metí en Canal Sur, pasé a un programa de humor, me picó la interpretación y Alberto San Juan, que era amigo mío de la facultad de periodismo, me animó a apuntarme a una escuela de interpretación. Y lo hice en la de Cristina Rota. Ahí me di cuenta de que lo mío era actuar.

— Y logras un puesto fijo en Canal Sur.

“Me preguntabas por un consejo para los que empiezan: no hay que perder la energía sufriendo”

— Eso fue cuando nace la segunda cadena de Canal Sur. Yo necesitaba currar. Si es que yo he vivido lo de pasarlo mal en mis carnes, he sufrido lo que han sufrido muchos compañeros, la angustia de que no te llaman… Me pagaban por papelito 30.000 pesetas y tenía que tirar todo el mes con eso… Sé lo que es, y es una pesadilla. Me decía: No quiero llegar así a los 70. Por eso me dije: Voy a currar de periodista. Me preguntabas por un consejo para los que empiezan. Pues no hay que perder la energía sufriendo.

— Pronto llegará una película muy esperada: Que Dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen. Adelántanos algo.

— Otro peliculón, sobre dos policías siguiendo a un asesino en serie en el Madrid de la visita del Papa. Está contada con mucho pulso, con ritmo, visualmente es una maravilla. Perdona la sobrada, pero he tenido la suerte de estar en las dos mejores películas del año, de dos grandes directores jóvenes que van a hacer mucho cine en el futuro ¡y espero que conmigo, espero que sigan llamando los cabrones! (Risas).

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1 Comentario

  1. Lo que ha sido posible comprobar directamente es que los españoles tienen un importante grado de inferioridad ante los Ingleses a quienes consideran tener cultura y lengua superior.

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