Salir de la normalidad en Zinemaldia

La realidad se ha colado por algunas rendijas en la 64 edición del Festival de San Sebastián. Las protestas, las palabras de la directora Emmanuelle Bercot o la película ‘Vivir y otras ficciones’ son muestras de ello.

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FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN 

Fotograma de la Fille de Brest

ANDREA GARCÍA | Diagonal | 21/09/16

Nueve de la mañana. Día 1. Delante del Kursaal, alrededor de un centenar de personas hacen cola para asistir una hora después a la proyección inaugural del Zinemaldia. En los días siguientes, los comentarios sobre la campaña electoral se reemplazan por las críticas cinematográficas de la calle, de las miles de personas que van pasando por las proyecciones de alrededor de 200 películas en nueve días. Pero la oscuridad de las salas y el brillo de las stars no impiden que la realidad se cuele en el Festival.

En las primeras colas, trabajadoras en huelga reparten octavillas. En plena gala inaugural, la reivindicación por la libertad de las personas presas enfermas llega desde las butacas. Le sigue la aparición ante las cámaras de una persona llevada en volandas mientras protesta contra la incineradora que la Diputación de Guipúzcoa quiere construir. Desde el escenario, Emmanuelle Bercot cierra la gala exclamando: “Vivan las mujeres valientes, vivan las mujeres que hacen cine”.

En 64 ediciones, es la primera vez que la película inaugural la realiza una directora. Bercot es además la única mujer que compite en la sección oficial del festival. La fille de Brest (en la foto) se ha visto en una sala abarrotada. La doctora en la que se basa la película está en la rueda de prensa posterior, con otras cuatro mujeres en la mesa. Explica que el 80% de las víctimas del medicamento Mediator eran mujeres, “sacrificadas porque lo que querían era adelgazar, verse más bellas”.

Un laboratorio, Servier, que se aprovecha de las imposiciones de género sobre el cuerpo de las mujeres para vender, en lo que la doctora Frachon califica como “crimen industrial”. La película no sólo desvela la red de intereses económicos de las farmacéuticas y la connivencia de los organismos públicos, sino que además muestra a mujeres que investigan, se exponen, sienten miedo y siguen adelante, contando con el apoyo de personajes masculinos que a ratos lloran, a ratos se acobardan y en momentos difíciles impulsan a quienes quieren.

Nombres propios

Buen inicio para una sección oficial que deja mucho que desear en los siguientes días. Se salva el relato sobre la fuga de Roldán dirigido por Alberto Rodríguez, que maneja bien la narrativa en El hombre de las mil caras. Poner nombres y apellidos a las tramas de corrupción se agradece, y se aplaude. En el lado opuesto, la más que reprobable Que Dios nos perdone (de Rodrigo Sorogoyen) utiliza el escenario post-15M para someter a la audiencia a una constante brutalidad masculina y exhibir cuerpos femeninos de manera denigrante.

En el festival, al menos puedo salir cabreada de esa proyección y planteárselo al equipo y periodistas en la sala de prensa. O llorar de emoción y que el equipo de una película esté en la sala de cine y sienta las lagrimillas que nos secamos todas las de mi fila. Sucedió con Vivir y otras ficciones (Jo Sol) o con la palestina Bar Bahar (Maysaoun Hamoud). Las dos parten de explorar un camino hacia una sexualidad sana, sin imposiciones. En palabras del coprotagonista de la primera, Pepe Rovira, se plantea “la normalidad como la ficción más grande de todas”.

Muchas películas las pierdo por el camino en la tensión de elegir entre cinco proyecciones simultáneas. Anoto algunas: Little Men (Ira Sachs) y la gentrificación en Brooklyn, Park (Sofia Exarchou) en el Atenas post-olímpico, Vanatoare (Alexandra Balteanu), María (y los demás) (Nely Reguera)…

Y en los siguientes días, visita obligada al Festival Alternativo (kortxoenea.com), organizado desde el espacio crítico Donostia Saldu eta Suntsitu 2016. Tras el desalojo de Kortxoenea, en su octava edición se realiza en diversos espacios como el gaztetxe Letaman o la fábrica recuperada Firestone.

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