El académico de la RAE Luis María Anson amenaza con el CNI a Pablo Iglesias

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He leído por ahí algunos titulares de pena al respecto de lo que es una amenaza en toda regla. Una amenaza que no hace sino confirmar que los conspiranoicos en muchas ocasiones se quedan cortos o se van por los cerros de Úbeda. En este país no hace falta inventar nada para escribir una novela negra que sería rechazada por fantasiosa.

Y es que material no falta, y eso simplemente empezando por lo más conocido: el terrorismo de Estado de los ochenta y los muchísimos secretos inconfesables del monarca emérito. Secretos ocultados a conciencia por los partidos y medios de comunicación del régimen y por una justicia que no está pensada para cumplir con esos menesteres. Vicios compartidos por unas élites económicas y de clase infectadas con el mismo virus del poder y tan inasumibles para una buena parte del pueblo que incluso hacen conveniente no hablar de ellos. Pero es que encima llevamos un ‘puentecito’ que, entre las declaraciones del tímidamente sincerado Pedro Sánchez ‘revelando’ la dominación de aquellos a los que nadie elige, y lo de Anson, un real-académico que por más lenguaraz que sea sabe hasta dónde debe llegar… no ganamos para sustos (que no disgustos).

Si comento lo de los límites autoimpuestos es precisamente porque si Anson se ha atrevido a soltar la perla que se puede leer a continuación, es porque actúa como correa de transmisión con un mensaje que no parte de él. Es un aviso a navegantes. Y lo llega a ser porque la nuestra es una sociedad hipócrita en la que nadie está limpio del todo, como es natural, pero en la que parece que sí lo estemos y en la que además no existe el concepto y la intencionalidad a la hora de juzgar lo ajeno. Como si fuera lo mismo mancharse por beneficiar a las mayorías o hacerlo por egoísmo personal o por defender el privilegio de las minorías explotadoras.

Tras cantar las bondades de la Europa del euro, y de las libertades y los DDHH que nos provee, el académico se marca una digresión de libro a renglón seguido:

Me aseguran que el CNI dispone de un arsenal de irregularidades y vergüenzas del líder podemita. Sería mejor no tener que exhibirlas y que Pablo Iglesias, con la Cruz de Borgoña a cuestas, se mese la coleta, embride su ego desbocado y se integre en el sistema que gobierna a los países todos de la Europa unida.

Este caballero es lo suficientemente inteligente como para entender la barbaridad que está diciendo. No solo acepta con naturalidad que el CNI espía a los representantes políticos (que por más asumido que lo tengamos es una aberración), sino que responde solo a una parte de ellos, y que esa parte puede hacer un uso discrecional de los datos fruto del espionaje para embridar disidencias ideológicas y políticas. Y dándolo por válido, amenaza recomendando, al estilo de quien hace una de esas ofertas que no se pueden rechazar: “Cállate, e integrate en la familia el sistema”. Y lo hace además apelando previamente a la inteligencia (a su ego) del amenazado. Un crack.

Iglesias, que no tenía más remedio que salir al paso de semejante advertencia, lo ha hecho de la mejor forma posible, si es que hay alguna forma recomendable en estos casos:

Todo esto es tan bochornoso y descarado que, por ver el lado positivo, quizá tenga razón  en este párrafo de un magnífico artículo publicado hace unos días en La Marea:

Y de ahí hasta ahora, mediando la breve XI legislatura, donde el escenario parlamentario resultante, calificado de intolerable, no ha sido sino el reflejo del fin de la candidez de varias generaciones respecto al tipo de país en que viven. Y es aquí donde se halla la situación aterradora para la poderosa minoría que quiere que nada cambie. Para millones de personas se ha abierto una zanja que, por cuestiones meramente demográficas y de tendencia económica mundial, no parará de crecer hasta hacerse abismo. Una zanja entre unas aspiraciones vitales ya de otra época y las míseras oportunidades ofrecidas hoy, una zanja entre la necesidad de una representatividad digna y una alternancia que no para de perder sufragios, una zanja entre el hartazgo por la falta de virtud pública y un sistema clientelar que difícilmente podrá ser desmontado. Pero también una separación cultural de unos iconos y mitos que, una vez vistos los resultados de aquella transición, no despiertan hoy más que indiferencia cuando no rechazo.

Pero si así fuera (que no lo tengo yo tan claro, porque más que candidez yo hablaría del miedo lógico de una sociedad a la que no hay por qué infravalorar), lo que no hay que perder de vista es la imprescindible matización que hace para finalizar:

Decíamos que varias generaciones, las primeras que van a vivir peor que sus padres tras las posguerra, han perdido la candidez. Lo cual no significa que automáticamente hayan ganado en crítica. La posibilidad de restauración, tras este atolladero de despertar brusco, dependerá de lo que hemos señalado, pero en último término de si aquello que se llamó indignación se convierte en descreimiento o en conciencia, en ese conocimiento que separa el somos de lo que quieren que seamos, lo común del sálvese quien pueda, la dignidad de la desvergüenza.

Ya veremos. Esperemos en cualquier caso que no dejemos morir todas estas informaciones, que sepamos insistir en ellas para que el sistema se vea interpelado por el conjunto de la sociedad. Y que sepamos extraer conclusiones, empezando por la primera y principal: el poder no puede permanecer blindado. Sin democracia (y la representatividad, ni en el mejor de los casos lo es), esta enfermedad, aunque pudiera aliviar sus síntomas, no se curará nunca, independientemente de quién se postule para representarnos.

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1 Comentario

  1. Está claro que no hace falta inventar nada para una novela negra puesto que en este país los poderes fácticos tienen por desgracia los componentes para causar terror en la gente, desde la política a la economía, las armas y la ocultación de los secretos más inconfesables de esa casta. Anson tenía que haberse retirado ya porque la pluma no le da para más con un cerebro tan gastado; se ha quedado en lacayo de la cohorte monárquica y en el hazmerreír para la gente con sus artículos delirantes del franquismo, ja jaja.

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