Neoliberalismo, el camino hacia la hegemonía

Eric Toussaint publica “Una mirada al retrovisor. El neoliberalismo desde los orígenes hasta la actualidad” (Icaria).

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Enric Llopis | Rebelión | 08/11/2016

A veces se considera que la ideología neoliberal fue una consecuencia de la crisis de los años 70 e inicios de los 80, pero la doctrina ya existía. El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos entre 1987 y 2006, Alan Greenspan, recuerda en su autobiografía que las teorías de Adam Smith tenían un predicamento escaso tras la segunda guerra mundial; es más, hasta finales de los 60, paladines del “laissez-faire” como Ayn Rand o Milton Friedman eran “iconoclastas” y el capitalismo de libre mercado casi un “oprobio”, afirma el financiero en “La era de las turbulencias” (2008). Pero poco a poco, a fuego lento, el neoliberalismo se iría expandiendo.

Puede rastrearse un lejano precedente en la polémica entre los economistas Von Hayek y Keynes, que The Times reprodujo en octubre de 1932. Muchos de los argumentos se repiten hoy. El ultraliberal Hayek explicaba la crisis de 1929 por el exceso de inversión generado, a su vez, por una política monetaria laxa; consideraba que la intervención del estado en la economía desviaba recursos para la inversión privada; y que para retornar al pleno empleo, habían de caer los salarios. En el bando contrario, Keynes y sus seguidores achacaban la “gran depresión” al declive inversor, y defendían la participación estatal para potenciar el consumo y la inversión; también un aumento salarial, que redujera el paro, las desigualdades y, sin cuestionarse la propiedad privada, evitara las rupturas fascista y bolchevique.

En un breve ensayo de 74 páginas publicado por Icaria, “Una mirada al retrovisor: El neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad”, el portavoz del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), Éric Toussaint, explica el proceso que lleva al triunfo de la “contrarrevolución neoliberal”. Como las embestidas de Hayek y L. von Mieses no derrotaron a las ideas de Keynes, que se expandieron en los años 30, a partir de 1945 se inicia una nueva ofensiva. Tres instituciones con vínculos en la academia y los negocios ponen en el punto de mira la intervención estatal y el socialismo: el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales (IUAEI) de Ginebra; la London School of Economics (LSE) y la Universidad de Chicago. Von Hayek, que impartía clases en la LSE, fundó con von Mieses la Sociedad de Mont-Pélerin en 1947. Celebrada cerca de Vevey (Suiza), la primera reunión fue financiada por banqueros y patrones de la industria helvética, recuerda Toussaint. Hasta la localidad de Mont-Pélerin se desplazaron delegados de publicaciones estadounidenses, como Fortune, Newsweek y The Reader’s Digest. Uno de los pasajes de “Camino de Servidumbre”, la célebre obra de Friedrich von Hayek, apunta las bases de un ideario neoliberal que ganaba posiciones: “Es la sumisión del hombre a las fuerzas impersonales del mercado lo que, en el pasado, hizo posible el desarrollo de una civilización que, sin ello, no habría podido hacerlo; es por la sumisión que participamos cotidianamente en la construcción de algo más grande (…)”.

Finalmente se constituyó la Sociedad de Mont-Pélerin, “think Tank” neoliberal que se reunía periódicamente, y que contaba en su nómina no sólo con los inevitables von Hayek y von Mieses, sino también con personajes de la talla de Maurice Allais, Karl Popper o Milton Friedman. Muchos de ellos recibieron el Premio Nobel de Economía. Toussaint define el siguiente avance como la “ola neoliberal”, uno de cuyos epicentros fue la Universidad de Chicago. Allí hizo carrera Friedman y Hayek dio clases durante una década. Mentor de los “Chicago Boys”, Milton Friedman propagó la llamada por él mismo “contrarrevolución en la teoría monetaria”, lo que significa que las variaciones de la masa de moneda en circulación condicionan los precios, la producción y los ingresos. Según esta teoría, si el estado incrementa las emisiones monetarias para acicatear la demanda, la inflación aumenta en las mismas proporciones. El mecanismo no se somete a discusión. Desde la perspectiva del economista, explica Toussaint, “se trata de una ley observada desde hace siglos y que es asimilable a las leyes surgidas de las ciencias naturales”.

¿Neutralidad, asepsia, ciencia, objetividad? “Friedman estaba claramente embarcado en un proyecto político y se colocó del lado reaccionario”, apunta el autor de “La crisis global”, “El Banco Mundial: golpe de estado permanente”, “Las finanzas contra los pueblos” y “El Tsunami de la deuda”, entre otros textos. El economista de la Escuela de Chicago fue también, en 1964, consejero económico del candidato a la presidencia por el Partido Republicano, Barry Goldwater; de Nixon (1968), y de Reagan (1980). Además, tras el golpe que derrocó a Allende, Milton Friedman asesoró a Pinochet en asuntos económicos. Y tampoco fue neutral: “Apoyó la represión y la adopción de medidas antisociales extremas”, señala Éric Toussaint. En 1977 publicó “Contra Galbraith”, libro que incluía las conferencias pronunciadas en Gran Bretaña. En una de ellas planteaba, como una de las posibles soluciones para la economía británica, una terapia de choque parecida a la chilena. Reagan se apoyó en Friedman, al igual que Thatcher en Friedrich von Hayek, quien respondió así en 1981 a la pregunta de un periodista chileno: “Un dictador puede gobernar de manera liberal, así como es posible que una democracia gobierne sin el menor liberalismo; mi preferencia personal es una dictadura liberal y no un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente”.

El autor incluye en los tres últimos capítulos algunos de los dogmas que fundamentan el credo neoliberal; éste “llegó muy lejos en su trayectoria reaccionaria”, recalca Toussaint. El profesor de la Universidad de Chicago y Premio Nobel de Economía en 1995, Robert Lucas, consideraba el paro como una opción del trabajador, que es quien decide si aumenta el tiempo de ocio. Según esta tesis, cualquier política de estímulo económico -en sentido keynesiano- no tendría sentido y además resultaría perjudicial. El economista Joseph Stiglitz destaca que esta idea sobre el desempleo “voluntario” se halla fuertemente arraigada en el Fondo Monetario Internacional (FMI). “En algunas universidades, cuyos graduados el FMI contrata de forma habitual, las asignaturas centrales giran en torno a modelos donde nunca existe el desempleo”, explica Stiglitz. De hecho, los ultraliberales sostienen que en el modelo competitivo y de libre mercado sin regulación, oferta y demanda (de trabajo o de cualquier otro factor) siempre se equiparan. Otra idea muy cara a los pensadores “neoclásicos” y los “Chicago Boys” es la de una sociedad protagonizada por agentes independientes (hogares, familias y empresas), que interactúan de acuerdo con su libre albedrío. Se presupone además que actúan racionalmente. Dos economistas de la Escuela de Chicago, Mincer y Becker (Premio Nobel en 1992), extienden la racionalidad a todo comportamiento humano. ¿Qué lugar les queda entonces a la Psicología, la Antropología, las Ciencias Políticas o la Historia?

Pero el “postulado clave”, sostiene Éric Toussaint, es el mercado libre como institución que asigna de manera óptima los recursos. Ahora bien, ¿existen en la vida real mercados totalmente desregulados? En el poder desde 1980 en Estados Unidos, los adalides del neoliberalismo arremetieron contra los sindicatos y cercenaron la protección social; pero también aumentó el peso de los oligopolios, se mantuvieron las barreras proteccionistas a los competidores exteriores, a la libre circulación de la mano de obra y creció la influencia del poder financiero (escándalos Enron o Maddof, entre otros muchos). La consecuencia del modelo fue el incremento de las desigualdades en Estados Unidos, la precariedad laboral y la pobreza, de manera que el número de presos pasó de 250.000 (1975) a 744.000 (1985) y 2,3 millones en 2008 (la mitad de ellos afroamericanos y una cuarta parte, latinos).

El último “truco” neoliberal expuesto por el portavoz del CADTM es “presentar a los oprimidos como si fueran opresores”. El Informe Doing Bussiness, que el Banco Mundial empezó a emitir en 2003, clasifica a los países por las “reformas” realizadas para mejorar el “clima de negocios”. A mayores facilidades para el despido, mejor calificación. Otro informe del Banco Mundial –“El mundo del trabajo en una economía sin fronteras”-, de 1995, apunta: “Por los obstáculos que pone en la creación de empleos, una reglamentación de seguridad del empleo muy rígida se arriesga a proteger sólo a aquellos que tienen un empleo asalariado, a expensas de los excluidos y los desempleados (…)”. Con igual claridad se expresó el expresidente de la República Checa, Václav Klaus, en The Economist: “El estado-providencia, con todas sus providencias de pagos generosas no condicionadas por criterios o por el esfuerzo o los méritos de las personas implicadas, destruye los fundamentos morales del trabajo y el sentimiento de responsabilidad individual”.

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