Trump como hecho. ‘Los que faltan’ no quieren más de lo mismo ni nada que se le parezca

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Seguro que mucha gente en EE.UU. hubiera votado muy a gusto a alguien menos machista y menos xenófobo que Trump, pero no había nadie más ‘de verdad’ a quien votar. Y cuando digo ‘de verdad’, me refiero a alguien que no actúe, que no interprete a un personaje de ficción, que no tome por imbéciles a los votantes, y que, en definitiva, no aparente ser quien no es. Los estadounidenses han preferido apostar por un Torrente real que por una Mary Poppins más falsa que los billetes de seis dólares: por el equivalente a un Albert Rivera mujer. Y la verdad es que no creo que, en el actual contexto, esto sea criticable.

Donald Trump, por desconocido que resulte este hecho fuera de su país gracias a los grandes medios de comunicación corporativos, ha ganado a contracorriente, con un discurso contrario al consenso internacional de las élites. Sus propuestas nacionalistas (y por tanto antiglobalización), proteccionistas e intervencionistas, dan buena medida de la independencia de este personaje incluso dentro de su partido. Ha cargado contra todo y contra todos: OTAN, FED, TTIP y el sursum corda, y con ello, de rebote, aunque sin demasiado fundamento, se ha labrado una imagen paternalista y patriótica de millonario ‘bueno’, una imagen muy ‘fordiana’ más que ‘fordista’ de arquetípico defensor del capitalismo clásico, ese que tanta gente relaciona con el bienestar. Pero sobre todo, ha logrado que se le vea como a un tipo con personalidad. Y lo que ha quedado patente es algo que muchos venimos gritando a los cuatro vientos desde hace bastante tiempo: la gente no es tan gilipollas como algunos suponen, ni tan manipulable. Al contrario, la tendencia (creciente) apunta al rechazo a todo aquello que no resulte auténtico y disociado del establishment. La certidumbre importa mucho más que las propias propuestas o la orientación del mensaje. Si Trump ha ganado o Le Pen sigue creciendo en las encuestas no es tanto por lo que puedan decir, sino porque da la sensación de que creen en lo que dicen, y que lo que dicen parte de un criterio propio. Aunque sea terrible (pero siempre menos terrible que la realidad del actual statu quo).

Aquí ya tuvimos una buena muestra de este comportamiento: en noviembre de 2014 las encuestas daban un 28% de intención de voto (con tendencia alcista) a aquel Podemos que olía a diferencia y originalidad, y a aquel Pablo Iglesias que destilaba personalidad e independencia. Hoy, incluso habiendo unido a IU y otros actores políticos y movimientos sociales no llega al 22% (y estancado cuando no decreciente a pesar de la debacle del PSOE). Durante los últimos dos años, acompañando a su campaña de acoso y derribo, los grandes medios de comunicación han bombardeado a la formación morada con sus recomendaciones de moderación y viraje al centro. Un mensaje que sí ha calado, pues incluso desde dentro del partido hay quien ha apostado por buscar a ‘los que faltan’ en ese espectro del centro que lo es más de percepción que ideológico. Y aún hoy hay quien se pregunta por qué se perdieron un millón de votos por la última parte del camino y muchos más antes de llegar hasta ahí.

Lo de Trump, el Brexit, y tantos otros movimientos nacionalistas en la práctica totalidad de Europa, debería hacer reflexionar a más de uno. Desde las trincheras podemos apostar por ser valientes e ir frontalmente contra el sistema con un mensaje social, o esperar a que también en España emerja un partido o figura populista de derechas.

Llevo suficiente tiempo en esto de la comunicación y en el estudio de la respuesta social a la información como para saber que Trump también hubiera ganado de calle en España, incluso con el voto de personas, si bien no culturalmente de izquierdas, sí con conciencia solidaria. ¿Vamos a seguir arriesgando por presuntuosas convicciones teóricas a que aparezca un Trump a la española, o vamos a coger el toro por los cuernos para ocupar ese espacio antisistema desde una perspectiva humanista?

Nos hacen falta más Cañameros y más Anguitas, y un discurso que, como el de este último, no tema cuestionar, al menos cuestionar, a los entes de dominio al servicio de las élites. Un discurso que ponga sobre la mesa que la UE, El Euro y la OTAN son un cáncer para los Estados sociales y de derecho, y que si no es posible su reforma, habrá que plantearse recuperar la soberanía nacional por más que el concepto de Estado-Nación parezca algo obsoleto.

Así se cavan trincheras, ahora que tanto se habla de esto. Y si alguien está dispuesto a cavarlas, ahí nos encontrará a muchos con la pala presta y dispuesta, porque nos jugamos mucho, por no decir, y más ahora mismo, que nos lo jugamos todo.

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3 Comentarios

  1. “Un discurso que ponga sobre la mesa que la UE, El Euro y la OTAN son un cáncer para los Estados sociales y de derecho, y que si no es posible su reforma, habrá que plantearse recuperar la soberanía nacional por más que el concepto de Estado-Nación parezca algo obsoleto.

    Paco Bello”
    Totalmente de acuerdo con usted, y que he expresado en anteriores comentarios a lo que añadiria el comentario de “Cotilleja Sinremedio” que me parece de una gran logica.

  2. Entre lo malo y lo peor ha vencido el tío xenófobo este joder y por si fuera poco multimillonario con casinos, pero si los peperos y los sociatas le odian a lo mejor es xq no es tan demonio como dicen.

  3. Es muy evidente que ha ganado el anti establishment, pero, sobretodo, el hartazgo de la inmigración desbordada originada por el mismo, inmigración que, en España, con su negativa situación económica, sólo defienden los papanatas apelando a los Derechos Humanos (y esto último, lo he repetido hasta la saciedad en todos mis anteriores comentarios).

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