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JUAN CARLOS ESCUDIER | Cuartopoder | 

Decíamos este viernes que, junto a los intentos de cierta aristocracia intelectual del PSOE por propiciar un tándem Pedro Sánchez-Borrell con el que enfrentarse al socialismo rociero de la sultana de Andalucía, ya estaba en marcha otra operación patrocinada por Alfredo Pérez Rubalcaba, que sigue ejerciendo de Fouché en la sombra y por persona interpuesta. El mirlo blanco en esta ocasión sería Patxi López, al que habría abonado el terreno el exconsejero vasco de Interior Rodolfo Ares, la sombra de López y la mano de don Alfredo.

El expresidente del Congreso ha jugado sus cartas con exquisita pulcritud. Alejado de los ‘golpistas’ que propiciaron la caída de Sánchez, nadie en la militancia podrá acusarle de deslealtad porque se habrá mantenido fiel hasta el final al ‘no’ a la investidura de Rajoy, que hoy mismo pensaba defender ante el comité federal del PSOE. López ha incrementado en los últimos días su presencia pública y está permanentemente informado de los movimientos de la gestora de Susana, como antes lo estaba de la Ejecutiva de la que formó parte. No es casualidad que quien fuera su jefa de gabinete, Miriam Álvarez, trabaje ahora para Javier Fernández en esa cuarta planta que es la cocina de Ferraz.

Su fiel escudero ha sido Ares, cuyo papel en los últimos meses del partido ha sido crucial, pese a varios y dolorosos problemas personales. El sanchismo cree ahora, por ejemplo, que fue determinante para que Podemos se levantara de la mesa cuando, al parecer, estaba prácticamente cerrado un acuerdo secreto con los de Pablo Iglesias para que facilitaran la investidura del candidato socialista. Fuentes próximas al exsecretario general señalan que su sorpresa fue mayúscula cuando recibió a los morados con la advertencia de que él había negociado con ETA y no les tenía ningún miedo. Ante todo, buen rollito.

Ares presidió también la reunión preparatoria en Ferraz del comité federal que decapitó a ‘Pedro el breve’ y tuvo un papel protagonista en la mesa de este órgano, especialmente en el incidente de la votación en urna del congreso extraordinario. Puede que los partidarios de Sánchez se hayan vuelto muy picajosos, pero los interlocutores de este diario le reprochan que no explicara a los miembros del comité las garantías con las que iba a celebrarse la votación y en lugar de eso señalara la urna que estaba detrás de un cortina y se levantara de la mesa. Fue en el tumulto que se formó cuando Juan María Cornejo, el oficial de más alto rango de la guardia pretoriana de Susana Díaz, agarró por las solapas a Pedro Sánchez en una lección magistral sobre el valor de la democracia.

La opción de Patxi López es la más temida por el ‘sanchismo’ porque podría presentarse en un futuro Congreso como la voz de la militancia, que es el patrimonio que atesora el defenestrado líder socialista. En la caldera que es hoy el partido, existe el convencimiento de que la alternativa de Susana Díaz jamás llegará a fraguar por mucho que intente demorar el congreso con toda suerte de artimañas. Y no sólo porque la presidenta andaluza sea alérgica a unas primarias con competencia –que bien podría intentar cargárselas- sino porque Bruto no puede ser César y más si sobre su daga planea la sombra de unos ERE que siempre la perseguirá.

¿Que por qué Rubalcaba iba a estar detrás de López, si en sus manifestaciones más recientes se ha inclinado por la abstención y ha dicho que era el camino que él habría tomado al día siguiente del 26 de junio? Por varias razones, más allá de que López siempre haya sido su preferido (“por mí Patxi López lo será todo”) y de que Ares no mueva ficha sin consultarle. Lo explicaba a este diario un exdiputado socialista: “Él siempre ha mantenido que desde que fue elegido secretario general en el Congreso de Sevilla de 2012 su gran problema había sido que el PSOE de Andalucía no paró un momento de tocarle las narices”. La pasión que sentía por Griñán es similar a la que siente ahora por su hija política.

Un dato más. En la ‘operación López’ se encuentra también otro López, Óscar, que pasaba por ser la mano izquierda de Pedro Sánchez –Antonio Hernando, que ya pace en los predios de la sultana, era la derecha- y que está considerado como el más fiel de entre los fieles al químico Rubalcaba. Sin manos se hace difícil pensar que Sánchez pudiera ganar algún pulso.

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