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Una gran lección de humanidad

«Han pedido ayuda y yo ayudo». Ya está, no hay que pensar más. Hablamos de alimento, no de un capricho. Pero hay que ser muy buena gente para olvidar que esa otra gente que pide ayuda jamás te ayudaría a ti, y aun sabiéndolo, no dejar de ser solidario. «Allá ellos con su conciencia».

Pequeños o grandes gestos que ayudan a seguir creyendo en nosotros como pueblo. En un pueblo que se resiste con hechos a dar la razón a los egoístas, sociópatas, cínicos y malnacidos que necesitan que creamos en la existencia de una maldad esencial en el ser humano para justificar su singular miseria moral. Y es que no es verdad, y nunca lo será por más que insistan. No, no «todos somos iguales».

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