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BERTA CAO | Cuartopoder | 

A diario encontramos opiniones, y lo que es peor, actuaciones políticas que sin duda tienen sus raíces en comportamientos machistas. Que estos vengan de representantes de instituciones o estructuras que son parte fundamental de nuestro entramado democrático no es habitual, por aquello de “lo políticamente correcto”. Vamos, que en privado vale todo y, en público, hay que cortarse un pelín.

Las palabras de Joan Rosell, actual presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), en la presentación de su ponencia A donde vamos, dentro del ciclo de conferencias organizadas por el Club de Opinión y Estudios Históricos Jaime I, en Castellón, entrecomilladas en la información del diario Levante, vienen a recordar cuan endebles son los pilares que sustentan la igualdad entre mujeres y hombres. La incorporación de las mujeres al mercado laboral, dijo, “es un problema”.

Ya nos habíamos olvidado de aquellas manifestaciones de Mónica Oriol, en su etapa de presidenta del Círculo de Empresarios, cuando  hablaba del “problema” que acarreaban, para ella, las mujeres: el embarazo. Parece que el empresariado español sigue teniendo esta visión: las mujeres como problema.

Cierto que, en esta ocasión, de inmediato la CEOE ha lanzado un comunicado sobre el malentendido y el contexto, pero la cuestión en que sí, que hay un problema en el mercado laboral, y es el desempleo que sufren las mujeres. Y sí, a ver cómo crean empleo para todos y para todas. Claro que eso es un problema, incluso después de treinta años reclamando al empresariado el reconocimiento de la capacidad profesional de las mujeres y su presencia en condiciones de igualdad en el mercado laboral.

Esta misma semana conocíamos los datos de la situación del desempleo con la publicación de los Registros del Servicio Público de Empleo de octubre: el paro femenino, con un 56,1%, alcanza a 2.113.194 mujeres, con una subida del 1,02% respecto del mes de septiembre. Mientras, el desempleo masculino se sitúa en 1.651.788.

La EPA del Tercer Trimestre de 2016 señala que el empleo había aumentado en ese trimestre más entre los hombres (con 141.700 ocupados más), que entre las mujeres (84.900 nuevas ocupadas), con la tasa de actividad masculina en el 65,26%, y la femenina en el 53,61%.

Más paro, menos empleo, menor tasa de actividad. Ese es el problema de las mujeres y del mercado laboral, que conlleva otro mayor: la feminización de la pobreza.

Iage de la oticia pblicada por el diario Levate
Captura de la noticia publicada por el diario Levante

Las mujeres tienen no sólo el derecho, sino también la necesidad de un empleo, de un salario, de aportar ingresos a la economía familiar. Se han acabado los tiempos de la división sexual del trabajo, de las mujeres en casa cuidando y los hombres en lo público, en “lo importante”, sustentando la economía. Se han acabado porque las mujeres quieren, y porque la realidad nos lleva a ello.

Un último dato para la reflexión. El número de hogares formado por madre con hijos/hijas a su cargo (familias monomarentales) alcanzaba el 81,3%. 1.541.700 familias del total de monoparentales, según la Encuesta Continua de Hogares de 2015, publicada en abril de 2016. Ésta es la realidad, éste es el contexto. Si alguien considera que la incorporación de las mujeres al mercado laboral es un problema, lo más fino que se le puede llamar es machista. Además de ciego ante las necesidades del futuro. Habrá que empezar con los repartos equitativos, y reconocer que este país no se puede seguir construyendo sobre la base de los privilegios de unos en detrimento de los derechos de todas.

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