Cuando estalle la burbuja

Ante la situación actual del periodismo independiente, alternativo o crítico, es lícito preguntar: ¿hacemos bien nuestro trabajo?, ¿son nuestros proyectos referencia por su periodismo o sólo por su activismo?

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MIGUEL A. SANCHO

Roger Palà i Balanyà, periodista y uno de los editores de Crìtic | Diagonal | 25/10/16

El Col·lectiu Ronda es una cooperativa de abogados catalana con 40 años de trayectoria. Da trabajo a cerca de un centenar de personas, entre abogados, técnicos, economistas y otros profesionales. En Catalunya son la referencia absoluta en materia laboralista. Los avalan décadas de éxitos acompañando luchas sociales de todo tipo. Ha sido Ronda, conjuntamente con la plataforma ciudadana 15MpaRato, quien ha conseguido llevar a Rodrigo Rato al banquillo de los acusados en el caso de las Tarjetas Black.

El Col·lectiu Ronda es una referencia por varios motivos: por su planteamiento cooperativista, por su visión crítica con el statu quo, por su hermanamiento con las luchas… Pero nada de esto tendría el peso que tiene si antes los abogados del Ronda no cumplieran una primera premisa: ser unos abogados excelentes.

No puedes sentar a Rato en el banquillo sólo siendo muy de izquierdas. Antes tienes que ser muy buen abogado.

Ante la situación actual del periodismo independiente, alternativo o crítico, es lícito trazar cierto paralelismo con el Col·lectiu Ronda, y hacernos la siguiente pregunta: ¿hacemos bien nuestro trabajo? ¿Son nuestros proyectos referencia por su periodismo o sólo por su activismo?

El momento actual dista mucho del de hace una década. La profusión de nuevos medios de todo tipo, color y planteamiento nos ubica en un nuevo escenario muy diferente al que se encontraron proyectos como Diagonal o La Directa cuando vieron la luz.

Estamos inmersos en una burbuja de medios digitales. No sabemos hasta qué punto puede seguir hinchándose. Lo que sí sabemos es que, como toda burbuja, acabará estallando. La pregunta que hay que hacerse es qué pasará con todos los proyectos de periodismo independiente cuando esto pase.

Ante esta situación, es probable que una de las claves sea emular la estrategia del Col·lectiu Ronda: desde los medios independientes hay que hacer, antes que nada, buen periodismo. La teoría es fácil. La práctica no lo es tanto.

No basta con el compromiso militante. Los periodistas tienen que cobrar un sueldo para poder hacer su trabajo. A poder ser, un sueldo digno

Porque las contradicciones son muchas y porque para practicar el oficio periodístico de una forma profesionalizada hace falta una cosa que a menudo los proyectos independientes no tienen: estabilidad económica.

No basta con el compromiso militante. Los periodistas tienen que cobrar un sueldo para poder hacer su trabajo. A poder ser, un sueldo digno.

El gran reto

Los medios independientes han demostrado que estaban en lo cierto cuando decían que la publicidad no tenía que ser la fuente de financiación básica, y que había que apostar por la suscripción y la implicación de la comunidad.

Hoy en día, gran parte de los nuevos proyectos que surgen buscan en la gente un puntal de financiación. Incluso Pedro J. nos ha dado la razón. Pero también es cierto que, por ahora, con esto no hay bastante.

No existe en el Estado español ningún proyecto periodístico que se mantenga únicamente con las cuotas de sus suscriptores. En el caso de Crític, representan el 51% de los ingresos. El resto proviene de la ­publicidad, del contenido con patrocinio o de proyectos varios –docencia, charlas, realización de contenidos para terceros, etc–.

Éste puede ser el gran reto de los medios independientes: lograr la estabilidad económica asumiendo que, si bien los suscriptores y suscriptoras de nuestros proyectos tienen que ser un pilar fundamental, quizás necesitaremos otras vías de ingresos para acontecer sostenibles. Pero que al mismo tiempo no conseguiremos una comunidad sólida si no ofrecemos un producto de calidad. Hay que ofrecer buenos contenidos, no sólo militancia.

El añorado Ramon Barnils decía en uno de sus artículos: “No sé si cuando la gente duerme se tiene que gritar con panfletos y palabras incendiarias. No lo creo”. Era el año 1988. La gente dormía profundamente. Hoy, ante un ligero despertar, hay que hacerse esta misma pregunta.

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