Ana Requena Aguilar | El Diario | 13/10/2016

Los números son tozudos y, además de señalar que la economía y el empleo crecen en los últimos trimestres, muestran que la pobreza también lo ha hecho. El balance de los años de crisis no deja lugar a dudas: hoy hay 1.788.358 personas pobres más que en 2009, según el informe ‘El estado de la pobreza’ de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social de España (EAPN). El llamado índice AROPE (que mide la pobreza, la baja intensidad en el empleo y la privación material) señala que hoy hay 13.334.573 personas (el 28,6% de la población) que vive en riesgo de exclusión social. En 2009, eran 11.546.214 personas (el 24,7%).

La organización advierte, no obstante, de que el empobrecimiento real de la población ha sido mucho más acusado que el mostrado por los datos estadísticos oficiales. “Esto sucede porque no solo ha aumentado la pobreza, sino que se ha producido un empobrecimiento general de la población que, entre otras consecuencias, ha arrastrado hacia bajo los umbrales de pobreza”, explican.

Si en el año 2009 se consideraba pobre a una persona que vivía en un hogar con ingresos inferiores a 739,7 euros al mes, este año lo es alguien que vive con menos de 633,4 euros. Es decir, todas las personas cuyos ingresos están entre los 634 y los 739 euros mensuales han dejado técnicamente de ser pobres, “sin haber experimentado mejora alguna en sus condiciones de vida”.

EAPN rechaza dos de los argumentos políticos más repetidos: que el crecimiento del PIB implica atajar las desigualdades y que la creación de empleo es el mejor antídoto contra la pobreza.

Para ello pone encima de la mesa algunas cifras. Por ejemplo, la correlación entre el crecimiento económico y la evolución de la tasa AROPE de exclusión social. Aunque, de media, a mayor nivel de PIB per cápita, menor es la tasa de pobreza de ese territorio, la ecuación no es tan sencilla. Territorios con niveles de riqueza parecidos tienen, sin embargo, tasas de pobreza dispares y, al revés, territorios con índices de pobreza similares registran niveles de riqueza diferentes.

Un caso concreto: Cantabria y Asturias, que tienen PIB inferiores a los de comunidades como Madrid, Cataluña o La Rioja, registran mejores indicadores de pobreza y exclusión social. El informe constata también que aumentos o reducciones del PIB no producen necesariamente cambios en el sentido contrario en los niveles de pobreza. “No parece que todo sea cuestión de dinero”, concluye EAPN, que menciona como otros factores a tener en cuenta las políticas redistributivas o las intervenciones en educación, sanidad, vivienda y servicios sociales.

En cuanto a la máxima de que el mejor remedio para la pobreza es el empleo, el informe recuerda que el número de personas ocupadas que viven en exclusión social no ha dejado crecer. “No cualquier trabajo protege de la pobreza”, alerta la organización. Actualmente, el 15% de las personas con trabajo están en situación de pobreza, un fenómeno, el de los trabajadores pobres, que “ha llegado para quedarse”.

Menos clase media

Mucho se ha hablado de qué es lo que ha pasado con la clase media durante los años de crisis. La conclusión del estudio es que ha menguado: ahora la forman 800.000 personas menos que en 2009, lo que en términos relativos es una disminución de 1,7 puntos porcentuales.

¿A qué estratos han ido a parar esas 800.000 personas? Cerca de 500.000 han pasado a ser consideradas clase alta. El informe explica que este trasvase se debe sobre todo a los cambios en el umbral que hay entre clase media y alta: en estos años, el límite de ingresos que divide a unos y otros ha bajado en 1.348 euros. Es decir, ahora hacen falta menos ingresos que antes para considerar que alguien pertenece a una clase elevada, independientemente de si sus condiciones de vida han mejorado realmente.

Las otras 300.000 personas forman parte ahora de los segmentos más precarios. En este caso sucede lo contrario que con la clase alta: el umbral para ser considerado pobre ha bajado porque los ingresos, en general, lo han hecho, esto es, personas que tienen los mismos ingresos que hace seis años son ahora técnicamente clase media.

Más desigualdad

Otra forma de medir la desigualdad es la diferencia que hay entre los diez en los que se divide a la población en función de sus ingresos. Entre 2009 y 2015, todos los grupos redujeron sus ingresos, eso sí, a medida que aumenta la renta la capacidad para resistir el impacto de la crisis ha sido mayor.

“Para la clase media y los grupos más pobres la reducción de sus ingresos ha sido mucho más intensa que para los grupos de población con mayores ingresos”, afirma EAPN. El 30% más rico de la población ingresa hoy como mínimo un 7,5% menos de lo que lo hacía en 2009. Para el siguiente 40% de la población (lo que podría considerarse clase media) esa reducción ha sido de entre el 9 y el 13%. Y el 30% de la población más pobre ha perdido entre el 14 y el 25% de sus ingresos. O, dicho de otra forma, “son los más pobres los que han pagado las consecuencias de la crisis”.

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