Y así comenzó el nacionalsocialismo…

En Roma un grave episodio de racismo cotidiano y abuso de poder pone en luz cómo el descontento popular es dirigido hacia cómodos chivos expiatorios.

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RACISMO EN ITALIA

Cartel contra la inmigración de Casa Pound, organización política italiana fascista que okupa viviendas y edificios deshabitados para alojar a familias italianas sin techo. / CRISTINA DE FINA

Cristina De Fina, Roma | Diagonal | 08/10/16

Roma, un domingo de septiembre de 2016. Vuelvo a coger el metro después de casi 20 años. El aspecto no ha cambiado, la única diferencia notable es que las estaciones están llenas de militares armados. Claro, las amenazas de terrorismo. Sentada en mi vagón empiezo a leer un libro. Unos pasos pesados me distraen, levanto la mirada y veo a un militar que ha entrado en el vagón con su fusil de asalto y se dirige hacia el fondo. La escena ya me provoca una leve inquietud. El rumbo de su marcha son cuatro chicas tranquilamente sentadas en sus asientos. Son rom, comunidad zíngara presente en Italia desde las primeras migraciones del siglo XV hasta los éxodos más recientes de los Balcanes y Rumania. El militar les ordena bajar del tren. Las chicas aducen que tienen sus billetes. Él dice que le da igual, que tienen que bajar. Le hago notar que no han hecho nada y tienen derecho a viajar en el tren, el militar me ignora, uno de los pasajeros dice: “¿Es que no sabes que se disfrazan de personas normales y suben a robar?”. Sin comentarios. Hemos llegado al orden preventivo, al delito eventualmente futuro, supuesto en base al grupo étnico de pertenencia. El olvido de cualquier principio democrático básico.

“Los militares arrastran, literalmente, a las chicas fuera del vagón. Lo más sorprendente es que a todos les parezca normal”

Otro detalle llamativo es que esto ni sería competencia de unos militares, que supuestamente están allí para evitar posibles actos terroristas. En todo caso sería de la policía. Se lo hago notar también. Otra vez me ignora. Mientras tanto llega otro militar que se mantiene un poco al margen mientras el primero sigue insistiendo en que las chicas tienen que bajar del tren, sin más motivo. El tren queda parado un cuarto de hora en la estación, con las puertas abiertas. Se me ocurre pensar que para un terrorista éste sería un momento perfecto para entrar en el tren y dejar una bomba sin que nadie lo notara. La escena sigue, los militares arrastran, literalmente, a las chicas fuera del vagón. Lo más sorprendente es que a todos les parezca normal. Una de las chicas se cuela entre las puertas aún abiertas y vuelve dentro. Rápido el militar interpone su arma entre las puertas que se están cerrando. Él fuera, la caña del fusil dentro, bloqueando el cierre. Se me hiela la sangre. Como las puertas no se vuelven a abrir, por fin lo retira. Quizás se haya dado cuenta del exceso. Mientras tanto la chica ha desaparecido en otro vagón y un grupo de jóvenes se ha lanzado a seguirla. Se huelen las ganas de linchamiento.

Miro a mi alrededor y con asombro constato que soy la única a quien todo esto le parece algo grave. Siguen inventivas de todo tipo contra los rom, contra los refugiados y, por extensión, contra toda clase de inmigrantes y, por supuesto, la culpa es de los gobiernos de izquierda. Tras un inútil intento de rebatir tales argumentos bajo a mi parada, directa a la playa, a mi chiringuito favorito, multirracial y multicultural. Afortunadamente Roma no es solo eso.

Crisis económicas y olas de xenofobia

Días después sigo pensando en lo sucedido, más allá del fascismo de un militar peligrosamente inconsciente. ¿En qué momento ha habido tal aumento del racismo como para admitir esos abusos de poder? La historia nos ha enseñado que las crisis económicas suelen ser seguidas por olas de racismo y xenofobia, más o menos institucionalizadas, apoyadas por la población descontenta, a detrimento de los principios democráticos fundamentales. Este sentimiento de descontento e incertidumbre viene claramente aprovechado por los partidos de derecha, que se dedican a alimentar el odio racista. Es un fenómeno que se está viendo en toda Europa y debería alarmar. En Italia por ejemplo, un partido como la Lega Nord, tiene el mismo discurso que Marie Le Pen. Pero más allá de un partido, xenófobo desde sus comienzos, basta mirar los titulares de los periódicos del centro derecha para ver como se ponen continuamente en el punto de mira a inmigrantes, refugiados, gitanos. Como ya pasó muchas veces en la historia, para una clase media precarizada y temerosa, y una clase baja angustiada por la incertidumbre, el chivo expiatorio viene a ser el diferente. Y el “zíngaro” es el diverso por excelencia, el “alter” cultural de nuestra sociedad.

“Para una clase media precarizada y temerosa, y una clase baja angustiada por la incertidumbre, el chivo expiatorio viene a ser el diferente”

Hablo de ello con Paola Marotti, miembro de Roma Onlus, una asociación prevalentemente constituida por rom y sinti, que llevan adelante proyectos para la emancipación y el empoderamiento de los jóvenes de esas comunidades. Me cuenta que el racismo hacia los rom se ha incrementado mucho con la abertura de la frontera europea y la emigración masiva desde Rumania. “En Roma, por ejemplo, si antes las instituciones habían creado campamentos rom en las afueras de la cuidad, los rom rumanos al no tener problemas de documentación han acampado desordenadamente en el interior de la ciudad haciéndose mucho más visibles. Esto, unido con el número enorme de esta última ola migración, ha generado tensiones y aumentado el racismo”. En realidad en Italia hay una comunidad zíngara desde el siglo XV, ciudadanos italianos desde entonces, aunque conservan estrictamente sus tradiciones culturales.

El caso más complejo es el de los rom de las ex Yugoslavia, llegados en varias migraciones desde los años 60, y que, con la desaparición de su país de origen, tienen una dificilísima situación burocrática. Al preguntarle qué opina del estereotipo de que los rom roben, Paola contesta: “Cualquier estereotipo en cuanto tal es una absoluta generalización. Está claro que es una comunidad expuesta a la delincuencia como cualquier comunidad que tiene problemas básicos de calidad de vida”. “Por ejemplo –explica– entre la comunidad proveniente de la ex Yugoslavia, hay jóvenes de tercera generación, nacidos aquí, hijos de padres nacidos en Italia, que no tienen la nacionalidad, y, por ende, no pueden trabajar normalmente ni pueden seguir sus estudios más allá de la escuela obligatoria”. Evidentemente, es también cuestión de que la información está bastante sesgada. “Los que estudian y hacen otro camino no son nunca los que acaban en los periódicos. No se habla de los rom que son abogados, enfermeros, médicos, comerciantes… Se habla sólo de los que delinquen”.

Acerca de la información, Marotti recuerda el escándalo de Roma capital. “Se ha robado mucho dinero, sobre todo del destinado a políticas sociales y ayudas para la comunidad rom, y esto ha contribuido al alza del racismo por ignorancia por parte de la población de qué pasó realmente. Todo el dinero que se ha gastado en este sector no ha dado resultados en la comunidad rom, si no que se ha gastado en sobornos entre asociaciones y concejales. Los números exorbitantes de las licitaciones concedidas para gestionar los campamentos rom son a causa de esos sobornos. Por ejemplo: 9 millones de euros para construir un campamento, o sea para barracas en ruinas; 3 millones de euros para agua potable y otros 6 millones para un proyecto de escolarización y transporte escolar. Un gran negocio”. Marotti subraya que ha faltado información clara a la opinión pública, por ejemplo sobre que “ese dinero es de proveniencia de la UE, dado específicamente para la integración de la comunidad rom, pero de ese dinero los rom no han visto nada, se ha volatilizado en sobornos. El discurso del ciudadano desinformado y que sufre la crisis es el clásico, cuando en realidad hay intereses económicos de asociaciones italianas y organismos institucionales que han gastado muchísimo dinero sin ningún beneficio para la comunidad rom”.

Casos parecidos a los que cuenta Marotti se han dado también en la gestión de la acogida de los refugiados. Este tipo de manipulación informativa y la propaganda de la derecha, desvían la atención de los casos de corrupción, utilizando un cabeza de turco que viene bien a todos. Sucesos como los de aquel domingo en el metro probablemente ocurren más de lo que se cree, en el silencio cómplice de una población desinformada, cuyo descontento y angustia por el futuro anula los sentimientos democráticos y solidarios hasta el punto de admitir gravísimos abusos de poder hacia cualquier extranjero y ‘diverso’ que acaba siendo el chivo expiatorio de una sociedad en profunda crisis de valores.

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