El largo camino hacia el no hay futuro

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Pablo Fernández Fernández | Diagonal | 12/10/16

“Estudia filliño, estudia para el día de mañana ser alguien”. Imperativo, recurrente, de una bisabuela gallega. Ella, generación que vivió en su veintena la guerra civil, no pudo estudiar jamás en un país destruido, y es analfabeta. Su hija, generación que vivió en pleno franquismo, trabajó en el mercado desde pequeña. Había que llevar ingresos a su familia, la educación era algo lejano. Su nieta, generación que vivió la masificación de la universidad, los resortes del Estado del bienestar, pudo estudiar. Sus bisnietos, a caballo entre Bolonia y la LOMCE, son protagonistas, no sólo de la reforma inconclusa del sistema educativo, sino de la revisión del propio derecho a la educación.

Llegó la vuelta al cole y, con ella, la cuesta de septiembre. Cada reforma, prometida como la llegada de un nuevo modelo pedagógico frente a antiguas dinámicas, tiene una primera consecuencia antes que cualquier otra cosa: el gasto, por parte del ministerio, en su implementación, y el gasto de las familias en la compra de los nuevos libros que contienen esa nuevas pedagogías.

La nieta, con tres niños, gastó 900 euros, 300 por cada uno. Más los chándales, 100 euros, más material escolar, 500 euros, en total, 1.500 euros. El “estudia filliño” resuena desde antes de que el niño sea consciente y lo acompañará durante años. El gasto también resuena desde tempranas edades, y también se irá incrementando.

En los casos de Madrid y Cataluña, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) destaca que las ayudas para la compra de libros están destinadas a situaciones de “extrema necesidad económica”, y la gestión de reutilización de libros depende de cada AMPA. La misma CEAPA realizó una encuesta para analizar los derechos de la infancia, con 1.748 respuestas. En ella, el 78,96% pagó por los libros de texto, y el 21,63% de las familias afirmó verse en problemas por dicho gasto. Más de dos millones y medio de alumnos vieron actualizados sus libros, debido a la implantación de la LOMCE en seis cursos. En este curso se aplica en tres cursos más, 2º y 4º de la ESO y 2º de Bachillerato.

En cuanto al comedor escolar, el 84,19% de las familias que contestaron al estudio de CEAPA dicen que no tienen ayudas. El precio del menú varía desde los tres euros de Asturias hasta un máximo de 6,80 en Navarra.

“He llegado a retrasar visitas de mis hijos al dentista porque prefiero que tengan un libro en el pupitre y puedan estudiar en las mismas condiciones que sus amigos”. Es el testimonio de Laura, recogido por Save the Children en el informe Necesita mejorar. En el mismo informe se remarca que “en España, el 43% de los niños del 20% más pobre abandona prematuramente sus estudios”, y es que “el éxito escolar hoy en día depende de la posición socioeconómica de los niños, de su origen o de si tienen alguna discapacidad”.

Empeñados

Tomás trabaja en un Burguer King. Antes de mandar su currículum, pensó si quitar de él su formación universitaria. Había oído por la calle que es mejor, que hay más probabilidades de que te cojan por dar menos problemas. Lo hizo al terminar la universidad. Le cogieron. Mientras trabaja, espera que llegue ese ansiado trabajo, decente, asegurado (“estudia filliño”).

22% es lo que aportan directamente los estudiantes a la financiación de las univer­sidades.

En 2008, la parte aportada al presu­­puesto de las universidades públicas era del 15%
Alejandra trabaja en un bar por las mañanas. Hace un año, a estas alturas, estudiaba en la Universidad de Oviedo. Tras un mal curso dejó la universidad, pero, más que eso, ella destaca que el principal problema es que tuvo que devolver la beca. No llegó al porcentaje mínimo de asignaturas aprobadas. Son 1.500 euros.

Para Fernando de la Torre, representante de Estudiantes en Movimiento, “hay una disfuncionalidad entre el mercado laboral y el sistema educativo. Mientras el sistema educativo ha desarrollado muchos cuadros técnicos y profesionales para la sociedad tras la masificación de las universidades, el mercado laboral ahora requiere menor cualificación. Por ello, en la adaptación de la Educación y sus costes se da una segregación económica, clasista”.

Así, la universidad, con el gasto –monetario y no monetario– que conlleva, no garantizaría un empleo, pero sin el título es más complicado acceder a él. En España hay actualmente entorno a un millón y medio de estudiantes universitarios, un porcentaje superior al de la Unión Europea, pero el desempleo de este grupo supera el 13%, mientras que en la Unión Europea no se llega al 6%.

Con la crisis económica, el número de estudiantes no se redujo. Al contrario, con menos posibilidades en el mercado laboral, muchos jóvenes regresaron a las clases. Sin embargo, en 2012 llegó el Real Decreto-Ley 14/2012, de medidas urgentes de racionalización del gasto público, que en la universidad se tradujo en el “tasazo”. Cada comunidad autónoma estipulaba, dentro de una horquilla, el precio del crédito universitario. En lugares como Madrid el precio subió hasta un 65%, y un crédito llegó a costar 27 euros, mientras que en Galicia se mantuvo constante en torno a los 11 euros. En Madrid, una matrícula anual, de 60 créditos, cuesta alrededor de 1.600 euros. En 2011 el importe era de 1.000 euros, todo en primera matrícula. En segundas matrículas el precio se dispara, en terceras el alumno cubre la totalidad del gasto. El exministro de Educación, Juan Ignacio Wert, con su habitual tono, se refería constantemente a que “les pagamos por estudiar”, pues el 70% del coste es sufragado por las administraciones educativas.

Entre 2012 y 2014 abandonaron los estudios superiores 45.000 personas. Foto de Olmo Calvo.Fue a partir de 2012/13 cuando el número de estudiantes en la universidad se empezó a reducir. En los dos siguientes cursos abandonaron los estudios superiores 45.000 alumnos. “En primero de carrera pasé muchas dificultades económicas. En segundo dependía de la beca, y no me la concedieron”, respondió Naroa a este periódico hace dos años. “Como ya estaba matriculada, incurrí en una deuda con la universidad que no puedo pagar”. En los últimos cuatro años, las universidades públicas han perdido 127.000 estudiantes.

En los últimos cuatro años, las universidades públicas han perdido 127.000 estudiantes

Además, las condiciones para ser becario son ahora más estrictas. Un curso después del tasazo, el ministerio subió la nota mínima para optar a las ayudas en universidad de 5,5 al 6,5; en Bachillerato subía de 5,5 a 6, igual que en Formación Profesional. Para Wert, el gasto en becas se disparó “a gran velocidad” y era necesario hacer reformas.

Tras una intensa movilización, en la que incluso barones del Partido Popular dejaron de apoyarle, el ministro reculó en varios aspectos. FP y Bachillerato volvían a sus límites iniciales, y en universidad bajó al 5,5 para la exención de matrícula, pero mantuvo el 6,5 para el resto de modalidades. “Mi nota en Selectividad no alcanzó el mínimo para ser becado por el ministerio, pero sí por la Junta de Extremadura”, dice Javier. “Con malas calificaciones, te obligan a devolverla. 1.800 euros más intereses”. Con dificultades siguió estudiando, por la UNED. No integró el número de estudiantes que abandonaron los estudios, pero sí el de los deudores con las administraciones. Para Fernando de la Torre, “en torno a la deuda estudiantil hay una convivencia de intereses. Junto a la reforma de la Educación hay un sistema bancario que necesita mantener las tasas de ganancia y busca nichos de mercado. La Educación es un gran sector por explotar, en el que ya se han utilizado herramientas como las becas-préstamo”.

El futuro

España lidera el ránking de abandono temprano de los estudios y al mismo tiempo supera la media de jóvenes matriculados en la universidad. “Todo el abandono escolar temprano tendría que recanalizarse a la Formación Profesional”, fue la solución de Wert. En la recámara se encuentra el modelo estadounidense, con menos estudiantes universitarios, fuertemente endeudados, y más en FP. Ya sin Wert, pero con la LOMCE y las reválidas, el camino quedó allanado desde la Educación Secundaria, con la diferenciación entre la FP y el Bachillerato para la universidad. El nuevo ministro, Íñigo Méndez de Vigo, lo confirmó: “La Formación Profesional es una de mis máximas prioridades políticas”. Martín González, estudiante de ciclo superior, lamenta que “nuestros estudios están enfocados hacia la parte técnica. Aprendemos un trabajo en una determinada empresa, pero no hay muchas más posibilidades”. Además, añade que “no tenemos contrato laboral en prácticas” y que “con la FP Básica, que sustituye al PCPI, no obtienes el graduado escolar, por lo que en el futuro te verás abocado a la precariedad”.

Para Fernando, la alternativa pasa por “una bajada gradual de las tasas. La Educación universal, gratuita a todos los niveles no es una quimera. Hay estados donde existe, y para ello se necesita una mayor inversión en educación. Hay que recordar, también, que las tasas son un repago de la universidad, que ya hemos pagado con nuestros impuestos”.

La bisabuela sigue confiando en que sus bisnietos estudien mucho para obtener un buen trabajo. Tomás sigue trabajando en un Burguer King, a la espera de esa ansiada oportunidad. Alejandra continúa poniendo cafés para pagar su deuda. La oportunidad tendrá que esperar.

Huelga contra las reválidas

El próximo 26 de octubre está convocada una huelga de estudiantes en contra de las pruebas de evaluaciones finales para los alumnos de ESO y Bachillerato, una de las novedades en el sistema educativo que vienen con la Lomce. La huelga ha sido convocada por el Sindicato de Estudiantes y, hasta el momento, la apoyan la Confederación de Padres y Madres de Alumnos y la Federación de Asociaciones de Estudiantes Progresistas, según han anunciado desde la Plataforma Estatal por la Escuela Pública.

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