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Isaac Rosa | El Diario | 10/10/2016

A todos nos ha pasado, que vas al outlet buscando una ganga y acabas perdido en el polígono industrial. Lo que te cuesta acertar con la salida buena de la autovía, luego orientarte en esa cuadrícula de calles sin nombre, con tantas naves iguales y sin nadie por la calle para preguntar. Pues lo mismo le pasó ayer al ex presidente Aznar: iba por la A-2 buscando un outlet de zapatillas de running, y acabó perdido en el polígono industrial “Las Fronteras” de San Fernando de Henares, de la manera más tonta.

Después de un rato dando vueltas a las mismas calles, sin encontrar la dichosa nave donde pensaba pillarse unas zapas pronadoras a buen precio, acabó por aparcar en la calle Mar Cantábrico, dispuesto a preguntar en algún sitio. Se bajó y se acercó a la primera nave que vio, animado por la bandera de España que ondeaba en la fachada y la cantidad de cochazos aparcados a la puerta.

Subió la escalera y abrió la primera puerta. “Buenos días”, dijo con su característica sonrisa, y se quedó mudo cuando 65 personas trajeadas, todas sentadas muy juntitas, se giraron a la vez hacia el recién llegado, al mismo tiempo que un centenar de abogados, de los más prestigiosos despachos de España, quedaron boquiabiertos. “Huy, perdón”, dijo Aznar, que antes de cerrar reconoció a unos cuantos viejos amigos: en la primera fila, su compañero de pupitre en el colegio, aquel que tan lejos llegó gracias a su protección. A su lado, un ex ministro de su gobierno, vicepresidente nada menos; y tras ellos, dos ex secretarios de Estado de la misma época.

Aznar bajó atropelladamente las escaleras, y en su desorientación se confundió de puerta y abrió la que no era: una sala idéntica a la anterior, donde esta vez 37 cabezas se giraron al verlo entrar, junto a otro medio centenar de abogados de los más prestigiosos despachos de España, que nunca se había visto tanto talento jurídico junto. Aznar permaneció unos segundos pasmado en la puerta, porque ahora la lista de conocidos era aún mayor: entre los presentes, un ex gerente y un ex tesorero de la época en que él presidía el partido; el tipo engominado que le montaba las campañas electorales; el otro del bigote que estaba siempre a pie de escenario en los mítines; un socio de su yerno; la que fue coordinadora de Organización en el partido bajo su mando; varios ex alcaldes y ex senadores, y unas cuantas esposas a las que recordaba de la boda de su hija, donde estuvieron muchos de los presentes.

Quiso salir cuanto antes de aquella pesadilla, pero otra vez equivocó la puerta: “Sala de testigos”, decía un rótulo en la puerta, y allí dentro se dio de bruces concinco ex ministros de su gobierno, cinco nada menos, que se quedaron tan sorprendidos como él por el encuentro. “No te esperábamos aquí, José Mari”, dijo uno de ellos. De los cinco, tres habían sido vicesecretarios del partido con él, y los otros dos vicesecretarios generales.

Cuando por fin consiguió salir del edificio, de vuelta hacia el coche, se cruzó con Esperanza Aguirre. La ex presidenta madrileña, pese a haber destapado la trama Gürtel ella sola, también se pierde en los polígonos, y andaba dando vueltas buscando una tienda de muebles. “Pregunta allí, anda”, le dijo Aznar señalando al edificio de la bandera, mientras se alejaba corriendo.

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